sábado, 8 de diciembre de 2012

Nos vigilan



Se pueden ver cámaras por todas partes. Te graban en el supermercado mientras compras, en la gasolinera al llenar el depósito, cuando sacas dinero en el cajero; el ayuntamiento en las calles, la matrícula en el aparcamiento, los de las autopistas, y ahora en discotecas, bares y restaurantes. No hay momento de tu vida en el que alguien no deje constancia gráfica; de ahí a salir en todos los ordenadores del mundo sólo hay un pequeño paso.
Reconozco que me he partido de risa un par de veces oyendo la grabación de una llamada telefónica: un joven, con síntomas evidentes de haber empinado el codo desproporcionadamente, llamaba desesperado desde un aparcamiento porque no encontraba el coche. El diálogo era verdaderamente hilarante, pero se te hiela el gesto cuando caes en la cuenta de dónde ha salido la grabación: la centralita de la Policía Local de Gijón. Recientemente un periódico nacional ha publicado la fotografía del sinvergüenza de Díaz Ferrán en el juzgado; no es una foto de un hábil profesional, está copiada del disco en el que se graban oficialmente los testimonios. En el desgraciado asunto del Madrid Arena, gracias a las cámaras de los pasillos casi vemos en directo las agonías de las víctimas.
Estas observaciones no tienen solamente que ver con la importancia de preservar la vida privada, cualesquiera de estas películas son susceptibles de ser usadas en tu contra; en una demanda laboral, por ejemplo. Pongo por caso a un jefe de obras que no es particularmente listo y ha salido en la prensa fotografiado  en horas de trabajo en dos inauguraciones de bares; si no tuviera la suerte de trabajar para un ayuntamiento ya estaría despedido. O, a nivel doméstico, puede alguien hacer pública tu estancia en un bar de copas haciendo carantoñas a una amistad, lo que quizá no haga gracia a tu pareja, máxime si tiene tendencia a los celos…
¿Crees que exagero? Al contrario, me quedo corto; echa una ojeada a tu alrededor, verás que el peligro no solamente está en el móvil del gracioso de la pandilla. En ocasiones, las menos, te advierten de que te están grabando, como el Ayuntamiento de Oviedo, ante la sede de la Junta General del Principado, donde tienen parada obligatoria todas las manifestaciones; o ponen un letrero amarillo normalizado en el que se indica que, de acuerdo con la Ley de Protección de Datos 15/1999 puedes ejercitar tus derechos ante (aquí viene el nombre de la empresa responsable).

Pero son éstas excepciones, lo normal es que no te advierta el de la mueblería de que está filmando a todas las personas que pasean por su calle; ni la oficina de los taxis, pese a que al lado están los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Langreo, tan justamente cuidadosos con la intimidad de sus beneficiarios. Ni en la sidrería, hoy día ya casi en todas; por ejemplo en La Aldea tienen dos cámaras, a derecha e izquierda, una para la sala y la otra para la barra; de modo que no solamente vigilan a los clientes, sino que controlan si los camareros ingresan el dinero en la caja. Las cocineras que denunciaron a La Dársena por trato inhumano aseguran que las grababan en el vestuario.

 
 
Las naves industriales de los polígonos parecen un estudio de televisión en pleno rodaje de exteriores; veamos, por ejemplo, Valnalón, donde incluso los entes oficiales se saltan a la torera la Ley. En sus oficinas centrales habitualmente las personas responsables son escrupulosas con la normativa; hay un cartelito a la puerta advirtiendo de la vigilancia electrónica; tú piensas que es adentro, pero no señor, es en el perímetro. Eso sí, los modelos de cámara son más finos y elegantes.

 
 
 
El Corte Inglés, sección Informática, como es muy importante, protege sus instalaciones con cinco hermosas cámaras, cinco
El colmo de la estupidez se observa en esta foto, tomada en el camino de Lada a El Meriñán: la chabola protegida de asaltos.
 
Hay demasiados objetivos pendientes de nosotros; por lo que se ve somos altamente sospechosos. O, puntualiza atinadamente el refranero, cree el ladrón que todos son de su condición.
(Nota final: En ninguno de los establecimientos en los que se han tomado estas imágenes hay aviso de que se está grabando. No tengo constancia de que esta actividad sea controlada por las autoridades competentes. Estas grabaciones en manos irresponsables pueden causar mucho daño a las personas)

viernes, 30 de noviembre de 2012

Lévy, 1948 y la obscenidad


Se presenta a sí mismo como filósofo, posiblemente gane unos euros escribiendo en periódicos que solemos tener por serios, sin embargo emprende cruzadas ampliamente sospechosas. Hasta no hace mucho defendió con quijotesco ardor la causa de aquel jefazo del Fondo Monetario Internacional que en su tiempo libre quería holgar con una camarera de hotel en New York; dejó quieta la pluma después de que en la propia Francia el mismo personaje fuera acusado de dos violaciones y de participar en orgías con prostitutas, empresarios y otras gentes de dudosa fama.

