lunes, 10 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Último y necesario capítulo. Méritos.



Solamente he sido un amanuense. Me ha parecido tan interesante la historia, que he leído con detalle las informaciones que sobre ella han llegado a mis manos y las he resumido para ponerlas a disposición de todas las personas que las desconocían. Relaciono a continuación las fuentes que he manejado, no como en una bibliografía al uso, sino con anotaciones para que cualquiera pueda hacerse una idea de su utilidad. De los autores y autoras que se citan son los méritos.


La primera cuestión es que yo no habría llegado a estas noticias de no haber sido por la transmisión oral de Francisco Robles Hernando, leonés de 91 años que me honra con su amistad. Le he insistido varias veces en que ponga sus experiencias por escrito, pero no hay manera; y no porque no se maneje con la pluma, que habla, -y escribe-, el mismo castellano (“Los salesianos eran duros, pero me enseñaron bien”) de cuando salió de España en el 37, aunque a veces cambie los términos. Por ejemplo, no dice “¡qué recuerdos…!”, sino “¡qué memorias me trae esto!”, que nos sirve igual. Incluso, él que tiene a gala un inglés bastante ortodoxo, me regaña cuando observa que en la calle Uría de Oviedo todas las tiendas se expresan en esa lengua en vez de la propia.

Aunque también es cierto que Paco tardó mucho tiempo en hablarme de su historia; fue necesario que Natalia Benjamín y otros valientes constituyeran The Association for the Basque Children (BCA’37 UK)  Un grupo que fue capaz de localizar a todos los supervivientes y reunirles periódicamente; recopilaron información y documentos que pusieron a buen recaudo en la Universidad de Southampton, el puerto que los recibió hace 80 años. Entre los documentos que vimos en la exposición del 80 aniversario me quedo con esta portada del diario News Chronicle de 24 de mayo, en el que se manifiesta, en las primeras horas de estancia en el campamento, uno de los principales temores de la población infantil: Los aviones. Terror a los aeroplanos, miedo a que pasen bombardeando; un sentimiento que tardarían muchos años en superar. Lo subrayo para ejemplo de quienes no se preocupan por las modernas masacres aéreas en Yugoslavia, Gaza, Libia, Siria…La Humanidad repite periódica y concienzudamente las torturas a la infancia.

La propia universidad editó “Here, look after him. Voices of Basque Children of the Spanish Civil War”, en 2012; un trabajo de Alicia Pozo-Gutiérrez y Padmini Broomfield. Anda ahora la Asociación inmersa en una campaña de captación de fondos, “The future needs you”, porque el futuro solamente se construye firme sobre el hormigón del pasado, la memoria.

A partir del 70, 75, y ahora 80, aniversarios, medios de comunicación del País vasco y del resto del estado se fueron preocupando de transmitir información sobre “los niños”. Hago especial mención a la amiga Ana Gaitero, redactora de Diario de León, que se quedó prendada de la fuerza de Paco y le dedicó varios trabajos, amén de organizar la charla en el Sierra Pambley y la presencia en los medios leoneses de otoño pasado. Ana se tomó la molestia de viajar a Londres en los dos últimos años para ver en su salsa al protagonista.

Leonesa también, con antecedentes en Santiagomillas, La Bañeza y Astorga, es Lala Isla, que ha hecho un magnífico trabajo de recopilación de experiencias de exiliados de todas clases; del 37 y del 57. Les convenció para que pusieran por escrito sus vivencias y de ello salió un magnífico libro, prologado por Paul Preston, y editado por el Ministerio español de trabajo e inmigración, en 2008, cuando ya la crisis empezaba a empujar hacia Europa a otra generación de compatriotas. “Aventuras de la nostalgia”.

Con las experiencias únicamente de los niños y niñas evacuados desde Santurce en mayo de 1937 he usado dos ejemplares, “Recuerdo” de Natalia Benjamín, cuya madre acompañó a los expedicionarios y “Sólo serán tres meses”, de Adrian Bell; que se editó en inglés y luego la Plataforma Editorial publicó en castellano. Un libro apasionante de un profesor universitario que ama España, y sobre ella lo mismo escribe de exiliados, que de la escuela rural de Ávila o de la Vuelta ciclista.

Varias películas en corto y largo metraje nos recuerdan estos hechos. Por ejemplo "Gernika", dirigida por Koldo Serra en 2015 y estrenada al año siguiente. O “The Guernica childrens”, de Steve Bowles, documental en inglés y castellano, premiado en el Reino Unido en 2008, financiado por el gobierno español. “Después vino Rajoy y nos quitó todo. El Rey, el viejo, vino alguna vez a visitarnos; y le dimos la mano, de todas formas, pero el embajador Trillo no nos vino ni a saludar, ¡por rojos!”

Por último, una obra muy importante, que uso cada vez que tengo que acercarme a la guerra que sufrió este país después del golpe militar de Mola, Queipo del Llano y Franco, “ABC. Doble diario de la Guerra civil”. Se dio la curiosa circunstancia de que el diario monárquico fue incautado por los sindicatos de Madrid en cuanto se produjo el alzamiento, mientras que Sevilla quedaba rápidamente en manos de los nacionales y pudo seguir con su línea habitual; confrontar las dos ediciones ha sido una magnífica idea, publicada en fascículos por Editorial Prensa española en 1979.


Ahora, terminada la publicación, me sería muy útil escuchar/leer  tu opinión sobre contenidos, formatos, fotos, ritmos de publicación y cuantos asuntos puedan servir para mejorar trabajos futuros. Se te agradecerá. Por otra parte, no hay ningún inconveniente en que copies, reproduzcas, cites o cuentes lo que quieras de textos y fotos; aquí no hay derechos de autor, sino la necesidad de que este capítulo de nuestra Historia se mantenga en la memoria.

Y en la medida que puedas, colabora con The Assocciation for the UK Basque Children, because the future needs you. For further information visit: www.basquechildren.org.


sábado, 8 de julio de 2017

La luz



Patricia Valley no pudo venir; ya se sabe que una artista tiene compromisos que le llenan la agenda, sin embargo está también comprometida con el Ágora de la Poesía. Se celebraba la edición número 50, no podía faltar su colaboración, así que se lo encomendó a la madre, Charo de la Fuente, que para estar se exige un tremendo esfuerzo personal.
La luz
Que duela
Que arda en las retinas.


