miércoles, 12 de septiembre de 2012

Crónica de la infamia



“Yo aquel día quería marchar andando a mi país… Me puso la cara aquí, frente a mi cara, pegada, estaba dándome voces, daba golpes en la mesa, rompía platos, tenía un cuchillo en la mano y yo pensaba que no iba a volver a ver a mis hijos…”

No puede seguir hablando, baja la cabeza, esconde la cara negra entre las manos negras; M es una mujer dura, pero esta vez ha sido demasiado “es un día que no lo voy a olvidar jamás” La inspectora de trabajo tiene modales suaves, aguanta unos segundos la pausa, pero debe seguir haciendo su trabajo: “¿Y eso de los insultos?” L es más expansiva, toma el relevo de su compañera, “Nos decían tonta, bestia, no tenéis ni idea, ignorantes; se tapaban la nariz, decían cerda…”, pero ésta no se calla ni debajo del agua: “…Y yo le dije que se bañara, que ella no se baña, ¡ella sí que huele!” (Si Vd. pasea por delante del establecimiento y observa los chorretones de grasa en los cristales y en la parrilla de las sardinas al inicio de la jornada, recuerdo de días anteriores, sabrá que L habla con conocimiento de causa)

Luego responden acerca de las estupendas condiciones de trabajo: “No nos daban ropa de trabajo, la llevábamos nosotras y en el cuarto de cambiarse había una cámara para vernos el culo, y otra en la despensa, para que no robásemos comida” “¿No os daban la comida?” “No, ni beber. Agua. Los camareros la bebían de botella, yo del grifo, para que no dijera que me daba nada” “En el Ramadán yo me llevé mi bocadillo para la noche. Me vio mover la boca y vino a mí como una fiera. Qué comes. Yo como mi bocadillo que no comemos en el día. Yo como de pie mientras trabajo. Yo como mi comida que yo traigo de mi casa” “Como yo hablo mal español ella se burla de mí, me dice bu, bu, bu…”

Tardaría bastante en llegar andando a su país, al Senegal. M tiene cuatro hijos, estudian bien, por suerte; su marido pertenece al sector de la construcción, o sea que engrosa las largas listas del paro, así que ella tiene que trabajar también fuera de casa. La médica, al verla en tan lamentable estado, le preguntó que si la había agredido físicamente. “No, eso no”. Baja por ansiedad, pronóstico veinte días.

El lío empezó a la hora del cierre, la madrugada del sábado, con el restaurante a tope. El jefe dio permiso para salir a la ucraniana, que trabaja desde hace varias semanas sin contrato; ellas se quejaron, el equipo de cocina debería tener el mismo horario, quedaba tarea, y él se puso como una fiera, volvió a insultarlas, como solía, empezó a dar golpes sobre la mesa, a gritar y a romper la vajilla. “Con el bar lleno de gente, mirándonos, ¡qué vergüenza!, su hermana le decía que no se pusiera así” Les dijo que estaban despedidas, M comentó que de acuerdo, pero que les pagase todo lo que debía, y aquello fue Troya.

Yo le dije que no me despedía, que me iba yo, pero que me diera el dinero de mis hijos, que les tengo que enviar el dinero y mis padres son viejos para trabajar. L es dominicana, tiene a su cargo tres hijos  y un nieto, que viven al otro lado del charco; desde que empezó a trabajar no ha visto un euro. Primero que si el diez, luego que si la Semana Grande, ahora que entre el uno y el diez, y yo necesito mi dinero…pero yo no quiero volver a trabajar aquí, me están engañando como nunca lo habían hecho.

La mañana del 20 de agosto L y M cursaron sendas denuncias en la Inspección de Trabajo de Gijón contra Luis Adolfo Peláez Díaz y Pilar Peláez Díaz,  propietarios de la Sidrería La Dársena, en el Muelle de Gijón. M había acudido a partir de un anuncio en El Comercio en el que se pedía cocinera a jornada completa; afirma que la llamaron en Semana Santa y fue trabajando días alternos, sin contrato, sin Seguridad Social, cobrando en mano al final de cada jornada, a razón de ¡cinco euros la hora! Por fin el 23 de junio la dieron de alta a media jornada, para hacer realmente once horas diarias; tuvo que suplicar el pago de esos días porque se murió su madre y necesitaba enviar dinero para el entierro; cobró, tarde, esta vez a 5’95 €. Desde entonces, con el mismo horario de trabajo, sin descanso semanal alguno, no ha visto ni un céntimo más. L no sabe qué tipo de contrato tiene, aunque la Seguridad Social le ha confirmado que han estado cotizando por ella desde una semana después del inicio del trabajo hasta el día que, en solidaridad con M y en queja del maltrato, decidió renunciar. Tampoco ha cobrado nada.