Bernard Henri Lévy vuelve ahora a otro de sus temas recurrentes: la defensa de la política oficial del Estado de Israel contra los pérfidos palestinos; “Obscenidad”, titula su artículo en El País y empieza firme: Pongamos los puntos sobre las íes; a partir de ahí empieza a contar la historia desde el punto de vista de los buenos: En 2005, a iniciativa de Ariel Sharon, el Tsahal (Ejército israelí) evacuó Gaza unilateralmente y sin condiciones.
Como los del Barrio somos un poco paletos y bastante puñeteros se nos ocurren preguntan tontas, ¿qué hacían allí?; por lo poco sabemos que la ONU se había pronunciado repetidas veces contra la ocupación militar y contra los asentamientos ilegales de colonos judíos; sobre terrenos robados, subrayo. Continúa argumentando: La gente que lo administra…no tiene con el antiguo ocupante, ni por asomo, un contencioso territorial como el que tenía, por ejemplo, la OLP de Yasir Arafat. Esta misma argumentación, y no es casual, la hace otro Sharon, Gilad, hijo,-los apellidos se cruzarán varias veces en la actual historia hebrea-, que gritaba desde las páginas de The Jerusalem Post: hay que arrasar a todo el vecindario de Gaza, para luego poner como ejemplo pacificador las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, ¡amistades que tiene el filósofo!. Sin embargo no se ponen de acuerdo sobre la legalidad de Hamas, el Sr. Lévy la niega, el Sr. Sharon la reconoce, justo para usarla como prueba de cargo contra la población gazatí: no pueden ser víctimas inocentes puesto que votaron a una organización terrorista. Igual que si ahora Rajoy manda volver a incendiar San Sebastián porque ha salido elegido un alcalde de Bildu (Bueno, mejor no doy ideas).

En el borrador del artículo había escrito unos breves apuntes sobre los últimos sesenta y cinco años en Oriente Medio, pero es preferible dejar hablar a los protagonistas. Yoram Kaniuk es un escritor hebreo que se ha hecho famoso por varias originalidades, una de ellas fue su victoria contra la política teocrática al conseguir que le retiraran la religión del carné de identidad. En 1948 fue soldado, herido gravemente por defender la causa judía contra los árabes, pero es capaz, al día de hoy, de pensar en el enemigo. Aquella guerra, la del 48, fue muy dura para los israelíes, pero terminó en victoria. Para los palestinos fue la Nakba o el desastre. Unos 800.000 palestinos tuvieron que huir, escribe Ana Carbajosa, que habla del libro de Kaniuk. A punta de fusil los sacaron de sus tierras, de su hogar; los mismos que habían sufrido el horror de los campos nazis de exterminio expoliaban ahora violentamente a otros seres humanos. Yoram asegura que vomitó ante lo que veía: Aquél fue el inicio de la tragedia. Los supervivientes del Holocausto echaron a los árabes de sus casas.
 Más paralelismos dramáticos: La semana pasada, igual que sucediera hace cuatro años, casualmente en época pre-electoral aunque el filósofo Lévy no quiera verlo, un Netanyahu (Regalo de Dios, significa), nieto de rabino, hermano de héroe caído, hijo de militante sionista, ordenaba bombardear Gaza. Su padre, Benzion, había cambiado en su momento la política por la historia, publicó trabajos sobre los sufrimientos del pueblo judío a manos de la Inquisición; particularmente conocida es la polémica que originó su tesis central en “Los marranos españoles según las fuentes hebreas”.
El término marranos, entre nosotros despectivo, procede del hebreo maramusim (en singular mumaramus), conversos forzados. Explicaba Benzion Netanyahu que, obligados por la monarquía a convertirse, no mantuvieron su fe, sino que se adaptaron al cristianismo y ocuparon importantes cargos políticos, financieros e eclesiásticos. Debatió el asunto, al parecer en términos muy duros con Sánchez Albornoz; remató una de sus polémicas con la siguiente frase: …mas no hay que callar la verdad como la vemos, si queremos que la erudición apoye ideas auténticas de nuestro pasado y nos sirva de último refugio frente a los prejuicios que infestan la mente humana.
Bernard-Henri Lévy se dice filósofo, de esa elegante y culta escuela francesa, debería ser amante de la erudición y de la verdad; los datos son significativos, esta última escaramuza en la bloqueada por tierra, mar y aire Franja de Gaza, arroja el siguiente marcador: Israel, 5 muertos-Palestina, 164, en un cálculo escaso al que se deben añadir para este bando 1000 heridos y 200 detenidos por entrada de soldados hebreos en terreno ajeno; entre los presos hay 5 diputados de Hamas. Uso las propias palabras del filósofo: Ante este espectáculo de cinismo y mala fe…ante la inversión de valores que transforma al agresor en agredido y al terrorista en resistente…sólo cabe una palabra: obscenidad.

