lunes, 19 de agosto de 2013

¡Dios, qué desastre!


El lunes anterior el Diario habló de nosotros. Como otros centenares de personas aprovechamos la apertura de la carretera entre Andratx y Estellencs para ver en directo las consecuencias del incendio.






Empezamos el recorrido en el otro sentido, tomamos la dirección de Valldemossa, giramos a la izquierda por Esporles, Banyabulfar. A la entrada de Estellencs una estatua de metal de un asno, puede que pariente de Pep, el burro que se ha salvado de milagro en La Trapa, de modo que los vecinos lo han invitado a la Fiesta en Blanco del 16, organizada para alegrarse de que esta parte del paisaje haya quedado indemne. Desde el balcón del Restaurante Vall Hermós se ve todo el esplendor del verde hasta la mar; casi no hay sitio para los coches, la hostelería, que andaba preocupada por el resultado del mes de agosto, respira.




Cuando se llega al alto se pasa un túnel y aparece la tragedia: los árboles tizones negros, los prados pura escombrera, las cenizas grises, casi blancas, reflejan el sol y dificultan las fotos, como en la nieve. El restaurante Es Grau es un ejemplo de la valiente tarea de los bomberos, se ha salvado milagrosamente pese a tener las llamas mismamente en sus cimientos. Es sorprendente que no haya habido víctimas humanas y que se haya salvado el ganado; rapidez de reflejos en la protectora de animales, que abrió sus jaulas ante la imposibilidad de trasladar a los cuadrúpedos asilados. Huele todo a chamusquina, con un olor penetrante que me dura varios días después. No sé si dan ganas de llorar o de quemar un coche oficial.

O de empezar a apedrear despachos. El día 14 se informaba de que el incendio estaba oficialmente extinguido, casi tres semanas después de que un irresponsable arrojara los restos de su barbacoa entre unas matas. Es cierto que en ocasiones estas catástrofes tienen causas naturales, pero hace nada que el Ministerio de Agricultura publicaba una estadística, con una serie larga de años, en la que concluía que en el 96% de los casos el factor humano había sido el desencadenante.

Prevención. En todo el recorrido hemos visto carteles que prohibían hacer fuego desde mayo a octubre, en Estellencs un cartel anunciaba una charla; es decir, la teoría se conoce, falta la práctica, porque con las temperaturas entre las más altas de España en esta semana, con sequía acumulada, está el monte bajo más que seco, una colilla desde un coche  puede encender el infierno.

Como cualquier irresponsable, o un accidente, pueden causar la catástrofe, como la Serra de la Tramuntana es Patrimonio de la Humanidad, como se necesitan 80 años para que esto vuelva a parecerse a lo que era, es menester tener un buen servicio de extinción. Según los datos del Govern la intervención fue muy rápida, las grabaciones del centro de emergencias indican que las primeras unidades llegaron muy pronto al frente del fuego. ¿Cómo es posible entonces que ardiera durante dieciocho días y que se hayan convertido en cenizas 2.335 hectáreas?

Es cierto que la orografía dificulta la intervención, las vaguadas no permiten la entrada de vehículos y el acceso a pie, con vientos permanentes y variables, sería suicida. Reconocido esto, escuchemos a los protagonistas: Los vecinos declaran que los primeros vehículos que llegaron llevaban un único bombero, el conductor. El sindicato CC.OO hizo un informe demoledor en el que se hablaba de descoordinación generalizada y se explicaba que, con los vehículos inmediatos averiados, hubo que recurrir a los de otros parques, material viejo que aportó un chusco rosario de averías, de reparaciones chapuceras, rematado por la penosa, surrealista broma de una autobomba que se tuvo que dejar parada “porque se recalentaba”. El Comité de Empresa del Institut Balear de la Natura (Inbanat) aporta datos tan precisos como que el recorte presupuestario 2013/2012 ha sido del 13’25%, pese a lo cuál se han contratado dos directivos, “que nadie sabe a qué se dedican”, que cuestan 100.000 € (el equivalente a una brigada completa, un brigadista cobra 900 €) y  se han gastado otros 18.000 en imagen corporativa; se han despedido a 39 personas y siguen sin cubrir las bajas por jubilación…

