viernes, 31 de agosto de 2012

Historia de amor en Guimarán

Bien sé que Vicen me sabrá disculpar; agradezco profundamente su hospitalidad, pero le dejo en segundo plano porque, la verdad, mis prioridades en Guimarán son, por riguroso orden, la sonrisa de Aida, la alberca, el escabeche de Milagros y los tomates de Conchita.
El valle tiene otros mil asuntos de interés; es una gozada salir de paseo y disfrutar la tranquilidad, salvo los trenes puñeteros de Arcelor. Es más que conveniente llevar la cámara al hombro, porque nunca sabes dónde puede aparecer una historia, como esta pausada historia de amor entre dos caracoles. (Es una bendición para la escritura esto de los moluscos gasterópodos; aquí no hay problemas de género).
Es el caso que andaba yo rastreando el jardín de la casa, después de desayunar como un cura de los de antes, aprovechando el amanecer para fotografiar la cuidada flora, cuando me encontré un caracol, musculoso, paseando por una tubería de plástico.


Recordé entonces que unos minutos antes había visto a otro congénere, aburrido, pasear por una tela asfáltica, tras una malla metálica, como si estuviera arrestado. ¡Qué tiempos, cuando los caracoles se deslizaban por la hierba! Decidí juntarlos, porque estaban tan lejos que tardarían una semana en localizarse.


El que tuvo que viajar se comportó con una excesiva timidez. Puede que el vertiginoso traslado, -una persona camina a la estratósferica velocidad de cinco kilómetros a la hora-, el cambio tan acelerado de ubicación, le hubieran descolocado; no le apetecía salir de casa.


Su compañero, después de varios toques de antena a distancia, pareció perder la paciencia, le volvió la espalda y nos dio a entender que se iba a mejores ocupaciones.


En realidad era una táctica, se colocó al extremo del tubo y se  dedicó a una brillantísima demostración de músculo.


La treta le dio resultado, con una cierta distancia perdió el otro la timidez; la exhibición, por otra parte, le había hecho la boca baba, aumentaba considerablemente su predisposición a mayores desempeños.

Decidieron entonces caminar discretamente hacia un lugar más tranquilo, en el que este pesado de la cámara de fotos no moleste.


El sitio exacto era la parte inferior del codo de la cañería, a la sombra, por debajo de la línea de la mirada humana, protegidos hacia el oeste por una sutil telaraña que impedía el acoso de insectos, particularmente esa abeja más pesada que el tábano. Una unión pausada, tranquila, lenta y tan larga como la comida que, allí cerca, acometían los bípedos, con aperitivo y sobremesa.


Varias horas más tarde descansaban plácidamente, a cubierto de eventuales intrusos; no sé si, como hacen algunas parejas humanas, después de haberse fumado algún yerbajo.


Guimarán recuerda los veraneos de Clarín. Sin duda él habría contado mejor esta historia de amor rural, de moderada pasión agropecuaria, pero lo que no me cabe la menor duda es que no habría hecho fotos digitales.

lunes, 13 de agosto de 2012

Abu Nuwás



Una gran borrachera, de principio a fin de la vida; eso sí, en compañía, disfrutando de los amigos y persiguiendo con descaro a los coperos, a las esclavas o a la propia mujer del tabernero, si se tercia. Éste es el Evangelio de Abu Nuwás (Bagdag, finales del setecientos).
Disfruta del día desde la primera hora de la mañana, sé generoso en la amistad y en la juerga, que la vida es efímera, no merece perder el tiempo en guerras.

Hermanos, ¡ya llega el alba!
Bebed el primer trago matinal

Cuando los pájaros cantan la mañana
¡Apresuraos! Las copas se han quejado del largo dormitar de las jarras…

…¡Bebe el sólido licuado

Y el gozo de hoy no lo dejes para mañana!
Tiene largas conversaciones con la copa, pero a veces el vino le sale respondón, no le gusta que le comparen con la luz, efímera, de los cuerpos celestes:

Cierto es que como un astro
Yo resplandezco en la mezcla

Más mi lumbre no se apaga.
Si vuelves a describirme de esta guisa

Te prohibiré mi néctar
Y sólo podrás catar

El brebaje de los dátiles.

(Se refiere a que los fundamentalistas enemigos del vino bebían un mosto sin fermentar procedente del dátil, del mismo modo que el Profeta, -Allah lo tenga en el Paraíso-)
El ejercicio de la vida es amor. Amor al fruto líquido de la vid, a los amigos con quienes se comparte y a los servidores y esclavas que lo sirven:

El vino es un rubí, la copa una perla
En la mano de la esclava esbelta

De los ojos mana un vino, de las manos otro

Y sin poder resistirte quedas preso,

Solo entre los chicos, de una doble embriaguez.
No deja de tener esta vida más peligro, si cabe, que los temidos salteadores de caravanas:

Salí ileso del sable del bandido
Cuando arremetió en el camino contra los mercaderes

Más me asaltó el tabernero
Con una copa de vino

Y me dejó en cueros.