martes, 20 de noviembre de 2012

Lo proclaman abiertamente

Me alertó mi amiga Aitana, una periodista de raza que me enseña muchas cosas. Ella lo trajo desde una edición digital de NY Times; yo, en mi manía, seguí al historiador, Ite ad fontes, y abrí The Jerusalem Post. Allí estaba escrito con todas las letras: ¡Arrasar por entero el vecindario de Gaza, arrasar toda Gaza!
Y no lo dice una persona cualquiera, o una iracunda víctima de un cohete, lo dice, seguramente sentado en un despacho, con la tranquilidad del que mide sus palabras, Gilad Sharon, hijo del famoso Ariel, miembro significativo de la casta política israelí. El artículo se titula "Es necesaria una conclusión definitiva" y empieza diciendo que no hay término medio; una de dos, o se hace pagar a los "gazanos" y sus infraestructuras o "reocupamos la Franja de Gaza". Va desarrollando sus argumentaciones (falaces) y suelta, -copio por si mi inglés me hace equivocarme: We need to flatten entire neighborhoods in Gaza. Flatten all of Gaza.
Y luego sigue con la solución de las soluciones: The Americans didn’t stop with Hiroshima – the Japanese weren’t surrendering fast enough, so they hit Nagasaki, too. Perdonadme, pero no puedo repetir estas palabras en mi idioma; la vergüenza de pertenecer a la especie humana me lo impide.
PD.: Afortunadamente algunos de los comentarios que siguen al artículo demuestran que hay lectores judíos que piensan. (No confundas poder con violencia...¿Nos estás proponiendo la "solución final"?...)

Amigarse

Es una bonita palabra. La tenía olvidada en mi diccionario particular; se remonta a la más perdida infancia, cuando los amigos del Barrio discutíamos por cualquier tontería y con la misma facilidad nos reconciliábamos.
Después ya no me pareció nadie los suficientemente importante como para enfadarme; cuando me encontraba un personaje particularmente tóxico lo tachaba de la lista y tan amigos.
Pero ahora estoy de regreso, mi tiempo es mío y no de la multinacional que me pagaba; puedo por ende invertirlo en quien quiera (obsérvese que, con buen criterio empresarial, distingo "gasto" de "inversión"). Estoy recuperando viejas amistades, incluso entre las personas que  figuraban tachadas en la lista, sólo que mi capacidad de amar es limitada, humanamente corta, y debo enviar al ostracismo a casi tantos como recupero. Para ello establezco una clasificación, -en términos de comentarista económico "ranking"-, según su índice de toxicidad, ¡si vieras con qué rapidez se llena!
Haré un esfuerzo por restablecer la relación con tantas personas honradas a quienes los mercados apartaron de mí, esas que sí son realmente personas "humanas". Quiero amigarme.
(Agradezco que me haya devuelto esta palabra a Jorge Fernández Díaz, escritor argentino a quien no conozco, hijo de una asturiana que fue enviada a la emigración, sola, a los quince años. Parece ser que lo cuenta en Mamá)

domingo, 18 de noviembre de 2012

Plantar cara a la infamia

Ya tienen dos denuncias ante la Inspección de Trabajo y dos demandas en los Tribunales de lo Social; al parecer no es suficiente para convencerles de que se ajusten a la Ley, de modo que ayer sábado un centenar de personas, pese a ese mal tiempo de los puertos marítimos del norte, con lluvia y viento racheado que te calan, nos concentramos, negros y blancos sujetando la pancarta, ante el desgraciado establecimiento.
Se leyó este comunicado y quedamos para volver a juntarnos siempre que haga falta:

"Es bueno preocuparse por Arcelor o por Suzuki; el cierre de una fábrica genera más huecos en el maltrecho tejido industrial asturiano. Los sindicatos, la patronal, los concejales, el Principado manifiestan su pesar. Pero, ¿quién se preocupa de los centenares de pequeños Suzukys que suceden cada día?, de las personas empleadas en pequeños negocios que se están siendo vapuleadas diariamente.
 
Vamos a hablar de un ejemplo demasiado frecuente. En este Gijón que quiere ser turístico, el de les letrones, el de la sal, los trabajadores de hostelería no solamente trabajan sin contratos y sin asegurar, sino que muchas veces ni cobran. Y si tienen la mala suerte de carecer de la nacionalidad, de tener un color de piel un poco más oscuro, pueden sufrir insultos y vejaciones propios de otros siglos.
Los inmigrantes han recorrido miles de kilómetros en muy penosas condiciones para venir a ganarse el pan entre nosotros. No tienen dinero para pagar la cuota sindical, no pueden permitirse contratar abogados y la Inspección de Trabajo los ve como un incordio; están aún en peores condiciones para defenderse de aquellos que usan la crisis como disculpa para engañarnos.
Los empresarios de hostelería quieren mejorar su imagen, se preocupan de la Q de calidad o regalan garbanzos al Banco de Alimentos, que ahora está de moda (por cierto multiplicad 400 Kgs. por el precio en el supermercado y veréis la miseria que con la que han contribuido entre todos los hosteleros de Asturies). Pero la mejor operación de imagen es que traten correctamente a sus trabajadores, que echen de entre ellos a los desalmados explotadores y racistas que, como Luis Adolfo Peláez Díaz y Pilar Peláez Díaz, propietarios de Sidrería La Dársena, basan la rentabilidad de su negocio en no cumplir con las obligaciones sociales, en  no pagar a las empleadas y en mantenerlas en situación de semiesclavitud.
Pregonan a los cuatro vientos estos de La Dársena que “ellos tienen mucho peso en Gijón”. Nosotros vamos a demostrarles que los trabajadores inmigrantes no están solos, que igual no tienen amigos de relumbrón, pero sí las mejores amistades, las de personas currantes orgullosas y solidarias. Por eso para exigir que paguen lo que deben y conozcan con nuestra presencia,-ellos y todos los hosteleros de Gijón-, que no vamos a consentir abusos, que la crisis no será su disculpa para pisar a los débiles, realizamos hoy esta concentración ante el establecimiento. Sería bueno que no hicieran falta más, pero posiblemente sí nos den motivos, de modo que os convocaremos cuantas veces haya menester.
No puedo terminar esta nota sin hacer referencia a otro doloroso acontecimiento, a muchas millas de aquí, pero con el mismo contenido de explotación y racismo: Netanyahu hace precampaña electoral masacrando palestinos; ayer 30, casi todos civiles. No lo consintamos
Por la Justicia
Por la Dignidad de todos los seres humanos