Han venido muchas gentes a esta celebración redonda; de Alcalá de Henares; Valladolid, Palencia y Salamanca; de Asturies y Córdoba; de Madrid. León para esto no está solo. El hemiciclo de San Marcos tiene los asientos duros, pero las piedras se cubren de poetas, curiosos y espectadoras el último viernes cada mes, en la estación que fuere; desde el Bernesga, la brisa nocturna obliga hoy a abrigarse, incluso aunque contemos con el chocolate y el bizcocho de los Pinto&Prieto. Los fotógrafos profesionales dejarán constancia gráfica. Cartago, Lomana. El Caminante repartió el número veintinueve de esa formidable cabezonería de letras impresas en papel, Sentimientos invisibles, que en este número cuenta con una colaboración desde la China. Muñiz, Felipe, Cristina, Ana, Felisa; Chus (con muleta, pero con taconazos, que no se diga), Campal…Irene, que vino un día medio de incógnito, con los padres, y ya no falta nunca; hoy ya hay otra chica quitándole el honor de “más joven participante”. El Ágora engancha; sobre todo porque “no tiene puertas ni ventanas, se entra y se sale cuando se quiere…” (Ramiro Pinto, entrevista en Radio Universidad Alcalá de Henares). Como siempre hay gente nueva, abundan las sorpresas por ambos extremos de la banda de edades; hoy todavía se preguntan algunas a quién pertenece el magnífico par de zapatos que MOBT fotografió a todo color. Algunas pistas: es una artista, de familia de artistas, con lazos a ambos lados del Payares; solución en el Ágora nº 51, el viernes 28 de julio, que ya debería permitirnos acudir sin chaqueta.
Como bien sabes yo no soy poeta ni lo quiero ser, pero sí admiro a quienes hacen malabarismos con las letras; tal y como acostumbro traje para leer dos textos en asturiano, de Solinca Turbón en esta ocasión, -langreana con trazas del Barriolpilar-, que cada vez que publica gana premios. Poesía, “Montaña na que furo/ ten piedá desti mineru”, y prosa:
L’amor 
Hai tantes coses que te da el amor y tantes otres que te quita…Primero vienen les miraes, les cites prestoses, les caricies per encima y per embaxo de la ropa, la pasión, eses palabres que tanto respiguen y esos momentos na más pa ti y pa mí. Llueu les coses suelen complicase y lleguen los problemes: les coses de perres, el comese la tiesta col por qué nun me fales o me fales enfadau, la to familia colos sos cantares, el a ónde vas o a ónde dexes de dir, lo que dices y lo que calles… 
Abúltame que son munches coses, ye una suerte que nunca llegara a conocete.

Habíamos llegado corriendo. Antes, a las ocho, que luego era a y media, y terminó siendo a las nueve, habíamos estado en la Casa de la Cultura de Trobajo del Cerecedo el grupo La Luciérnaga representaba teatro negro, que no es de crímenes ni eso, antes al contrario, más bien para público infantil, como yo; pero se juega con la obscuridad de la caja escénica. Aquí abro paréntesis para quitarme el sombrero ante Yolanda Prieto, capaz de mantener la coordinación de un hogar con un Ramiro, dos hijas, dos perros, tres hijos, una novia, y todas las amistades de todos que pasan todos los días por allí. Además trabaja fuera, lee libros, canta en un coro, y dirige esta compañía de voluntariosas mujeres, que hacen los trajes, los decorados, los escenarios y lo que sea menester. Cierro paréntesis, que deberían ser, más bien, signos de admiración. Disfrutamos como los chavales, aunque no nos atrevimos a dar voces como ellos. Antes, entre otras personas, saludamos al Clown, del que hablaremos otro día; le prometí enviar las fotos que le debo.


Cristina, Joaquín, Elisa, Miguel Ángel, Javier, Santos, María, Ramiro y el otro Miguel Ángel

El sábado, Tertulia en La Cantina. Una idea que me pareció interesante desde el primer momento; se trata de ponerse como tarea leer libros gordos, de esos que da pereza empezar. Uno para junio y otro para diciembre. Con seis meses por delante no hay disculpa. En esta ocasión tocaba “Crimen y castigo”, con un suplemento voluntario “El jugador”; Dostoievski andaba mal de dinero, -como casi siempre-, cobró anticipos de dos editores y luego escribió contra el reloj, una novela por las mañanas y la otra por las tardes. La Tertulia da para hablar de Literatura, de Filosofía, de Religión, de Psiquiatría…y para dar buena cuenta de una menestra y un conejo exquisitos (se me hace la boca agua, -asturiano: naguar-, al nombrar al noble lepórido que dio su vida por nosotros)

Siguiendo el ritmo frenético del fin de semana, salimos sin transición hacia San Miguel de Escalada. Aquí otro protagonista ante el que descubrirse, Alfredo García, con capacidad para convencer a patrocinadores, traer autores y atraer público. Nos ilustró sobre uno de los beatos de San Miguel, que se expuso en facsímil; un libro iluminado, "un libro de luz". Unas doscientas personas llenaron el pequeño templo mozárabe de la Ribera del Esla para escuchar música y poesía.


Resonet vox poetae
Acordaos de los poetas
que embellecen con palabras admirables
sus visiones misteriosas
y sus historias de esperanza en todo lo venidero
¡Que suene aquí su voz un año más!


La música a cargo del piano de Marta Muñiz y la voz de la soprano Ana Clara Vera; la lírica fue responsabilidad de Antonio Merayo, Julia Conejo, la propia Marta y Antonio Agudelo. Al final se repartió un pequeño libro con obra de los cuatro; no le habían marcado precio, lo que voluntariamente se aportó como donativo se dedica al mantenimiento del conjunto, templo desacralizado de uso público para eventos culturales. La luz, de nuevo; el sol jugó entre los arcos de herradura del bello edificio.

No faltó tampoco a la mañana siguiente esa luz, en el Monasterio de Santa María de Sandoval. Tiene una historia extensa e intensa, como es de prever, que incluye el levantamiento de los vecinos después de la Desamortización; la familia que compró el edificio quiso vincularlos a él, como en los tiempos de los siervos de la gleba. La unión de la gente común lo evitó. Dejado de la mano de los hombres, precisa el conjunto una intervención para consolidar estructuras constructivas; en lo que se mantiene en pie escuchamos cantar vísperas a la Coral gregoriana del Císter de Sandoval, también a recinto lleno. 

Exortum est in tenebris lumen rectis.
(De las tinieblas sale una luz para los honrados). 