De todas formas es el estilo de vida que ha elegido:
Siempre lo he hecho y así seguiré

Disipando mi riqueza
Y disipando mi religión

Y lo ejerce noche y día  por doquiera:
¡A cuántos taberneros
No habré sacado yo
De la mortaja del sueño!

La pandilla de bebedores conoce todos los sitios, explora todos los goces:
Vamos a Karj con el tabernero

Y bebamos un vino como el almizcle

En el frasco del perfumero.
Vayamos al jardín

Junto al arroyo y el palmeral
A comer aves y caza

Para más solaz llamaremos al flautista
Y si deseáis más, a la dueña del lugar.

Llegan a tal grado de borrachera que al final, en contra de lo que aseguran los sabios, la Tierra ya no les parece plana:
Yo pasé la noche bebiendo

Hasta que al amanecer
Vi la Tierra aparecer

No plana, sino redonda.
Si bien domina el árabe clásico, hasta el extremo de que algunos lo consideran el mejor escritor universal en esa lengua (“No sé de nadie que conozca mejor la lengua árabe y que se exprese con más elocuencia que Abu Nuwás”, Al Yáhiz), no quiere saber nada con las costumbres bárbaras de los nuevos amos del mundo, y le parecen horripilantes sus cantos al desierto, al campamento y a la violencia de la conquista.

Nubarrones de tormenta, ya fuisteis generosos
Antaño con los arenales sinuosos:

Dejadlos atrás ahora y no deis el agua
A una tierra que nada cuenta entre los pueblos.

El único pájaro que en ella anida
Es el negro cuervo de mal agüero…

…Mejor que clavar una tienda a golpes de maza
Será recoger flores para ponerme tras la oreja

Y dejar que corran las copas de boca en mano
Lo escanciará un copero de los Ibadi

Los que celebran en domingo su fiesta…
…De su mano bebo el vino que refrescó el viento

Y de su boca la saliva dulce como miel.
Esto es más deseable para el alma y el cuerpo

Que llorar los restos olvidados del campamento.
No pueden soportar los ortodoxos musulmanes semejante desafío (“Si Abu Nuwás no hubiera sido un libertino, lo habría estudiado” Imán al Shafií); el propio Harum al Raschid, Califa y Comendador de los Creyentes (Allah le haya perdonado), el de las Mil y Una Noches, interviene para que deje de provocar, se porte como un ciudadano de bien y vuelva a escribir acerca de los temas clásicos de la poesía árabe:

“Que pazca tu poesía por el aprisco
Y el campamento abandonado por la amada.

Demasiado tiempo hace ya

Que los dejaste para describir el vino”
¿Cómo iba a desobedecerle yo?

Las palabras del Príncipe de los Creyentes
Son órdenes, aunque el jamelgo que me imponga

Sea a veces tan arduo de montar.
Convencido por la prisión y el destierro, el poeta parece plegarse, pero no va a perseverar en el camino que le marcan, sobre todo cuando muere al Raschid y le sucede su hijo, Muhammad al Amín (Allah le haya premiado), que había sido alumno y compañero de correrías de Abu Nuwás. Se revuelve contra los censores, les recuerda que su religión predica el perdón y que el vino es obra del Creador:

Me injurió un criticón

Queriendo probar su ingenio
Y, por mi vida, eso no lo tolero.

Quería reprocharme el vino
Alegando sin razón

Que quien lo cata merece
La peor reprobación…

…Mientras viva seré del vino
El más fiel amigo.

Si Dios consintió en darle nombre

Y el Príncipe de los creyentes lo frecuenta
¿Lo tendría que rechazar yo?

Por fin el poeta se decide. Igual que el Profeta (Allah le proteja) había dicho en El Corán, exclama ¡yo tengo mi religión!,  y lanza su buena nueva. Carga contra la peregrinación, gasto excesivo a la par que superfluo:
No vayas nunca a la Meca

Aunque ésta se encontrara
A la puerta de tu casa.

Contra el mes que le impone odiosas restricciones:

Te hemos aborrecido, miserable Ramadán
Sin dudarlo te mataría si se pudiese matar a un mes.

No soporta el ayuno y la caridad obligatorios:
Ni se te ocurra ayunar;

Almuerza siempre que puedas.
Y en cuanto a las limosnas,

No son más que una estafa

De un puñado de holgazanes.

¿La Guerra Santa?

Tú ni caso; ni que asalten

El mercado central has de luchar,

Sino convivir en paz.

Más si te vence el rencor,

El vientre de la doncella

Y el trasero del mancebo

Atraviesa con tu lanza.