Quejémonos de todas las Gaza que en el mundo son
No consumáis en La Dársena, la sidrería explotadora y racista."


jueves, 15 de noviembre de 2012

Perseverar en la infamia



Mi madre también trabajó en La Dársena; no aguantó más que un verano. Veníamos de la Argentina, hace diez años, no sabíamos nada de contratos, ni  de Seguridad Social, así que nos engañaron bien…

Luis Adolfo y Pilar Peláez Díaz, hermanos y residentes en Gijón quieren reírse del mundo. No respetan a sus trabajadoras, ni a la Inspección de Trabajo, ni a su propio representante legal, que, desesperado, ha reconocido que le engañan y no le aportan la documentación necesaria para resolver el conflicto. La demanda ante el Tribunal de lo Social ha sido presentada, sin embargo hay que subrayar aquí otro aspecto en que la legislación no ayuda al débil: En los casos de Civil o Penal la parte que resulta condenada debe pagar todos los gastos del proceso, incluyendo los de la defensa de quien ganara; en lo Social, salvo casos espectacularmente graves, incluso ganando el trabajador corre con sus costas.
 

En la situación que nos ocupa una trabajadora que no dispone de medios, que ha trabajado meses sin cobrar, que tiene que sacar adelante una familia con un marido parado y cuatro hijos, para intentar defenderse legalmente antes que nada debe poner encima de la mesa 1200 euros. Si a esto unimos la parsimonia de la Inspección de Trabajo no es de extrañar que las personas agredidas desistan de denunciar, para mayor alegría de los explotadores; y lo de parsimonia es un eufemismo, cuando acompañé a L. y a M. a ratificarse en la denuncia la inspectora conocía el establecimiento de parecidas gracias del año anterior.

“Yo trabajé ahí hace 8 años, todo lo que comentan esas chicas es verdad y se quedan cortas. Los insultos constantes por los 5 miembros de la familia, los gritos que se escuchaban en el comedor, el cambiarse con una cámara, el decirte el día 10 que pagaría el 16, el 16 el 25 y en el 25 ‘cobraréis cuando se haga caja, si no os jodéis!’, trabajar seguido de 11am a 2,3 de la mañana, con media hora para comer… Cuando le puse la denuncia en la Gota de Leche me dijeron ‘Uy, La Dársena?, aquí hay más de veinte denuncias ya de personal de cocina y sala’ ¡y así se quedó! ¡Como si nada!”

Los testimonios que se han ido recogiendo señalan, sin lugar a ningún género de duda, que los abusos están perfectamente estudiados, que se vienen produciendo desde antiguo y que solamente en la medida que reciban un escarmiento empezarán a pensar en ser serios. Pilar a la inspectora: “No hemos podido pagar porque nuestra costumbre es hacerlo por transferencia bancaria y desconocíamos el número de cuenta de la trabajadora; en cuanto nos lo facilite estará todo solucionado”. Broma cruel: …donde a los españoles nos daban de baja en la S. Social, sin nosotros saberlo… y a los ilegales los mandaban para casa cuando recibían el chivatazo de la llegada del inspector de trabajo” ” Lo que son las cosas de la vida, yo trabaje allí hace 10 años, estuve solo un par de semanas, yo soy de Ecuador y cuando llegue allí el dueño vino a mí con demasiado interés a ayudarme y a explicarme, él personalmente, cuando ya los compañeros me habían dicho k tuviese cuidado con el tío, y tenían razón, los malos tratos hacia ellos era exagerado y hacia mi nada d nada, hasta k un día subiendo x las escaleras llevando un pedido de una mesa, subía yo delante con los platos en las manos y el detrás, y me agarro del culo con las dos manos haciéndose el gracioso, asi k pegue un salto mire para él y deje los platos en la mesa y le metí una santa hostia…”