Son los cantores un grupo de entusiastas que lucha por mantener el rico patrimonio leonés y que merece nuestro aplauso. No cobra por esta actuación; la aportación monetaria voluntaria del público se destinó a las víctimas de los bombardeos de Siria. Se puede escuchar a la Coral el primer domingo de cada mes, a la misma hora, en cuanto llega el buen tiempo. Como de costumbre, después del canto de vísperas, Felipe condujo la visita explicada al convento; imprescindible.
Y luego ya nada más. Las amistades de Mansilla tuvieron a bien invitarnos a su compañía y a una paella antológica; luego, un baño en el Esla y regreso a casa en un Alsa considerablemente retrasado. Nuestro agradecimiento a las hospitalarias gentes de León; nos tratan tan bien que no verán la manera de librarse de nosotros.


viernes, 7 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VIII. El niño vasco de Mansilla de las mulas


Bueno, yo no soy vasco, soy de León. Mi padre trabajaba entonces en Altos hornos de Vizcaya, que había gente de muchos sitios; él era de Mansilla de las mulas, la familia de mi madre era de Burgos.

Toda esta historia que os estoy contando no habría sido posible sin Paco. Francisco Robles y Hernando, hijo de Martina y Germiniano, un amable matrimonio que alquilaba su casa de Mansilla a familias asturianas para el veraneo. Paco venía con la suya en época de vacaciones; en las conversaciones que los mayores tenían en el patio, bajo la parra, fui oyendo de niño que había mundos fuera de las fronteras ibéricas. Sin embargo no fue hasta fechas más recientes cuando supe toda la historia de la evacuación.

Estábamos en la parada del autobús y sentimos unas explosiones muy fuertes. ‘¡Guernica, es para la parte de Guernica!” Unas semanas antes habían arrasado Durango. La cosa se ponía fea, el general Mola amenazaba por radio exigiendo la rendición incondicional, las escuadras aéreas de Alemania e Italia dominaban en los cielos. Por fin el gobierno británico hizo caso de las advertencias de Leah Manning, -laborista-, y la condesa de Athold, -conservadora-, y fletó un barco con capacidad para 400 pasajeros que se llenó con 4000; niños, niñas y acompañantes. Nos dijeron que era solamente por tres meses, que la guerra acabaría pronto”. Sin embargo algunos datos apuntaban a que no sería tan sencillo, “Aún recuerdo las lágrimas de mi madre, en mi cara, cuando me despidió”. Paco llevaba a su cargo a su hermana, María Jesús, algo menor que él; el tercero, Pedro Luis, era demasiado pequeño y se quedó.

El viaje fue bastante duro; los nervios, muy mala mar, con todo el pasaje mareado, y el crucero Almirante Cervera amenazando a la flotilla para que regresara a Santurce. La determinación de la marina inglesa lo evitó. La llegada a Southampton fue alegre, con el Ejército de salvación tocando himnos, las calles hasta el campamento de Eastleigh adornadas con banderas y gallardetes. “Estábamos muy orgullosos, porque creíamos que eran para nosotros, pero luego nos enteramos que había sido por la coronación del rey Jorge VI de Inglaterra”.

La población local se volcó con los pequeños expatriados, la destrucción de la villa de Guernica, en absoluto objetivo militar, había tenido repercusión internacional; no colaron los intentos del bando golpista de culpar de la catástrofe a sus propios habitantes. “Venían a vernos los ingleses en bicicleta, y nos traían caramelos, pasteles y muchos bizcochos. Claro, muchos de nosotros cogimos diarrea porque no habíamos comido dulces en mucho tiempo”. Todos recuerdan la vida en el campamento como una época plácida, con algunas dificultades para adaptarse a las comidas, pero encantados con los sándwiches, la leche malteada y el pan blanco, ¡sobre todo el pan blanco! Una niña llenó la maleta para enviárselo a su madre. Paco: “Todas las mañanas nos despertaban con música, tocaban ‘Land of Hope and Glory’, esa que algunos confunden con el himno del Reino Unido; me quedó grabada para siempre”.

Desde Eastleigh fueron redistribuidos en otras colonias y casas. Paco pasó por Ipswich, Wickham, Margate…Algunas familias eligieron la fórmula de la adopción; él y su hermana fueron adoptados por unos granjeros de Birmingham, pero no les fue bien, solamente querían mano de obra barata; cuenta María Jesús: “Por primera vez en mi vida supe lo que era pasar hambre…Su perro comía mejor que yo. Me encargaron cuidarlo; cuando iba a la perrera le quitaba la comida. Hasta que me pillaron”. Salieron de allí por astucia: Paco no contestaba a las cartas del Comité, que sorprendido cursó una visita a la casa; hablando en español, para que no se enterara el propietario, le explicó al inspector que las cosas iban mal. Les sacaron de vuelta para Margate.

Cuando empezó la campaña de repatriaciones su madre le escribió diciendo que ni se les ocurriera volver. El padre, que había combatido por la República, estaba preso y andaba de cárcel en cárcel; ella detrás, en la medida que podía. “Una vecina la avisó, ‘Martina, no vuelvas a tu casa, te la ha quitado un falangista y te esperan para matarte’. Así que fue a acogerse al pueblo burgalés de su familia”. Germiniano fue a parar al penal de Burgos, “Allí destrozó las manos mi madre, lavando en el río, tenía que romper el hielo para lavar. ¿Tú has visto las manos que tiene?” Ciertamente, en mi infancia no había visto unas manos tan destrozadas por la artrosis, con las articulaciones tan monstruosamente hinchadas.

En Inglaterra les tocaría sufrir una vez más el terror de los bombardeos; los nazis aplicaron sobre sus ciudades la capacidad destructiva que habían aprendido en la Guerra de España. En los años cincuenta vuelve a plantearse la posibilidad del retorno; la madre de nuevo dice que no regresen, que sigue la pobreza superlativa. Pero para los varones hay un problema adicional, el Servicio militar: “Un capitán de barco me ofreció la posibilidad de embarcar para trabajar en la línea regular Southampton-Vigo, pero de repente él mismo se dio cuenta del problema, yo tenía edad de hacer la mili, no podría desembarcar en ningún puerto español, me detendrían por prófugo. Tampoco podría estar tranquilo en el buque, porque la Guardia civil entraba en ellos sin respetar la bandera y detenía a quien quería”.

A partir de 1959 el Régimen tuvo que guardar las apariencias para obtener respaldos internacionales y ya los exiliados empezaron a visitar su país regularmente. Sin embargo los modos autoritarios se mantenían; los problemas en consulados y embajadas para gestionar pasaportes y visados eran habituales; cuando llegaban a España  sus familiares les pedían que tuvieran cuidado, que no hablaran demasiado, para la Guardia civil eran sospechosos. Francisco Robles tuvo sus más y sus menos con los funcionarios, para empezar se sorprendía de que su padre, hombre decidido, les tuviera miedo. Su pasaporte inglés y su astucia natural consiguieron dulcificar el trato. “Una cajetilla de tabaco rubio mejoraba el carácter de los guardias; el sargento de Mansilla, de quien me habían contado atrocidades, me trataba bien, en la esperanza de que ayudara a su hija cuando viajara a Londres para estudiar inglés; incluso me pagó una copa de ‘solysombra’ en ‘El Mansillés’. Realmente la hija nunca llegó a ir… O si lo hizo no me llamó.

