lunes, 28 de enero de 2013

¿Por qué me haces esto, Paco?



Cuando se muere un rey su viuda sigue siendo reina, pero ¿qué es la mujer de un dictador? ¿Nos van a permitir seguir viviendo en El Pardo, Paco?, ¿qué va a ser de nosotros?
Lucía Alonso hace un trabajo titánico; es Carmen Polo, señora de Meirás, hablando con su difunto marido, de cuerpo presente, sin más colaboración en el escenario que la de José Manuel González, que hace de primo de Franco, Pacón, el general ayudante, con una sola palabra: “monóculo”. El resto es un monólogo de la Señora, repasando toda su vida al lado del Dictador, desde el noviazgo hasta la muerte; a veces tierna, otras  irónica, imperativa en ocasiones como parece ser que solía, y siempre ante el abismo del futuro incierto sin el soporte del poder.
¿Por qué me haces esto, Paco?
Debería haber escrito estas líneas cuando el 20 N Francisco Villar, que mueve la asociación cultural Cauce del Nalón, nos invitó al estreno de “Buenas noches, mi general”, obra de Teatro Kumen sobre un guión de José Ramón López Menéndez, justamente premiado. He vuelto en estos días al tema gracias a que Javier Rubio de la Rubia, en su amabilidad, me hace llegar la noticia de la próxima subasta de unas cartas de amor del Generalísimo de los Ejércitos.
Lucía Alonso
José Ramón es el alma de Kumen, un ejemplo de prejubilado minero bien aprovechado. La puesta en escena arrugaba un poco el ánimo: dispuso a las setenta personas invitadas en torno al catafalco sobre el propio escenario; he de reconocer que me daba cosa acercarme al cadáver. Incluso la magnífica labor de Lucía Alonso se vio privada del merecido aplauso porque, justo en el momento de iniciarlo, sonó el “Cara al sol” y se nos congelaron las palmas. Antes habíamos asistido a un brillante trabajo que nos llevó por los obscuros años de guerras y postguerras, escuchando los tremendos juicios de Franco y sus secuaces sobre los dirigentes políticos y sindicales, “es mejor fusilarlos que tenerlos en la cárcel comiendo cada dos o tres días”, los asesinatos perfectamente planificados, “el miedo gana muchas batallas”, los ladridos radiofónicos de Yagüe en el Sur y Mola en el Norte, las hazañas de Arias Navarro en Málaga; Almendralejo, Badajoz, Guernica…”hay que acabar con el proletariado, destruir las fábricas, nidos de anarquistas y comunistas”. La entrada en la iglesia bajo palio.
José Manuel González
Teatro Kumen es una compañía no profesional, ha cumplido recientemente 30 años de fructífera vida y, si bien tiene una larga lista de premios a sus montajes, nunca le agradeceremos suficientemente lo mucho y bien que trabaja. Desde aquí mi aplauso a este grupo de mujeres y hombres constantes y valientes que, contra mareas ideológicas y tempestades financieras, mantienen encendida la antorcha sobre las tablas.
Opinaban personas más entendidas, tomando los vinos postactum, algunas cosillas que mejorarían el guión; puede ser, pero no me atrevo a criticar a tales esforzados. Como mucho le he dicho a José Ramón que debe revisar la frase: “Y gritaron, Paco, lo que era tu decálogo y el de Mola: ¡Dios, Patria y Rey!”; faltarían siete preceptos para decálogo; en ese momento no sabíamos si figuraba así en el texto o era producto de los esfuerzos de la actriz en un monólogo.
En el mismo sentido, unos días después fuimos a ver la Real Compañía Asturiana de Comedias, un estilo bien diferente, eso que ha dado en llamarse teatro costumbrista, pero que usando la frase de “Dr. Plá y Mr. Floid” se entendería mejor, “¡pintorescos, nos consideran pintorescos!” Los textos están un poco rancios, pero el esfuerzo de gente común, que emplea su tiempo libre en tan noble actividad, me entusiasma. Y luego te sorprenden de repente, “El regateo” recrea una escena absolutamente desternillante entre una pescadera veterana de Xixón y un paisano de’l  Infiestu que intenta comprar dos docenas de sardinas; ¡para dar a los actores oscares, globos de oro, goyas y castañas valdunas!
Bueno, para cerrar, que decía yo que me había contado Javi que se iban a subastar “las cartas de amor de un alférez”. Llamarlo “cartas” pase, “de amor” lo dudo; se trata de las notas que con buena caligrafía y cursi estilo escribía Don Francisco Hermenegildo Teódulo Franco y Bahamonde en Melilla a Sonia Subirán, hija de otro militar a quien el alférez teme, “cuando llega mi padre sales corriendo”. Hija y padre parecen menospreciarlo, “solamente la indiferencia puede ser la causa de su conducta”, pero él insiste, “aunque Vd. no lo merece pues hace  varios días que le he escrito y no he tenido respuesta”. La sala Durán saca a subasta este paquete, que si no para la Historia de la Literatura, puede servir para la Facultad de Psicología: “Le ordeno a Vd. que me quiera”