Se unen dos factores, creen, por una parte,  que la gente les tendrá miedo “Si se te ocurría decirle algo se te pegaban a la cara, te pegaban cuatro gritos y te decían que ‘ellos eran gente pesada en Gijón’ que si decías algo que quien perdíamos éramos nosotros”, y, por otra, que el desconocimiento de las leyes les permitirá seguir impunes “…con esa mentalidad…hay jefes por todos sitios dando trabajo a gente sudamericana porque creen que somos ignorantes…”

Sin embargo esta vez han tenido la mala suerte de encontrarse con personas que han entendido que se debe acabar de una vez por todas con semejantes barbaridades “…Ya era hora que estos desalmados saliesen a la luz pública, son bien conocidos por la gran mayoría de los trabajadores de la hostelería en Gijón. Ahora que de verdad la Justicia funcione como debe…” y con grupos de gente solidaria que entiende los derechos laborales como algo implícito a cualesquiera seres humanos, blancos, negros, amarillos o verdes; que piensa que hay muchas empresas regidas por espíritus tóxicos que usan la crisis como disculpa para llenar su cajón, así que, como primera medida, y en tanto se decide el Juzgado de lo Social, se ha convocado una concentración en el Muelle de Gijón, delante de La Dársena, la sidrería explotadora y racista, para el sábado 17 de noviembre de 2012, a las 13 horas.

 

 

 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Crónica de la infamia



“Yo aquel día quería marchar andando a mi país… Me puso la cara aquí, frente a mi cara, pegada, estaba dándome voces, daba golpes en la mesa, rompía platos, tenía un cuchillo en la mano y yo pensaba que no iba a volver a ver a mis hijos…”

No puede seguir hablando, baja la cabeza, esconde la cara negra entre las manos negras; M es una mujer dura, pero esta vez ha sido demasiado “es un día que no lo voy a olvidar jamás” La inspectora de trabajo tiene modales suaves, aguanta unos segundos la pausa, pero debe seguir haciendo su trabajo: “¿Y eso de los insultos?” L es más expansiva, toma el relevo de su compañera, “Nos decían tonta, bestia, no tenéis ni idea, ignorantes; se tapaban la nariz, decían cerda…”, pero ésta no se calla ni debajo del agua: “…Y yo le dije que se bañara, que ella no se baña, ¡ella sí que huele!” (Si Vd. pasea por delante del establecimiento y observa los chorretones de grasa en los cristales y en la parrilla de las sardinas al inicio de la jornada, recuerdo de días anteriores, sabrá que L habla con conocimiento de causa)

Luego responden acerca de las estupendas condiciones de trabajo: “No nos daban ropa de trabajo, la llevábamos nosotras y en el cuarto de cambiarse había una cámara para vernos el culo, y otra en la despensa, para que no robásemos comida” “¿No os daban la comida?” “No, ni beber. Agua. Los camareros la bebían de botella, yo del grifo, para que no dijera que me daba nada” “En el Ramadán yo me llevé mi bocadillo para la noche. Me vio mover la boca y vino a mí como una fiera. Qué comes. Yo como mi bocadillo que no comemos en el día. Yo como de pie mientras trabajo. Yo como mi comida que yo traigo de mi casa” “Como yo hablo mal español ella se burla de mí, me dice bu, bu, bu…”

Tardaría bastante en llegar andando a su país, al Senegal. M tiene cuatro hijos, estudian bien, por suerte; su marido pertenece al sector de la construcción, o sea que engrosa las largas listas del paro, así que ella tiene que trabajar también fuera de casa. La médica, al verla en tan lamentable estado, le preguntó que si la había agredido físicamente. “No, eso no”. Baja por ansiedad, pronóstico veinte días.

El lío empezó a la hora del cierre, la madrugada del sábado, con el restaurante a tope. El jefe dio permiso para salir a la ucraniana, que trabaja desde hace varias semanas sin contrato; ellas se quejaron, el equipo de cocina debería tener el mismo horario, quedaba tarea, y él se puso como una fiera, volvió a insultarlas, como solía, empezó a dar golpes sobre la mesa, a gritar y a romper la vajilla. “Con el bar lleno de gente, mirándonos, ¡qué vergüenza!, su hermana le decía que no se pusiera así” Les dijo que estaban despedidas, M comentó que de acuerdo, pero que les pagase todo lo que debía, y aquello fue Troya.

Yo le dije que no me despedía, que me iba yo, pero que me diera el dinero de mis hijos, que les tengo que enviar el dinero y mis padres son viejos para trabajar. L es dominicana, tiene a su cargo tres hijos  y un nieto, que viven al otro lado del charco; desde que empezó a trabajar no ha visto un euro. Primero que si el diez, luego que si la Semana Grande, ahora que entre el uno y el diez, y yo necesito mi dinero…pero yo no quiero volver a trabajar aquí, me están engañando como nunca lo habían hecho.