María Jesús y Paco son ciudadanos ingleses; él con la doble nacionalidad, ella ha vuelto pocas veces, desde que faltan los padres menos. “Es muy inglesa”, dice Paco, que se considera español y sigue manteniendo perfectamente la lengua e imperfectamente algunas costumbres. Ana Gaitero (periodista de raza, dice mi amigo Antón Saavedra), menciona en una de sus crónicas sobre él, cómo en la mesa de la cocina de su casa tiene un mapa de España con el escudo del régimen de los militares; de aquellos viejos de hule. Está quemado, -de posar el cazo sin fijarse, ahora que ya no está María-, pero no se puede cambiar porque hace tiempo que no se fabrican.

María fue su amor; natural de la Línea de la Concepción, el mejor lugar del mundo para ella, había llegado a Inglaterra después del golpe militar, gracias a las relaciones de su padre en el Peñón. Se conocieron bailando en el Centro español. Cuando les fui a visitar en el verano de 2010 hacía dos semanas que la había tenido que internar en una residencia. Demencia senil. Lloraba como un niño “¡¡¡No me reconoce!!!”. Tiene sus cenizas en el salón de casa, con una bombilla exclusiva para ellas. Ahora, solo, recuerda los buenos momentos, los viajes, y reconoce a medias que le tenía malcriado, “me pelaba la fruta y me la daba en trocitos…”


Paco acaba de cumplir noventa y un magníficos años. Esta vez no lo ha celebrado con sus hijas, Elena y Mª Carmen, en Northolt, se ha venido a Alicante con Fernando, el varón, que tiene una agencia inmobiliaria. Cuando hablamos por vídeo-conferencia tiene al lado la botella de coñac, le señalo que sigue con su vicio favorito, solysombra; nos reímos, Aquí no hay sombra; demasiado calor para mí, 41ºC”. Un nieto le ha comentado que vaya pensando dónde se va a celebrar el centenario; le he dicho que espero que me invite.

Este otoño pasado anduvimos juntos por Asturias y León; pasamos unos días en Mansilla. Estuvo encantado de saludar a las viejas amistades o, en su caso, a sus descendientes; no puso reparos a contar sus experiencias en prensa y radio. Con los buenos oficios, una vez más, de Ana Gaitero, se organizó una charla en la Fundación Sierra Pambley, en la que nos acompañó el senador Graciliano Palomo. Estuvo en la Cadena Ser de León, y en las asturianas Radio Langreo y Radio Lena.

El domingo 28 de mayo, celebramos, en el Hotel Meliá White House de Londres, el 80 aniversario de la llegada de “los niños” a Inglaterra. Los supervivientes tienen una energía envidiable. Ninguno pone reparos a la hora de contar su vida, son incluso generosos en los detalles; consideran que es preciso que se recuerde todo lo que pasaron, ése es el sentido de su Asociación, (BCA’ 37 UK, www.basquechildren.org) que ha puesto a buen recaudo los documentos y memorias en la Universidad de Southampton.

Paco: “Yo he visto que en España mucha gente no conoce esto que pasó”. Unos no lo conocen, otros prefieren olvidarlo y algunos quieren ocultarlo, por eso subrayo la frase de Natalia Benjamín, cuando nos dedicó su libro, con mano temblorosa por el Parkinson: esta historia, ‘will be never forgotten’, nunca debe ser olvidada.

Último y necesario capítulo. Méritos.


miércoles, 5 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VII. Fue un regreso triste


El 15 de diciembre de 1939 llegó la fecha de regreso a España. Atravesamos el Canal de la Mancha y recorrimos toda la costa de Francia hasta llegar a Hendaya, donde desembarcamos. Después atravesamos el puente internacional de Irún. Yo creí que se caía el cielo al ver la destrucción y la suciedad que allí había. Pobreza por todas partes. Testimonio de Eduardo López Sanz.

Es el tipo de comentario más habitual; Ángeles Cubas, “Cuando regresamos a Euskal herria, fue un regreso triste; el pueblo había pasado muchas miserias”. Cuando a Tomás Nuñez de Toledo le dijeron que tenía que regresar a España se escapó de la colonia de Langham, donde estaba tan a gusto, con otro compañero; los devolvió la policía. “Por cierto, que no nos castigaron…El regreso fue más triste. Atravesamos el Estrecho de Calais y nos metieron en un tren hasta Hendaya. Al llegar allí y según íbamos pasando todos agrupados por el puente internacional, se subió sobre el pilar de sustentación de la barrera un señor uniformado y con una boina roja, gritando. ¡Viva España! ¡Viva Franco! Y la verdad todos estábamos un poco asustados…nos llevaron al Colegio del Amor Misericordioso de Bilbao, donde nos recogieron nuestros padres”.

Las cosas fueron más difíciles para Celia Elduque, porque sus padres desconocían que la habían repatriado; se habían ido a Madrid y la niña fue internada en un albergue de Auxilio social durante semanas, hasta que el Spanish Aid Committee dio con ellos. Refleja su sentimiento de volver con la guerra perdida, agravado por el trato; dice otra niña: “…pero al llegar a España, ¡Dios mío, qué diferencia! Nos pusieron en lo que parecían camiones para ganado y las chicas (si es que se las podía llamar chicas) que se encargaban de nosotros nos trataron de manera horrible. Acostumbrados como estábamos al trato amable y cariñoso por parte de todos los que nos recibieron en Inglaterra, esas mujeres despertaban miedo y odio entre nosotros en aquel momento”.

El ansia por meter a los niños repatriados en el redil del Régimen desde el primer minuto de su llegada originó situaciones, que aún dentro de la tristeza de la situación, eran risibles, como la que cuenta Fausto Benito, Volvimos a España en enero de 1938. Nada más pasar la frontera de Francia a España, nos dijeron que cantásemos el ‘Cara al sol’, y como no sabíamos nos preguntaron qué sabíamos cantar y empezamos a cantar ‘La Internacional’. Enseguida nos mandaron callar”. Benedicta González explica el choque: “Cuando volví llegamos a Irún y nos dieron la comida en un centro de la Sección femenina; nos trataron bastante mal, ya que nos dijeron que éramos los hijos de los rojos". 

