viernes, 30 de mayo de 2014

Asesinato laboral


“Armón acumula más de 90 accidentes con baja en sus dos años de actividad”, titula un diario regional, en ellas se incluyen dos muertes en los últimos diez meses. Las autoridades laborales del Principado y los representantes de las dos principales centrales sindicales manifestaron el martes desconocer estos datos.
La plantilla del astillero está en huelga indefinida desde el lunes 26; ha tardado en explotar, pero la muerte de Agustín Garrido Menéndez, soldador de treinta años, ha podido con la franciscana paciencia de unos trabajadores que sufren condiciones del siglo XIX. No puedes mirar a los encargados a los ojos; como a los carceleros de las películas americanas”.


Un compañero de la joven víctima escribe una patética carta que nos ha llegado con el título Muerte en el astillero: “Existe un Ley de Seguridad que no se está cumpliendo y no se ve a la Inspección de Trabajo pasar por allí y tomar nota, os puedo asegurar que si lo hicieran, el astillero tendría que cerrar sus puertas.Parece mentira que una Administración gestionada por un partido donde en sus siglas aparecen las palabras, SOCIALISTA y OBRERO, pueda dejar pasar esta ocasión para cumplir con su obligación y poner a este mal llamado empresario en el sitio donde corresponde, enfrente de la Justicia”.
Asesinar: Matar a una persona alevosamente, o por precio. Las circunstancias de este fallecimiento sobrepasan la actuación de las autoridades laborales, deberían entrar directamente en la jurisdicción penal. Agustín se muere por asfixia al estar soldando en un recinto cerrado; de acuerdo con la legislación no debería permanecer solo en el puesto, no había extractores de humo (los gases de la soldadura desplazan al aire limpio), no llevaba medidor de oxígeno y se incumple la norma de salir a respirar cada cierto tiempo, impulsados por los encargados a mantener el ritmo ocho horas. Alevosamente y por precio.
Por otra parte hay un intento de ocultación de pruebas. De acuerdo con la versión de las personas próximas al lugar del fallecimiento, lo que la autopsia certifica como muerte por asfixia quiere hacerse pasar por un ligero desfallecimiento, una lipotimia de andar por casa. Mientras llega la ambulancia, cuadros de la empresa revisan el tanque e intentan dejarlo en situación de normalidad; "inspeccionable", vaya.
Un portavoz de Foro, ese partido turbio que gobierna en el ayuntamiento de Gijón, declara “No tengo dudas sobre el astillero en cuestión de seguridad”; una de esas irresponsabilidades habituales de quienes están siempre a favor del dinero. Los que sufren esas condiciones no opinan igual,“MUERTE EN EL ASTILLERO Lo primero mandar a la familia y a la novia de Agustín mi más sincero pésame, por la trágica pérdida que han sufrido en este “accidente”. Esta muerte ha sido tan dolorosa como anunciada. En el Astillero no ha sorprendido a nadie, las condiciones de inseguridad e insalubridad que estamos padeciendo no las recuerdan ni los más viejos trabajadores”.
Es una connivencia difícilmente justificable desde el punto de vista moral, igual que la de la prensa que oculta las movilizaciones para no indisponerse con el patrono, o que la de una Consejería de Industria inválida y sorda a los clamores, “Solo espero que esta muerte no sea en vano, si la dirección del Astillero no mejora la seguridad de la gente que está trabajando allí espero que la Administración, tome cartas en el asunto y actúe de oficio”.
Ayer, hablando en la calle en uno de esos días de orbayu astur, más gris que nunca por las circunstancias de las que veníamos cada uno, de soportar irresponsables políticos, Héctor se encendía explicándome la larga lista de denuncias infructuosas a la Inspección de Trabajo, de cómo era sólo cuestión de tiempo que hubiera un muerto. Ya lo hay.
Termina la carta, “Hoy fue Agustín, pero mañana nos puede tocar a cualquiera de nosotros. Cuántas muertes vamos a ser capaces de soportar antes de que reaccionemos, no pedimos que nos suban el sueldo, aunque estamos ganando menos dinero que nunca. Lo único que exigimos es volver a nuestras casas cada día, sanos y a salvo. En mi modesta opinión hay una diferencia entre un accidente laboral y lo que sucedió a este chico. Para mí un accidente laboral se produce cuando las empresas ponen los medios necesarios para que estos hechos no sucedan, y los trabajadores reciben una formación en cuanto a seguridad en el trabajo. Pero cuando esto no es así, como el caso que nos ocupa, estamos más cerca del homicidio involuntario que del accidente laboral”.
¿Involuntario? Hombre, a la empresa no le interesa una muerte, da mala imagen, pero sale más barato no poner las medidas de seguridad; el trabajador puede ser fácilmente sustituido, una paga a la familia y a seguir. Esta mañana, a las 7, leo el periódico habitual y ni una palabra de que ayer las plantillas de las empresas en crisis se han manifestado por las calles de Gijón exigiendo responsabilidades a la dirección de Astilleros Armón; amanece el quinto día de huelga.