La mañana del 20 de agosto L y M cursaron sendas denuncias en la Inspección de Trabajo de Gijón contra Luis Adolfo Peláez Díaz y Pilar Peláez Díaz,  propietarios de la Sidrería La Dársena, en el Muelle de Gijón. M había acudido a partir de un anuncio en El Comercio en el que se pedía cocinera a jornada completa; afirma que la llamaron en Semana Santa y fue trabajando días alternos, sin contrato, sin Seguridad Social, cobrando en mano al final de cada jornada, a razón de ¡cinco euros la hora! Por fin el 23 de junio la dieron de alta a media jornada, para hacer realmente once horas diarias; tuvo que suplicar el pago de esos días porque se murió su madre y necesitaba enviar dinero para el entierro; cobró, tarde, esta vez a 5’95 €. Desde entonces, con el mismo horario de trabajo, sin descanso semanal alguno, no ha visto ni un céntimo más. L no sabe qué tipo de contrato tiene, aunque la Seguridad Social le ha confirmado que han estado cotizando por ella desde una semana después del inicio del trabajo hasta el día que, en solidaridad con M y en queja del maltrato, decidió renunciar. Tampoco ha cobrado nada.

Las denuncias quedaron ratificadas en entrevista de ambas con la inspectora de trabajo el 27 de agosto y esta misma mañana se ha presentado la demanda en la Unidad de Mediación. Puede que esto ayude a que se corte una larga cadena de abusos a inmigrantes, a personas con necesidad de trabajo; tienen los empleadores el asunto muy bien estudiado. “Ya me reiré yo de vosotras cuando llegue la hora de cobrar…¡Ya llegará el invierno y os moriréis de hambre!” “Yo le digo a Pilar que si ahora no está contenta que me despida, pero dice vete tú, que si te echo cobras paro y en tu país no hay paro”

 

 

 

 

martes, 11 de septiembre de 2012

Efemérides imperiales el 11 S



Anotaban cuidadosamente las posiciones de los planetas, día a día, los estrelleros; servía esa tarea paciente como referencia para los cálculos posteriores y así podían recomendar los días adecuados para la poda, la siembra o la recolección; eran capaces de predecir las inundaciones de los ríos o las mareas. Efemérides, libro de los días.


Fecha señalada
¿Qué dejaríamos anotado hoy? Los gringos lo de las Torres Gemelas, los chilenos el sangriento golpe de la embajada USA y Pinochet, los escoceses la victoria de William Wallace sobre los ingleses en Sterling Bridge, los palestinos que la llegada de los ingleses multiplicó sus desgracias, los italianos que un anarquista apuñaló a Sissí, emperatriz. Los catalanes se manifestarán, con aires de independencia, recordando que en 1714, el Duque de Berwick, en nombre del Borbón, tomó Barcelona, principio del fin de sus instituciones señeras. Emperadores pisando uvas ajenas y pueblos resistiendo.

Los estrelleros más avispados hicieron creer que podían también calcular el futuro de los humanos, lo que dio lugar al nacimiento de un negocio impresionante: el asesoramiento a reyes, príncipes y demás oficios ociosos. Desde el principio se hicieron advertencias, así en Las mil y una noches se cuenta la divertida anécdota de un barbero que traza el horóscopo de un cliente para saber el momento propicio de raparle. Mahoma dice que “los eclipses de Sol y Luna no se producen para señalar el nacimiento o la muerte de una persona”, pero a renglón seguido cambia una superstición por otra: “Es tal o cual constelación la que ha hecho llover…esos no creen en Dios, sino en las estrellas”. La jerarquía católica clama contra los horóscopos de los periódicos, pero celebra que ante su ídolo se postraron astrólogos que seguían un cometa de buen augurio; dice Mateo: “Y unos magos llegaron a Jerusalem preguntando…pues vimos su estrella en el oriente y venimos a adorarle”.

Aunque anunciaba un reino, no era de este mundo, de modo que siguieron bajo el yugo romano; tampoco se podía esperar mucho más de un líder que iba con los de la feria y venía con los del mercado: “Dad al César lo que es del César y  a Dios lo que es de Dios”. El Imperio. Parecen hoy apuntar en este sentido todas las líneas astrales, y no habrá amuleto que nos libre, como no seamos nosotros mismos; se creen que nos han vencido y ya se muestran sin pudor: Viene un tipo con dólares a montar una gran superficie del juego en Madrid, una casa de putas gigantesca, y exige que se le regalen terrenos y dineros, que se cambien las leyes laborales y que volvamos a coger, pausadamente, cáncer de pulmón, gracias al tabaco (from Virginia, of course). Las multinacionales del acero, del aluminio y del zinc, exigen a sus trabajadores en Asturies que se recorten los salarios si quieren que las fábricas no emigren.

¡Buen otoño nos espera!; yo ya me he apuntado a un curso de remo, aunque de momento, como toda la izquierda europea, estoy más con el agua al cuello que dirigiendo la barca. Pero aún no me he ahogado, y volveré, un día y otro día, a dar paladas contra el río, revuelto, turbio, con ortigas, hasta que vea el horizonte un poco más despejado.