Los niños habían salido de su casa en días de la República, que se había esmerado en el terreno de la enseñanza, con procedimientos cívicos democráticos; fueron recibidos y atendidos con cariño en un país que los trataba con respeto. El primer choque, al regreso, fue material: “Después de unos días me llevaron al País de Gales. La colonia se llamaba Cambria House y estaba en Caerleon. La casa era enorme…las salas eran grandísimas…el patio era enorme y teníamos toda clase de juegos…Los fines de semana venían matrimonios que nos llevaban con ellos…Mi llegada a España fue muy triste. No había más que miseria, se veían perros abandonados, muertos de hambre, por la calle. Nos habían quitado el piso donde vivíamos…” El segundo social, en Inglaterra se les animaba a opinar, consideraban que eran tratados como iguales, pasaron en España de ser ciudadanos a súbditos, y además de tercera clase, porque en su momento sus padres habían cometido el delito de ser fieles al gobierno que habían elegido y no apoyaron a los golpistas. Se sintieron profundamente desgraciados.

La vida aún habría de empeorar. Herminio Martínez se alegra de no haber sido repatriado, habría sido un desastre para su hermano y para él; lo explica con los detalles de la vida cotidiana que otros tuvieron que sufrir: “Mi madre rechazó firmar el formulario de repatriación aunque la visitaron un cura y un oficial que la amenazaron con encarcelamiento y llevarse a los otros niños. Sostuvo que si volvíamos nos moriríamos todos de hambre. A pesar de que su firma fue falsificada para hacernos volver, la intervención en el último momento de la Cruz Roja impidió que regresáramos” Fue teniendo noticia de cómo se desarrollaban las cosas para la familia; por fin en 1960 pudo volver de visita, con un tanto de miedo, porque un amigo en situación similar se había pasado las dos primeras semanas de vacaciones en la cárcel; así que no se extrañó cuando el oficial se llevó su pasaporte. Al rato volvió diciéndole que estaba fichado como exiliado político, “le dije que me había ido del país con siete años y que a esa edad carecía de ideología política”.

Le dejaron pasar con la advertencia de “mucho cuidado”, que luego le repetiría a diario su familia, temerosa de que sus comentarios les trajeran problemas cuando él se fuera.”Me recomendaran que no me metiera en problemas con la Guardia civil, que no cantara las canciones del pasado, que no me fiara de nadie ni me relacionara con nadie que no fuera de la familia”. Exactamente igual que cuando llegó Miguel San Sebastián, “Constantemente nos decían que no fuéramos por tal o cual lugar y que no habláramos delante de la gente en inglés ni pronunciáramos ninguna palabra en euskera”.

El hambre, la destrucción, la sobreexplotación laboral, “sin condiciones de seguridad, como en el lejano Oeste; dos hermanos murieron en accidentes de trabajo”, la falta de libertades y derechos ciudadanos mínimos. No es de extrañar el comentario de Carmen Fdez. Learra, “Cuántas veces dijo mi padre: María, ¿qué hemos hecho con estos hijos? ¿Por qué no los dejaríamos en Inglaterra, con lo bien que vivían allí?


Este capítulo se resume con la experiencia de Flori Díaz Jiménez, que en otro apartado nos contaba con entusiasmo su llegada a casa de Mrs. Manning, la tremenda alegría de pasar de bañarse en un caldero grande a hacerlo en un cuarto de baño espacioso, con jabón y cepillo de dientes. “Recibíamos visitas de ingleses e inglesas que nos llevaban a Londres al cine o a tomar el té…Siempre digo que fueron los días más felices de mi vida…Ahora viene lo peor…me dijeron que tenía que regresar a España…que sólo era para visitar a mis padres y que después podía volver a Inglaterra. ¡Infeliz de mí que me lo creí! Al llegar a España, en la frontera de Irún, nos recibieron unas personas encargadas de hacernos llegar a nuestros respectivos destinos. Su trato fue hostil y su comportamiento fatal”.

Se encontró con familiares muertos, su abuela paterna enloqueció al saber el fallecimiento de un hijo, tuvo que ser internada. “Para mí fue un trauma tan grande que empecé a vivir con tristeza…De mi hermano diré que regresó a España año y medio después; ni él ni yo habíamos sido reclamados por nuestros padres, así que en ambos casos desconocían que habíamos llegado, se enteraron de forma casual. Mi hermano tenía 16 años pero tuvo muy mala suerte porque para conseguir trabajo tenía que afiliarse al Frente de Juventudes, como no quiso se le negó el derecho al trabajo. Tuvo luego que incorporarse al Servicio militar; lo licenciaron por una malformación en un pie. Como en su mente estaba regresar a Inglaterra intentó marcharse, pero lo cogieron en la frontera de Francia y lo acusaron de ser del maquis. Las torturas y vejaciones a las que fue sometido en las comisarías de policía y cárceles le quitaron la vida a los 24 años. A pesar de los años transcurridos no puedo olvidar lo que hicieron a mi hermano y lo que él sufrió”.

Próximo capítulo. El niño vasco de Mansilla de las mulas


viernes, 30 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VI. Las listas


“Santander, 6 de septiembre de 1937. El redactor del periódico ‘Alerta’ ha hablado con monseñor Antoniuti, delegado para la zona liberada. Le dijo que había venido enviado por el Santo Padre para ocuparse personalmente del regreso a España de los niños expatriados por la ferocidad roja. Muchas madres de Santander, Vizcaya y Guipúzcoa se habían acercado pidiendo que sean pronto repatriados sus pequeñuelos”.
Los diarios del bando nacional arreciaban en la campaña, declarando que la situación “estaba normalizada”. La caída de Asturias en octubre significó el hundimiento definitivo del frente norte. Titular de El Universo, “Bilbao quiere a sus niños”. La Gaceta del norte exigía a los padres que firmaran las peticiones de repatriación. El artículo más significativo al respecto está firmado por un tal Stefani; por el contexto, posiblemente pseudónimo: “El periódico católico ‘El Porvenir de Italia’ escribe que la Santa Sede se interesa vivamente cerca de los gobiernos…donde se hizo transportar centenares de niños…en la mayor parte de los casos contra la voluntad de los padres, para obtener que sean devueltos a sus familias. Casi la totalidad de los padres ignoran en qué nación se encuentran sus hijos, ya que estos fueron transportados al extranjero con destinos inciertos y falsa documentación”.
Está publicado en la edición de Sevilla de ABC (nacional). Sin embargo, el propio periódico descubre su mentira, porque unos días después reproduce, a modo de ejemplo, una ficha de evacuación, en la que figuran claramente todos los datos personales, el origen y el destino; lleva pegada la fotografía de la niña. Publica, asimismo, las listas del gobierno vasco, explicando los datos exactos de países y exiliados, “Inglaterra, 4000”. Continúa el artículo, “Resulta que casi todos los gobiernos son favorables a la repatriación…sin embargo, se tropieza con grandes dificultades…sobre todo en ciertos países que exigen que la petición sea formulada y legalizada por los padres de cada niño”.