Las denuncias quedaron ratificadas en entrevista de ambas con la inspectora de trabajo el 27 de agosto y esta misma mañana se ha presentado la demanda en la Unidad de Mediación. Puede que esto ayude a que se corte una larga cadena de abusos a inmigrantes, a personas con necesidad de trabajo; tienen los empleadores el asunto muy bien estudiado. “Ya me reiré yo de vosotras cuando llegue la hora de cobrar…¡Ya llegará el invierno y os moriréis de hambre!” “Yo le digo a Pilar que si ahora no está contenta que me despida, pero dice vete tú, que si te echo cobras paro y en tu país no hay paro”

 

 

 

 

martes, 11 de septiembre de 2012

Efemérides imperiales el 11 S



Anotaban cuidadosamente las posiciones de los planetas, día a día, los estrelleros; servía esa tarea paciente como referencia para los cálculos posteriores y así podían recomendar los días adecuados para la poda, la siembra o la recolección; eran capaces de predecir las inundaciones de los ríos o las mareas. Efemérides, libro de los días.


Fecha señalada
¿Qué dejaríamos anotado hoy? Los gringos lo de las Torres Gemelas, los chilenos el sangriento golpe de la embajada USA y Pinochet, los escoceses la victoria de William Wallace sobre los ingleses en Sterling Bridge, los palestinos que la llegada de los ingleses multiplicó sus desgracias, los italianos que un anarquista apuñaló a Sissí, emperatriz. Los catalanes se manifestarán, con aires de independencia, recordando que en 1714, el Duque de Berwick, en nombre del Borbón, tomó Barcelona, principio del fin de sus instituciones señeras. Emperadores pisando uvas ajenas y pueblos resistiendo.

Los estrelleros más avispados hicieron creer que podían también calcular el futuro de los humanos, lo que dio lugar al nacimiento de un negocio impresionante: el asesoramiento a reyes, príncipes y demás oficios ociosos. Desde el principio se hicieron advertencias, así en Las mil y una noches se cuenta la divertida anécdota de un barbero que traza el horóscopo de un cliente para saber el momento propicio de raparle. Mahoma dice que “los eclipses de Sol y Luna no se producen para señalar el nacimiento o la muerte de una persona”, pero a renglón seguido cambia una superstición por otra: “Es tal o cual constelación la que ha hecho llover…esos no creen en Dios, sino en las estrellas”. La jerarquía católica clama contra los horóscopos de los periódicos, pero celebra que ante su ídolo se postraron astrólogos que seguían un cometa de buen augurio; dice Mateo: “Y unos magos llegaron a Jerusalem preguntando…pues vimos su estrella en el oriente y venimos a adorarle”.

Aunque anunciaba un reino, no era de este mundo, de modo que siguieron bajo el yugo romano; tampoco se podía esperar mucho más de un líder que iba con los de la feria y venía con los del mercado: “Dad al César lo que es del César y  a Dios lo que es de Dios”. El Imperio. Parecen hoy apuntar en este sentido todas las líneas astrales, y no habrá amuleto que nos libre, como no seamos nosotros mismos; se creen que nos han vencido y ya se muestran sin pudor: Viene un tipo con dólares a montar una gran superficie del juego en Madrid, una casa de putas gigantesca, y exige que se le regalen terrenos y dineros, que se cambien las leyes laborales y que volvamos a coger, pausadamente, cáncer de pulmón, gracias al tabaco (from Virginia, of course). Las multinacionales del acero, del aluminio y del zinc, exigen a sus trabajadores en Asturies que se recorten los salarios si quieren que las fábricas no emigren.

¡Buen otoño nos espera!; yo ya me he apuntado a un curso de remo, aunque de momento, como toda la izquierda europea, estoy más con el agua al cuello que dirigiendo la barca. Pero aún no me he ahogado, y volveré, un día y otro día, a dar paladas contra el río, revuelto, turbio, con ortigas, hasta que vea el horizonte un poco más despejado.

Para mí la celebración hoy es el quinto cumpleaños de Luis, magnífico, esperanzador cruce de asturiana y cordobés, que mira todo con los ojos y los oídos del mochuelo de Atenea. Y, por otra parte, fiel a mi tradicional ¡Remember Chile!, preguntar a los del otro lado del charco por una historia que desconozco y que tiene que ver con las luchas de indígenas contra malos extranjeros. Acabo de leer una breve nota que refiere la destrucción, en tal día que hoy de 1541, de la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura por las huestes del jefe indio Michimalonco. Gracias anticipadas, a once de septiembre de dos mil y doce.