Para mí la celebración hoy es el quinto cumpleaños de Luis, magnífico, esperanzador cruce de asturiana y cordobés, que mira todo con los ojos y los oídos del mochuelo de Atenea. Y, por otra parte, fiel a mi tradicional ¡Remember Chile!, preguntar a los del otro lado del charco por una historia que desconozco y que tiene que ver con las luchas de indígenas contra malos extranjeros. Acabo de leer una breve nota que refiere la destrucción, en tal día que hoy de 1541, de la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura por las huestes del jefe indio Michimalonco. Gracias anticipadas, a once de septiembre de dos mil y doce.

 

 

viernes, 31 de agosto de 2012

Historia de amor en Guimarán

Bien sé que Vicen me sabrá disculpar; agradezco profundamente su hospitalidad, pero le dejo en segundo plano porque, la verdad, mis prioridades en Guimarán son, por riguroso orden, la sonrisa de Aida, la alberca, el escabeche de Milagros y los tomates de Conchita.
El valle tiene otros mil asuntos de interés; es una gozada salir de paseo y disfrutar la tranquilidad, salvo los trenes puñeteros de Arcelor. Es más que conveniente llevar la cámara al hombro, porque nunca sabes dónde puede aparecer una historia, como esta pausada historia de amor entre dos caracoles. (Es una bendición para la escritura esto de los moluscos gasterópodos; aquí no hay problemas de género).
Es el caso que andaba yo rastreando el jardín de la casa, después de desayunar como un cura de los de antes, aprovechando el amanecer para fotografiar la cuidada flora, cuando me encontré un caracol, musculoso, paseando por una tubería de plástico.


Recordé entonces que unos minutos antes había visto a otro congénere, aburrido, pasear por una tela asfáltica, tras una malla metálica, como si estuviera arrestado. ¡Qué tiempos, cuando los caracoles se deslizaban por la hierba! Decidí juntarlos, porque estaban tan lejos que tardarían una semana en localizarse.


El que tuvo que viajar se comportó con una excesiva timidez. Puede que el vertiginoso traslado, -una persona camina a la estratósferica velocidad de cinco kilómetros a la hora-, el cambio tan acelerado de ubicación, le hubieran descolocado; no le apetecía salir de casa.


Su compañero, después de varios toques de antena a distancia, pareció perder la paciencia, le volvió la espalda y nos dio a entender que se iba a mejores ocupaciones.


En realidad era una táctica, se colocó al extremo del tubo y se  dedicó a una brillantísima demostración de músculo.


La treta le dio resultado, con una cierta distancia perdió el otro la timidez; la exhibición, por otra parte, le había hecho la boca baba, aumentaba considerablemente su predisposición a mayores desempeños.

Decidieron entonces caminar discretamente hacia un lugar más tranquilo, en el que este pesado de la cámara de fotos no moleste.


El sitio exacto era la parte inferior del codo de la cañería, a la sombra, por debajo de la línea de la mirada humana, protegidos hacia el oeste por una sutil telaraña que impedía el acoso de insectos, particularmente esa abeja más pesada que el tábano. Una unión pausada, tranquila, lenta y tan larga como la comida que, allí cerca, acometían los bípedos, con aperitivo y sobremesa.


Varias horas más tarde descansaban plácidamente, a cubierto de eventuales intrusos; no sé si, como hacen algunas parejas humanas, después de haberse fumado algún yerbajo.


Guimarán recuerda los veraneos de Clarín. Sin duda él habría contado mejor esta historia de amor rural, de moderada pasión agropecuaria, pero lo que no me cabe la menor duda es que no habría hecho fotos digitales.

lunes, 13 de agosto de 2012

Abu Nuwás



Una gran borrachera, de principio a fin de la vida; eso sí, en compañía, disfrutando de los amigos y persiguiendo con descaro a los coperos, a las esclavas o a la propia mujer del tabernero, si se tercia. Éste es el Evangelio de Abu Nuwás (Bagdag, finales del setecientos).
Disfruta del día desde la primera hora de la mañana, sé generoso en la amistad y en la juerga, que la vida es efímera, no merece perder el tiempo en guerras.

Hermanos, ¡ya llega el alba!
Bebed el primer trago matinal

Cuando los pájaros cantan la mañana
¡Apresuraos! Las copas se han quejado del largo dormitar de las jarras…

…¡Bebe el sólido licuado

Y el gozo de hoy no lo dejes para mañana!
Tiene largas conversaciones con la copa, pero a veces el vino le sale respondón, no le gusta que le comparen con la luz, efímera, de los cuerpos celestes:

Cierto es que como un astro
Yo resplandezco en la mezcla

Más mi lumbre no se apaga.
Si vuelves a describirme de esta guisa

Te prohibiré mi néctar
Y sólo podrás catar

El brebaje de los dátiles.

(Se refiere a que los fundamentalistas enemigos del vino bebían un mosto sin fermentar procedente del dátil, del mismo modo que el Profeta, -Allah lo tenga en el Paraíso-)
El ejercicio de la vida es amor. Amor al fruto líquido de la vid, a los amigos con quienes se comparte y a los servidores y esclavas que lo sirven:

El vino es un rubí, la copa una perla
En la mano de la esclava esbelta

De los ojos mana un vino, de las manos otro

Y sin poder resistirte quedas preso,

Solo entre los chicos, de una doble embriaguez.
No deja de tener esta vida más peligro, si cabe, que los temidos salteadores de caravanas:

Salí ileso del sable del bandido
Cuando arremetió en el camino contra los mercaderes

Más me asaltó el tabernero
Con una copa de vino

Y me dejó en cueros.