Ciertamente, era difícil que firmaran la solicitud familiares que habían muerto, estaban en la cárcel, no disponían de medio de vida o habían sido expropiados de sus casas, “…mucho más tarde me contaron que vivían debajo de un puente, en Santander. ¡Debajo de un puente!”. En una rueda de prensa en París, en diciembre, Aguirre, presidente del gobierno vasco, declara que las solicitudes son falsas, y que algunos países las están investigando. Efectivamente, en Inglaterra detectan cartas sospechosamente iguales en redacción, firmas de padre y madre cuando uno está en Francia y otra en España, solicitudes escritas por progenitores analfabetos; y los propios niños avisan al Comité que sus familias les dicen que no regresen, otros descubren rápidamente la patraña, “¿Cómo iban a firmar la solicitud conjuntamente mi padre y mi madre si llevaban varios años separados?”.
Cuenta Adrian Bell que el delegado pontificio, Henry Gabana, se presentó ante las autoridades inglesas con una lista de 855 peticiones de repatriación. El “Comité de niños vascos” desconfía; el prelado, en un rasgo de inocencia, confiesa que la mitad de las solicitudes han sido tramitadas por la Falange; con no menor candidez confiesa que las personas que acompañaron a los niños en su exilio no serán bien recibidas. Es otra cara de la moneda; maestras y jóvenes, que voluntariamente se ofrecieron a hacer menos amarga la estancia de la infancia en país extraño, son consideradas ahora traidoras. “El más feroz delito…criaturas arrancadas del regazo materno, con hipócritas halagos o entre amenazas y blasfemias…Van acompañados de maestrillos envenenadores de almas…invocando a todas horas una Patria que no existe y un Dios en el que no creen, han tomado a estos desgraciados niños y los han entregado a gentes cuyo lema es el olvido de toda belleza, de todo sentimiento noble y de toda la gracia del cielo”.
Los testimonios no dejan lugar a dudas. Carta de una hija a su madre, profesora acompañante: “Las prisiones están llenas de prisioneros que son fusilados diariamente. Si vuelves, corres el peligro de que te encarcelen, porque se te acusa de maltratar a los niños”. Una monja católica cuenta el drama de otra enseñante que no pudo regresar: “A la profesora no la dejaron volver a España. Estaba muy desilusionada y muy, muy herida por no poder volver. Ella dijo que vino sólo por los niños, pero se decía que todos los que habían acompañado a los niños eran comunistas. Se fue a América
Por otra parte, tampoco parece estar claro el futuro de una infancia desprotegida, en una nota de prensa “el Comité considera que el bombardeo de ciudades españolas por parte de las tropas de Franco hace imposible pensar en un retorno…Si los niños fueran devueltos…probablemente acabarían en reformatorios fascistas o en seminarios católicos, en contra de los deseos de sus padres”. No van estas líneas descaminadas en absoluto; con la ampulosidad que tenían los nombres de las instituciones golpistas, se crea una “Delegación extraordinaria de la Comisión de Justicia para la repatriación”, dentro del “Consejo para la protección de la infancia”, que declara: “Hasta el momento han sido entregados a sus padres todos los niños repatriados, menos uno, que se disputan la Junta de Vizcaya y monseñor Antoniuti; pero la Delegación no reintegrará la patria potestad a los niños que lleguen a España cuando necesiten un tratamiento terapéutico adecuado, una reeducación o haya pruebas evidentes de que el ambiente en que van a vivir pueda corromperlos”.
El Comité no dio por buenas las listas del pontificio Gabana y realizó sus propias investigaciones; incluso envió clandestinamente a Bilbao a Ronald Thacktah, que no tuvo mucho tiempo de informarse; en todo caso, sobre diez familias visitadas, “en todos los casos excepto uno me dijeron que no querían que sus hijos volvieran, porque la policía les había obligado a reclamarlos”.

Las devoluciones se ralentizaron todo lo posible, pero hay que tener en cuenta que algunos chavales sí querían volver a casa, por diferentes razones, y que el dinero, -siempre procedente de particulares-, para su manutención se terminaba. Para recaudar fondos tuvieron que montar pequeñas iniciativas de fabricación de mermelada, cestas y otras manualidades; organizar actuaciones de canciones populares, bailes y teatro. Al mismo tiempo las presiones aumentaban de grado. El Duque de Alba, que consiguió de Franco una cómoda plaza de embajador en Londres, organizó el “Comité por la repatriación de los niños españoles”, el Vaticano siguió presionando, los periódicos del bando "nacional", la iglesia católica británica y la propia prensa conservadora del Reino Unido multiplicaron esfuerzos ante el Ministerio de Asuntos Exteriores, que decide tomar en consideración el asunto de los niños retornables (sic).
Las coacciones alcanzaron métodos incalificables, el arzobispo Hidnsley bendijo la Cruzada de Franco, en una guerra entre Cristo y Anticristo; el Catholic Times tituló “Los niños vascos son terroristas”. Afectaron también a las personas que se habían comprometido con la causa de la infancia; la duquesa de Atholl había sido pilar fundamental en la evacuación desde Santurce y en el sostenimiento de las colonias, contra la opinión de una buena parte del Partido Conservador. Fue bautizada por sus compañeros como “la duquesa roja” y finalmente expulsada del partido. En octubre de 1938 dimitió de su escaño para volver a presentarse como independiente; derrotada por escaso margen, recibió la siguiente nota de un terrateniente, antiguo camarada: “Estoy encantado de que se haya quedado fuera…”
Asuntos Exteriores amenazó con que los niños que se quedaran en el Reino Unido sin justificación clara pasarían a depender del Ministerio de Interior; o sea que, de grado o por fuerza, empezaron las repatriaciones. Benedicta González no fue inscrita entre las primeras, tenía ganas de regresar, pero la hizo dudar el cónsul, “Me dijo que en pocos días salía otro grupo en el cuál estaba yo, pero me dijo que con la edad que tenía (próxima a los 17) podía quedarme en Escocia, que España estaba muy mal y la postguerra sería mala…Por una parte me gustaba el país…por otra me acordaba de casa, de mis padres…”
Cuando llegaron, el choque fue terrible. Desde la misma raya. Carlos Asensio, “Al cruzar la frontera en Irún, un soldado con su fusil al hombro me dijo: ‘¡Ay chaval, qué putas las vas a pasar aquí!’ Y qué razón tuvo