El Señor Conseller de Medio Ambiente, Biel Company, está muy contento de cómo se hicieron las cosas, dice que los problemas vienen de “cuatro o cinco años atrás” (¡vaya!),   -de los cuales, creo conveniente recordar, dos son suyos-. Es que no saben ni Aritmética, vean: asegura que en tiempos de crisis es normal que haya disminuido el presupuesto, pero “niega categóricamente que haya recortes”. ¡Vaya, vaya, esto sí que es la demostración de la cuadratura del círculo!, disminuir sin recortar. A continuación declara que el Comité de Inbanat “hace política”. ¡Vaya, vaya, vaya!
Nota final: Vista la magnitud de la catástrofe, calculadas aproximadamente las dimensiones de las paredes de fuego, no tengo más remedio que descubrirme, sobrecogido, ante las personas heroicas que le han plantado cara al incendio. Desde estas líneas un respetuoso y sentido homenaje, y la alegría de que se haya producido el milagro de no contar muertes.

 

 

 
 

 

viernes, 2 de agosto de 2013

La infamia derrotada




Acudí personalmente a ver el desenlace; por fin M, cocinera senegalesa explotada y vejada en la Sidrería La Dársena, cobraba en efectivo la casi totalidad de los salarios devengados y no retribuidos. La perseverancia del abogado y del juez de lo social han dado como resultado el embargo  de 3.633’48 euros de una cuenta bancaria de Luis Adolfo Peláez Díaz, titular del establecimiento, que vendrán de cine a un matrimonio, ambos en el paro y sin prestaciones, con cuatro hijos.
En agosto del año pasado, en plena Semana Grande de Gijón tuvo este señor Peláez, secundado por su hermana Pilar, un enfrentamiento con sus cocineras que colmó el vaso de cualquier paciencia; además de un nuevo retraso en los pagos,-varios meses sin cobrar-, recibieron insultos muy graves y anduvieron al filo de la agresión física. “Yo pensaba que no volvería a ver más a mis hijos”, me contaba M en la Inspección de Trabajo. Puestas las denuncias correspondientes, apareció un largo rosario de antiguas trabajadoras que testimoniaron haber pasado por circunstancias similares; al menos desde diez años atrás era práctica habitual en este establecimiento contratar a personas inmigrantes y no respetar sus derechos, en la seguridad de que no sabrían emprender acciones legales. Incluso se vanagloriaban de estar bien relacionados en Gijón, como garantía de impunidad.
No me perdí ni uno solo de los juicios. Esperando por el primero, en la cafetería frente a los Juzgados, entró el incalificable Luis Adolfo y, al ver los colores de piel de las testigos, exclamó “¡Vaya tropa!”  Media hora después reconocía ante el juez la improcedencia del despido y, sin necesidad de vista, sin llamar a declarar a la tropa, se avino a pagar.
A los siguientes ya no se presentó, aunque sí lo hizo, puntual y solidariamente, la tropa. Se negó a recoger las citaciones judiciales, incluso tuvo cerrado el establecimiento seis meses, como si escondiendo la cabeza desapareciera el problema. Perdió, claro. Las condenas suponen pagar; no lo ha hecho de manera voluntaria, de modo que el juez ha realizado la investigación de sus bienes y ha embargado algunos de ellos, empezando por las cuentas corrientes.
Una actitud de agradecer, así como la perseverancia, la paciencia y la generosidad de Rafa Velasco, el abogado, y el trabajo de apoyo de Sofy, de María, de José María, de Xaime…de tantas personas que han hecho suya esta causa y la han conducido a buen puerto.
No podemos estar tan contentos con la colaboración de la Inspección de Trabajo; desde la primera denuncia, puesta el 20 de agosto, pese a la gravedad de los hechos, pese a que “los de La Dársena son viejos conocidos”, pese a que Pilar Peláez Díaz anduvo toreando a la inspectora, pese a los escritos informativos que recibió, no ha sancionado al establecimiento como se merece; el riesgo de que siga pisoteando trabajadores es serio.
Unas letras para saludar afectuosamente, en cambio, a las funcionarias de la Inspección, que, con paciencia franciscana, han aguantado nuestras medidas de presión, han sellado uno por uno los doscientos escritos de reclamación presentados por registro, han salido en fotos sin tener culpa y aun así se alegrarán de que una trabajadora vejada y explotada reciba justicia.
Una última línea: La Dársena aún debe a M las siguientes cantidades: 208’91 € de principal y otros 581’35 de intereses y costas. Os aseguro que las pagará.