Esta es la Guerra Santa

 El verdadero yíhad

Por el que en el Juicio Final

Serás bien recompensado.


lunes, 6 de agosto de 2012

Subiendo a Cuturrasu


Mientras toda España se asa de calor, superando los 35ºC, Asturies está protegida por un manto de nubes, por una pátina brumosa que hace el verano húmedo, verde, llevadero; subir a Cuturrasu es una ocupación placentera, una obligación, ahora que es "Pueblu Afayaízu de Llangreu 2012".
¿"Afayaízu"?; "encontrarse bien en un sitio", o sea, confortable.
Si uno va desde cualquier zona céntrica del concejo de Langreo, vamos a suponer desde La Felguera, debe cruzar el Río Nalón para pasar a la parroquia de Lada.
Las instalaciones de la Central hacen a modo de hito que señala y separa; el humo de las chimeneas es veleta, observador meteorológico o laboral, su presencia marca la dirección del viento y la demanda de electricidad.
Caminando se tarda en llegar aproximadamente una hora; una de las opciones del camino lleva por Los CuartelesLes Bories, dejando a la izquierda Santianes, que al principio parecía un pueblo clandestino, con el letrero indicador comido por la maleza. La desbrozadora municipal ha solucionado la visibilidad.
Desde lo alto, tras la bruma, se divisa el Centro Stephen Hawking, que será una referencia sanitaria para tratar grandes discapacidades; la fachada de hierro en bruto pretende ser innovadora, si bien la población no anda al tanto de las modernas tendencias arquitectónicas y corre el riesgo de llamarse para siempre jamás " El Furruñu".
Se va paseando entre una vegetación exuberante. En algunas zonas no dará el sol ni siquiera en el verano, por lo que los helechos están frescos y se pueden ver hongos de buen tamaño. A la altura del ramal a Les Bories, al pie de la carretera, encontramos una fuente y un lavadero; tienen agua potable, escasa porque entre los vecinos se la llevan para dar de beber al ganado, pero bueno, ya no se lava la ropa en público, para refrescar un poco al caminante sirve.
Casi sin darnos cuenta estamos llegando, pero un poco antes, a la derecha, tenemos que tomar necesariamente una desviación: Veneros. Al final de la aldea, donde ya no hay más casas, está aquella en la que nació Manuel Llaneza, fundador del Sindicato Minero de la Unión General de Trabajadores, alcalde de Mieres y uno de los personajes más destacados del Partido Socialista hasta 1930. Una placa señala estos acontecimientos, pero no parece que sus seguidores pasen mucho por aquí.
Ya enseguida entramos en Cuturrasu. Vamos directamente al Centro Social, para ver el bronce de la fachada principal, que acredita eso de "pueblu afayaízu" que ya sabíamos antes de que el Ayuntamiento lo reconociera. Adentro se pueden ver los cuadros de honor del campeonato de parchís, los de las fotos de los viajes de la asociación a París o Calahorra y, si uno se fija más , en la vitrina de la biblioteca, el de la patrona local "Santa Polonia"; sin que Joaquín me sepa explicar por qué la rebautizaron. El dibujante sería ateo, poco allegado al santoral, sin duda, que este pueblo siempre ha sido bastante rojillo.
Las fiestas de Santa Apolonia pasaron por mejores tiempos; en años fueron famosas internacionalmente, trajeron actuaciones gloriosas como Manolo Escobar, la Década Prodigiosa, que se negaba a actuar en una aldea y tuvo que ser "hábilmente disuadida" de que no le convenía romper el contrato, Georgie Dann y otras estrellas de la farándula. En cualquier caso si Vd. quiere degustar cordero a la estaca en un marco amigable véngase en septiembre.
Tendremos que hablar otro día de las personalidades locales. El Ropíu y sus descendientes, Manolín Montes, que fue concejal, Josepín, literato,visitador de enfermos y memoria del pueblo, o Beni, artista, asador de corderos, tallista, madreñero, conversador y buen amigo. Hoy solamente vamos a dar un paseo.
Cuando lo hayamos terminado podemos bajar por El Carmen, un pueblo con tanta vida cultural que tiene más asociaciones que familias. Son tan originales que no celebran a su patrona en julio, como corresponde, sino cuando les da la gana, es decir, en estos días; mañana tienen una fabada, para rematar la juerga. En el Centro Social, que llevan con admirable mano otra Carmen y Lenita, con una magnífica cocina, pero de eso hablaremos en otra ocasión.
Otra opción es tomar el camino de San Miguel, desde el que se va uno despidiendo de lo rural para divisar lo industrial, empezando por la escombrera más alta de Europa. Al lado del cementerio de Lada están las ruinas del Sputnik, que es, de creer a quienes lo trataron, el bar donde para ahora habitualmente Josín el de La Granda desde que falleció.
Posiblemente sea sólo una leyenda, pero si no es cierto bien podría serlo, por lo que yo, cada vez que paso, prometo tomarme una de sidra a la memoria del buen amigo, gran cantor e infatigable bebedor; elegante en el atuendo y en la expresión, como consta en los anales de Casa Cordeles, "ilustre casino, incomparable establecimiento, ilustre clientela" a su decir.
Y no he de hacer más comentarios, disfruten de los rincones de Cuturrasu.