Próximo capítulo. Fue un regreso triste.



miércoles, 28 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo V. No vuelvas



Luego, ya mayor, comentaba que no se lo podía tener en cuenta a su madre, pero la carta era muy dura: “No vuelvas. Serás una carga para mí”. Con mensaje tan escueto, tan frío, quería la buena mujer que el niño desechara cualquier idea de regresar. Las cartas que salían de la España de Franco podían ser censuradas, de modo que otra madre se dirigía a su hija en tercera persona y le mandaba mensajes encriptados: “Estamos encantados de saber que vas a volver, díselo a María Teresa; dile que en caso de que vuelva no podrá permanecer aquí por mucho tiempo. Ahora somos muy pobres, no tenemos nada. Si ella vuelve, tendrá que irse a vivir con su abuela”. Dice María Teresa, “mi abuela llevaba veinte años muerta; era una forma de aviso”.
El asunto del regreso se planteó inmediatamente. Una parte de la sociedad inglesa no quería allí a los niños; los católicos, que en un principio habían decidido participar en el Comité, enseguida empezaron a hacer campaña por la repatriación, “haciéndole el trabajo a Franco”, que desde el primer momento había hablado de “niños arrancados de los brazos de sus padres”. La propaganda nacional era de este calibre: ABC (edición Sevilla) “Salamanca, 8 En un campo cerca de Southhampton donde se hallan concentrados cuatrocientos niños vascos, se ha declarado una epidemia de tifus, habiéndose producido ya seis muertos. Por esta razón se ha mandado que estos niños no sean distribuidos a las familias inglesas que los esperaban”.
El tifus era en nuestro país en 1937 una enfermedad letal, cuyo contagio se temía. Es fácil de calcular el impacto de esta clase noticias. Sin embargo los hechos eran bien diferentes. Los fondos recaudados para una estancia corta empezaron a agotarse, así que el Comité hizo un llamamiento de acogida y apadrinamiento que fue rápidamente secundado por la población. Gentes de todo tipo y condición ofrecieron sus hogares o su colaboración económica. La familia Cadbury, dueña de una importante empresa de chocolates, los Clark, propietarios de una firma prestigiosa de zapatos, los fabricantes de whisky Haig, los dueños de los automóviles Morris, los mineros galeses, la población llana de Escocia, la familia propietaria de mantas Witney…Alfonso Ruiz, “Temo que vayan a separarnos, pero corremos la suerte de salir juntos, patrocinados por la marquesa Lady Cecilia Roberts, que adopta 40 niños y 40 niñas”.
Salir del campamento, de las tiendas de campaña, a casas de verdad, algunas incluso lujosas, significa un cambio espectacular. Vivir casi en familia vuelve a originar extrañeza entre las diferentes costumbres, Flori Díaz: “No me acuerdo de cuándo me llevaron a la colonia de Mrs. Manning, pero aquello fue como un cuento de hadas. En mi casa nos bañábamos en un balde grande; cuando llegué nos enseñaron un cuarto de baño con toallas y bolsitas para cada uno conteniendo jabón, cepillo de dientes, pasta dentífrica y colonia”. Aunque en la comparación no siempre sale España malparada; una parte importante de los niños viene de Bilbao, una ciudad industrial, los que van a parar a zonas agrícolas se sorprenden de que los ingleses todavía se alumbren con gas, cuando para ellos la luz eléctrica era lo habitual; ya conocían el teléfono de marcación automática, y cuando les fueron a enseñar el mecanismo del Puente de Londres, que se alzaba para permitir el paso de barcos, dijeron con tranquilidad “que, como aquél, había por lo menos tres en Bilbao”.


La infancia y la adolescencia son, por naturaleza, inquietas; en la situación de los expatriados más. Se produjeron pequeños incidentes, sin ninguna gravedad, pero que menoscabaron las relaciones con algunas franjas de la población. Niños ruidosos en el cine, “el acomodador nada más vernos decía ¡Silencio!, en español, y con ese nombre se quedó”, que como aquí, “una vez fuimos a robar manzanas al jardín de al lado”, o cazaban conejos a lazo en tiempo de veda. “Una vez vino el tendero para quejarse que alguien le había robado unos caramelos: por fin tres chicos confesaron haberlo hecho. Se tienen que dar cuenta que hacía mucho tiempo que no habíamos visto caramelos”. Carmen Uribarri, “Como niñas que eramos también hacíamos alguna otra travesura; junto a la colonia había un huerto tapiado, y dentro unos árboles frutales, no sé por qué hueco nos adentrábamos, pero cogíamos manzanas e higos. El jardinero era un señor de poca estatura y regordete y le llamábamos ‘Barriguita”. Valentín Sagasti: “De vez en cuando invadíamos los campos vecinos y robábamos patatas, que asábamos al aire libre en el fuego. Otras veces tostábamos el pan que encontrábamos. ¡Cuánto nos ilusionaba este botín! Algunos chicos perseguían gallinas y de la misma manera, nos perseguían a nosotros”.
Pequeños incidentes, en absoluto para llevarlos por lo penal, pero insoportables para cierta clase de población. Para la prensa de derechas pasaron rápidamente de ser “esos pequeños gamberros” a “un atajo de bestias salvajes”, Scalborough Evening News. A esas voces se unieron las de la prensa del gobierno de Burgos, su embajador en el Reino Unido, Duque de Alba, el representante del Papa ante Franco, Antoniuti, y el agente vaticano en Londres, Henry Gabana, que se presentó con una lista de casi 900 solicitudes de repatriación.

El asunto llegó al máximo nivel, José María Armolea: “En el Parlamento se planteó la cuestión de los chicos ‘rojos’ y muchos parlamentarios querían que nos mandaran de vuelta a España. La gente de Carmarthen había oído hablar de nosotros y vinieron en autocares para ver lo que podían hacer para ayudarnos”. El propio periódico local, Carmarthen Journal, ofrecía su comprensión, “En su país han sufrido muy de cerca la crueldad de una despiadada guerra. No es sorprendente, pues, que algunos de estos niños hayan perdido un poco el sentido de la disciplina en estos tiempos anárquicos que vivimos, si además tenemos en cuenta que muchos de ellos tienen a sus padres luchando en el frente y sus casas probablemente hayan sido destruidas”.
Pero también por parte de los pequeños exiliados había ganas de volver a estar con su familia; cuenta Vicente Cañada cómo miraban desde la playa de Dymchurch, creían ver Francia, y soñaban con reparar una vieja barca destrozada para regresar a casa. Algún nuevo incidente agravó las cosas, como un caso en que estaba un grupo de niños admirando un automóvil y el dueño los echó a patadas; se juntaron más y fueron a exigirle explicaciones. Pasaron entonces ya definitivamente a la categoría de “pequeños terroristas”, la prensa conservadora habló de miedo a salir de casa y ya tituló directamente, “¡Que se vayan!”