      Fotos: Las tres primeras de Carlos Tuñón, la última de Víctor Cuetos. Gracias por vuestra amabilidad.                   

lunes, 26 de mayo de 2014

No hay pueblo sin boñigas



Ahora vamos a tener que dejar de representar la obra. El lunes 12 por la tarde llegó la noticia  de manera sorprendente, llamé a Ramiro y enseguida me contó que eran asuntos entre ellos; pero claro, no procede representar la parodia de una asesinada.
Los correligionarios enseguida han cargado las tintas, ¡faltaría más!, contra sus críticos; ABC en su editorial aseguraba que los cuatro tiros tenían que ver con los ataques verbales “a la casta política”. La libertad de expresión encontró acomodo en la Red; junto a mensajes de mal gusto aparecieron notas de humor negro ibérico: “Masacre en León. Han tiroteado a la presidenta del PP, a la presidenta de la Diputación, a la presidenta del Instituto leonés de cultura…” y así hasta relacionar los innúmeres cargos que acumulaba Doña Isabel Carrasco, q.e.p.d.
Esa era, precisamente, una de las líneas argumentales de “No hay pueblo sin boñigas”, la obra que Con Testa Teatro representa por las pedanías leonesas con notable audiencia. Se estrenó en el Instituto Padre Isla aunque su autor, Ramiro Pinto, prefirió seguir en la Columna asturiana de la Marcha de la dignidad, que asistir a la primicia. Estuvimos juntos a explicar el 22 M en Benavente, al regreso nos llegaron las noticias de que había resultado un éxito. Luego no pude estar en Mansilla de las Mulas, por eso no quise perderme la tercera representación, en Trobajo del Cerecedo.



Cuando la ven por primera vez, algunas personas creen identificar a los personajes, porque hablan de problemas universales; es el caso de Riello, donde unos alemanes aseguraban ver representados a políticos de su país…”, comentaba el autor en la cariñosa presentación; saludaba que justo un mes antes se había unido a los caminantes asturianos hacia Madrid y me sonrojaba dedicándome una parte del discurso. En el vino posterior le hice constar, “Ramiro, no viene tu nombre en el cartel”; la humildad: “bueno, es que los actores han aportado tantas cosas que ya es una obra colectiva”. Porque amo el teatro, admiro las compañías de aficionados; me esfuerzo en verlas más que a las profesionales, porque su labor roza lo heroico. Han hecho los de Con Testa unas muñequitas de trapo, a modo de broches, para sacar dinero; “la caja de resistencia”, lo llaman, porque solamente haciendo algo de caja pueden mantener las representaciones.
En escena cuatro personajes: Campesina, vaca, gallina y Mabel la del casco; con rima facilona: “¡Toma del casco, Carrasco!”. Se parece mucho, mucho, (“son personajes ficticios…”) a la fallecida presidenta del PP leonés; desde luego más que la vaca a una vaca y casi tanto como la gallina a una gallina. Mabel: “¡Progreso, progreso, progreso!; y cuando no funcione lo llamaremos crisis”. Campesina: “Dicen que quitemos los nidos de las golondrinas, pero, ¿a quién molestan las golondrinas?” M: “¿No queréis un pueblo con sanidad  y progreso?” C: “Antes nos bañábamos en el río, ahora han puesto piscinas y tenemos que pagar, ¡si hasta nos van a hacer un aeropuerto!” La vaca lo tiene muy claro: “Tú me ordeñas a mí, ¡y ellos te ordeñan a ti!”


Los cambios que el gobierno del PP quiere introducir en la Ley de Régimen Local llevan a la desaparición de las Juntas vecinales, alejan las deliberaciones de sus protagonistas y vuelven la gestión incontrolable para la población; facilitan las decisiones arbitrarias y la corrupción. En el último cuadro, campesina, vaca y gallina desplumada se rebelan y corren a gorrazos a Mabel, la del casco, entre enfervorecidos aplausos del patio de butacas. Menos drástico que el revólver.