lunes, 27 de julio de 2015

Las aguas de León




El nombre, nos dan; llamaron Astura los romanos al río Esla y todas las tribus próximas, incluso a este lado del Payares, fueron bautizadas así. Las aguas, por acción u omisión, por presencia o por ausencia, nos relacionaron. Íbamos los astures de acá a León, “a secar”, a la par que nos refrescábamos en las frescas corrientes del Porma, del Esla o del Órbigo. Con diez años vi por primera vez el pantano; me impresionó, sobre todo cuando en un paseo desde los Barrios de Luna descubrí, sobresaliendo, la torre de la iglesia y algunos tejados; un mundo obscuro que guardaba entre el lodo historias de muertos, fantasmas y monstruos…
…La tertulia del Café Amèlie (Padre Isla, 10), se reúne cada primer viernes de mes. Trataba de pantanos, Diferentes formas de mirar el agua, de Julio Llamazares, que no pudo asistir, contra lo que es habitual en estos encuentros. “No solamente te echan de tus tierras en vida, sino que al final tampoco hay un lugar para enterrarte", así que la única forma que tiene Domingo de regresar es ya en la urna, hecho cenizas, para ser esparcido sobre la superficie de “esa gran fosa común hecha de agua”. Aguas. Aguas que tapan pueblos arrasados; encenagadas ruinas llenas de fantasmas, “que han de vivir entre ellas convertidos en unos peces más”, reflexiona el nieto.

Tertulia del Café Amèlie
El retrato de gentes de la montaña, con hombres silentes, “Como no expresa sus emociones, es difícil saber qué piensa”, “me desconcertaba un poco por su hermetismo y por su dificultad para expresar sus sentimientos”, aunque no insensibles, “…el carácter seco de los campesinos de las montañas…ese espíritu áspero y tierno a la vez”, “…me gustaba la forma en que trataba a toda la gente, con educación. Incluso con aquellos a quienes reprochaba algo…” Y mujeres que viven en función de los otros, “…lloran siempre por sus hijos, por sus padres, por sus hermanos, siempre por otras personas, nunca por ellas mismas”, y que en todo momento saben todo, “creo que son orquídeas silvestres; se lo preguntaré a mi abuela cuando acabemos, ella seguro que las conoce”.
Alicia Millán
Octavio F. Zotes
El coloquio trata poco de Literatura y mucho de seres humanos. El pretendido progreso que ahoga pueblos y vidas no tanto para mejorar la agricultura como para dar de ganar a los del cemento. La tristeza del desarraigo. Lydia nos explicó como el regadío había sido una bendición para el Páramo, que para eso es tertulia, para contrastar. Las gentes de Riaño piensan que fue más el daño que el beneficio…Y ya, a una hora prudencial, se levanta la sesión; previamente se ha elegido, por sorteo entre las sugerencias, la obra para septiembre; en agosto casi vacaciones, no hay libro, sino peli: Amèlie.
El sábado pasamos el día (luminoso) en Mansilla de las Mulas. Tener el río para mí solo ha sido un lujo con el que no contaba. En La Curiosa saludamos a las amistades, me honra con su abrazo Toño Morala, fotografío a los poetas y nos regalamos la magnífica cocina del cuidado establecimiento. Los poetas, las poetas, van a a San Miguel de Escalada. Sexto encuentro, “Ánimula, vagula, blandula”. Sorprendente: en una tarde de sábado veraniega más de cien personas en un templo apartado, cabe la ribera, escuchando poesía, enmarcada por el violonchelo de Miguel Ángel Viñuela, que nos obsequia con música popular y culta. Todo gracias al esfuerzo de Alfredo García. ¡Enhorabuena!
San Miguel de Escalada
Ecce homo
El domingo nos obliga a optar; mientras desayunamos en el Pasaje, el café donde los sábados se reúne la tertulia de Gamoneda, charlamos con Ramiro de las dos posibilidades: gregoriano en San Miguel de Escalada o el canto de vísperas en Santa María de Sandoval; él no puede acompañarnos, desafortunadamente. Elegimos la segunda, fundamentalmente para saludar al amigo Felipe Santamarta y sus compañeros de ProMonumenta, que nos regalan un interesante concierto (también aquí están todos los asientos ocupados) y una visita guiada al monasterio, una joya en peligro. No escribo nada al respecto, aconsejo encarecidamente ir por allí cualquier domingo, merece la pena. Solamente dos anécdotas: Entre los relicarios que se pueden ver en la trasera del retablo cabe destacar el de los Santos inocentes, que ya es visión histórica que una madre haya guardado los huesecillos de alguna de las víctimas de Herodes. Por otra parte nos cuenta Felipe como, después de la Desamortización, terminó Santa María en manos de una familia Valbuena de León; los nuevos amos pretendieron que los vecinos del pueblo fueran suyos, en el sentido más medieval de la expresión; eso dio lugar a un complicado pleito que se resolvió en tiempos de aquella dictadura de los años veinte, con lo que durante algún tiempo Villaverde de Sandoval fue Villaverde de Primo de Rivera

Canto de vísperas en Santa María de Sandoval

Nos trajimos la revista de la Asociación de amigos del patrimonio cultural de León, un lujo que conlleva un trabajo casi heroico. Contiene el último número artículos, entre otros, acerca del XI Centenario de Ordoño II, los cementerios de León como patrimonio olvidado, los SOS habituales sobre monumentos en peligro, y uno que me agradó particularmente que trata de las canciones de las guerras coloniales, aquellas a las que nada más que iban a morir los pobres para defender negocios ajenos: Golondrina, golondrina/ que vas a tierra de moros,/ en tu patria y no en la mía/ está luchando el que adoro
Enlazan con la mejor tradición popular, incluso en formas como los romances, y han quedado sujetas a la memoria durante años: el sorteo de quintos; los llantos de madres, hermanas y novias; la distancia, apenas mitigada por las cartas; las noticias de los desastres. En el Barranco del lobo/ hay una fuente que mana/ sangre de los españoles/ que murieron por la Patria. /Pobrecitas madres/ cuánto llorarán/ al ver a sus hijos/ que a la guerra van. Incluso nos explica el autor el origen de una pieza que aún se canta en las reuniones alegres, esa en la que se menciona al vino de Asunción, “Era la Asunción Martos una cantinera que servía al Batallón de cazadores de Talavera, célebre, al parecer, por su habilidad para bautizar el vino para la tropa”.
No sé si el esfuerzo de las animosas huestes de ProMonumenta será suficiente; sinceramente, lo dudo. Dejamos Santa María de Sandoval, que necesita mucha obra para que no se venga abajo, y seguimos a comer a Mansilla, esta vez en El Hórreo; me acordé que no hace mucho escribía a mi buen amigo Paco Robles, natural de esta villa, niño de la Guerra exiliado en Londres, que el paño norte de la muralla amenazaba ruina. Esperemos que no haya que repetir la cita que Llamazares hace en su libro: “Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos y llorábamos acordándonos de Sión” (Vale León)