Próximo capítulo. Las listas.


lunes, 19 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo IV. Una nueva vida.


“El domingo 22 de mayo el Habana llegó a Southampton. ¡Qué cantidad de gente! Nos dieron dulces y helados. El Salvation Army tocaba música: el ver esas señoras con esos sombreros que llevaban y los autobuses de dos pisos nos hizo reír mucho y nos dimos cuenta de que la vida era distinta en este país. Nos llevaron al campamento de Eastleigh y cuando vimos las tiendas todos dijimos ‘¡indios!’ Nunca habíamos visto tiendas y menos dormir en ellas.”

El recuerdo de Mº del Carmen Antolín Pintado refleja claramente la sorpresa ante unas costumbres diferentes; el proceso de adaptación no iba a ser sencillo. La primera barrera fue el idioma, lógicamente; ni refugiados ni anfitriones manejaban el habla del otro. Paco Robles me contaba que no quería aprender inglés; le resultaba complicada una lengua que, -todavía lo repite hoy- se escribe de una manera y se pronuncia de otra; además “¿para qué iba a aprenderlo si íbamos a estar aquí sólo por tres meses?” Sin embargo, cuando se dieron cuenta de que no había otra, se aplicaron al estudio con ahínco. “De todas formas tuve mucho interés en aprender el idioma con un amigo, Pedro Encinas; salí yo primero en inglés y él segundo. Como regalo nos llevaron una semana de vacaciones a Londres” Una maestra le obsequió con un diccionario por su aplicación, con dedicatoria, que aún conserva; lo tiene bien a mano en casa y me lo enseña con orgullo.


Es el mismo caso de otra Mari Carmen. Para empezar le suprimieron el nombre compuesto, quedó simplemente en María, más sencillo, aunque al pequeñín de su familia de adopción le encantaba recitarlo completo, ¡María del Carmen Andrés Elorriaga! Tuvo muchas dificultades de adaptación, tantas que tardó en dejar de mojar la cama; sin embargo en cuanto se sintió más segura se esmeró en el estudio: “Cuando llegó el final de curso, María era la primera de la clase en inglés y recibió un libro como premio…Al cumplir los catorce años María terminó el colegio. Su profesora estaba encantada con su progreso, no sólo había acabado siendo la primera de la clase, sino de la escuela”. Esa ansia de aprender hacía que Benedicta González echara pestes de la maestra española que acompañó a su grupo, “porque se ocupó solamente de sus hijas, que llevó con ella”. Al final se quejaba de que la guerra le había hecho perder tres años de estudios. Uno de los mejores métodos de aprendizaje del idioma fue compartir la vida con las familias que les ayudaban. Iban a buscarles al campamento, les sacaban de paseo, les llevaban a conocer Londres, iban al cine, donde se dieron cuenta de que les costaba más trabajo entender a los actores americanos; o les invitaban a merendar. Alfredo Ruiz: “La gente era muy amable e invitaron a los niños a sus casas a comer. Fue así como aprendimos el inglés”

En cualquier caso, hubo un punto de inflexión en el proceso, un hecho terrible que hizo a los niños darse cuenta de repente de que su estancia no era una aventurilla de tres meses: La caída de Bilbao en manos de los golpistas. José María Armolea: “Pero el día más negro de todos…fue cuando nos dieron la noticia de la caída de Bilbao en manos de Franco y de los militares rebeldes…nos pusimos como locos de ansiedad al ver nuestro mundo desbaratarse. Los chicos de más edad salieron del campamento y se fueron hacia el puerto para subirse a un barco, ir en busca de sus padres y luchar contra los rebeldes. Muchos voluntarios y policía tuvieron que rastrear la zona para traerlos de vuelta”. María Dolores Banjuán: “El 19 de junio de 1937 los altavoces del campo pidieron nuestra atención para la siguiente noticia: ‘Bilbao acaba de caer en manos de los rebeldes’ El desespero general fue patético. Para nosotros España era Bilbao, el mundo era Bilbao. Nuestro barrio, nuestra escuela, nuestra familia, toda nuestra vida era Bilbao. Allí estaban nuestros padres. ¿Por qué dejar algo en pie si para nosotros el mundo estaba en ruinas? Varios grupos empezaron a destruir todo lo que veían por delante movidos por la rabia…”


La paciencia y el cariño de profesorado y cuidadores hicieron retornar la calma. Por otra parte  empezaba a desmantelarse el campamento para repartir a los chicos por otras colonias, casas o familias. Los llamamientos para el apadrinamiento habían dado buenos resultados; desde el panadero local que ofreció el regalo de cincuenta barras diarias hasta las grandes fortunas que ponían a disposición del Comité mansiones con gran capacidad de alojamiento, pasando por las familias trabajadoras, tanto de Inglaterra como de Gales o Escocia. El inglés de los “niños” no sólo se consolidó, cogió un fuerte acento local.

Los recuerdos van desgranando las diferencias culturales. Extrañan, por ejemplo, las comidas; hay cosas que no les gustan, pero hay unanimidad en el aprecio a los sándwiches y todos recuerdan con tal fuerza el sabor de la leche malteada que repiten hasta la marca, Horlicks. Les sorprende el comportamiento en la mesa, vienen a decir que parece que los niños ingleses no hablaran a la hora de comer “como nosotros”. Pero un choque radical es el del trato con los animales.”Nos enseñaron a querer a los pájaros y no hacerles daño” (Rafael Flores). Ernesto Grijalbo agradecía que no le hubiese denunciado el guardabosques por cazar conejos en época de veda, “consideraron que era una travesura de niños, pero no comimos más conejos, ¡con lo buenos que estaban!” Pablo Valtierra: “Recuerdo que en España nosotros nos comíamos los pajaritos, pero lo yo que observé era que los ingleses los respetaban mucho” La diferencia fue más notable para los que regresaron, así lo recuerda Isabel Fernández: “Mi llegada a España fue muy triste. No había más que miseria, se veía a los perros abandonados, muertos de hambre por la calle. Me causó mucha impresión, acostumbrada en Inglaterra a ver a los animales domésticos muy bien cuidados por sus dueños”. Difícilmente comían las personas, como para que hubiera para los perros.

Próximo capítulo: ¡No vuelvas!