De todas formas es el estilo de vida que ha elegido:
Siempre lo he hecho y así seguiré

Disipando mi riqueza
Y disipando mi religión

Y lo ejerce noche y día  por doquiera:
¡A cuántos taberneros
No habré sacado yo
De la mortaja del sueño!

La pandilla de bebedores conoce todos los sitios, explora todos los goces:
Vamos a Karj con el tabernero

Y bebamos un vino como el almizcle

En el frasco del perfumero.
Vayamos al jardín

Junto al arroyo y el palmeral
A comer aves y caza

Para más solaz llamaremos al flautista
Y si deseáis más, a la dueña del lugar.

Llegan a tal grado de borrachera que al final, en contra de lo que aseguran los sabios, la Tierra ya no les parece plana:
Yo pasé la noche bebiendo

Hasta que al amanecer
Vi la Tierra aparecer

No plana, sino redonda.
Si bien domina el árabe clásico, hasta el extremo de que algunos lo consideran el mejor escritor universal en esa lengua (“No sé de nadie que conozca mejor la lengua árabe y que se exprese con más elocuencia que Abu Nuwás”, Al Yáhiz), no quiere saber nada con las costumbres bárbaras de los nuevos amos del mundo, y le parecen horripilantes sus cantos al desierto, al campamento y a la violencia de la conquista.

Nubarrones de tormenta, ya fuisteis generosos
Antaño con los arenales sinuosos:

Dejadlos atrás ahora y no deis el agua
A una tierra que nada cuenta entre los pueblos.

El único pájaro que en ella anida
Es el negro cuervo de mal agüero…

…Mejor que clavar una tienda a golpes de maza
Será recoger flores para ponerme tras la oreja

Y dejar que corran las copas de boca en mano
Lo escanciará un copero de los Ibadi

Los que celebran en domingo su fiesta…
…De su mano bebo el vino que refrescó el viento

Y de su boca la saliva dulce como miel.
Esto es más deseable para el alma y el cuerpo

Que llorar los restos olvidados del campamento.
No pueden soportar los ortodoxos musulmanes semejante desafío (“Si Abu Nuwás no hubiera sido un libertino, lo habría estudiado” Imán al Shafií); el propio Harum al Raschid, Califa y Comendador de los Creyentes (Allah le haya perdonado), el de las Mil y Una Noches, interviene para que deje de provocar, se porte como un ciudadano de bien y vuelva a escribir acerca de los temas clásicos de la poesía árabe:

“Que pazca tu poesía por el aprisco
Y el campamento abandonado por la amada.

Demasiado tiempo hace ya

Que los dejaste para describir el vino”
¿Cómo iba a desobedecerle yo?

Las palabras del Príncipe de los Creyentes
Son órdenes, aunque el jamelgo que me imponga

Sea a veces tan arduo de montar.
Convencido por la prisión y el destierro, el poeta parece plegarse, pero no va a perseverar en el camino que le marcan, sobre todo cuando muere al Raschid y le sucede su hijo, Muhammad al Amín (Allah le haya premiado), que había sido alumno y compañero de correrías de Abu Nuwás. Se revuelve contra los censores, les recuerda que su religión predica el perdón y que el vino es obra del Creador:

Me injurió un criticón

Queriendo probar su ingenio
Y, por mi vida, eso no lo tolero.

Quería reprocharme el vino
Alegando sin razón

Que quien lo cata merece
La peor reprobación…

…Mientras viva seré del vino
El más fiel amigo.

Si Dios consintió en darle nombre

Y el Príncipe de los creyentes lo frecuenta
¿Lo tendría que rechazar yo?

Por fin el poeta se decide. Igual que el Profeta (Allah le proteja) había dicho en El Corán, exclama ¡yo tengo mi religión!,  y lanza su buena nueva. Carga contra la peregrinación, gasto excesivo a la par que superfluo:
No vayas nunca a la Meca

Aunque ésta se encontrara
A la puerta de tu casa.

Contra el mes que le impone odiosas restricciones:

Te hemos aborrecido, miserable Ramadán
Sin dudarlo te mataría si se pudiese matar a un mes.

No soporta el ayuno y la caridad obligatorios:
Ni se te ocurra ayunar;

Almuerza siempre que puedas.
Y en cuanto a las limosnas,

No son más que una estafa

De un puñado de holgazanes.

¿La Guerra Santa?

Tú ni caso; ni que asalten

El mercado central has de luchar,

Sino convivir en paz.

Más si te vence el rencor,

El vientre de la doncella

Y el trasero del mancebo

Atraviesa con tu lanza.

Esta es la Guerra Santa

 El verdadero yíhad

Por el que en el Juicio Final

Serás bien recompensado.