viernes, 14 de agosto de 2015

Empresarios con mala pata


 
Al final tuvo que dimitir. No rectifico, aseguró, pero como suele ser habitual en estos casos dijo que se le había interpretado mal y vino a matizar sin que nadie se lo solicitara. Don Jorge González Arango, presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios había cargado contra el equipo de gobierno de la corporación municipal ovetense en un discurso en la Feria de Muestras. No le había parecido bien que los nuevos concejales hubieran puesto en cuestión su anterior acuerdo con el Ayuntamiento.
En sus explicaciones, -no pedidas-, asegura que cuando habló de “políticos de tercera” se refería a que el partido del alcalde había quedado en tercer lugar. ¡Vaya, qué mal entendemos! A mí no me parece que quiera decir lo mismo la frase grabada: No vamos a permitir que políticos de tercera división duden de la legitimidad de lo que la AJE hace…Claro que no estamos tan preparados como él, que asegura en la página electrónica de su empresa (Recruiments solutions, nada menos), que está diplomado, bilingüe para más señas, por la Universidad de San Francisco. No lo pongo en duda, pero tener un título no es garantía de saber estar.
Inmediatamente pasa a exigir libertad de actuación, que es un asunto recurrente en ciertos empresarios. Si no va a ayudar, mejor se aparta, porque le vamos a pasar por encima. Esto no lo va a parar nadie; vamos a levantar el país, porque estamos saliendo de la crisis. Contundentes, los jóvenes empresarios, pero, ¿qué es esto de la AJE? Según su propia página son un colectivo de dirigentes de 260 empresas con una media de edad de 35 años. No quiero ser hablador, pero si ésa es la media habrá bastantes que, como este presidente de verbo ligero, peinen canas. Una moda, esto de hacerse pasar por joven, que no lleva a ninguna parte; ideas y capacidad de gestión son más importantes que la fecha de nacimiento.

Porque debo señalar que en la moderna página de Recruiment solutions figura el Sr. González como vicepresidente de AJE; les advertí del error, una empresa especializada en tratar currícula ajenos debería tener bien hecho el propio, pero  seis días después seguía mal. En la de la AJE no se hacía a los hechos más referencia que, ante la dimisión, subía un puesto en el escalafón la señora vicepresidenta.
Gustan algunos empresarios de verse en los medios, como los futbolistas, sin considerar que quien mucho habla mucho yerra. En mayo Don Serafín Abilio, un veterano patrón del sector de la construcción, se quejaba de cómo se repartía la obra pública en Asturias y no se ahorraba un estúpido recadito machista a la consejera de Fomento, Belén Fernández: «Hay una consejera que no cabe duda que es una señora que conocerá sus labores, pero de esto no tiene ni puñetera idea».  Otro maestro de empresarios El expresidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, dijo, en octubre de 2010, que la única manera para salir de la crisis es "trabajando más y ganando menos"; tan ejemplar personaje está acusado de pertenecer a organización criminal por las quiebras nada casuales de AirComet, Viajes Marsans y Seguros Mercurio, y el intento de ocultar su patrimonio para aparentar insolvencia.

Curiosamente ha perdido su chalet y su yate a manos de otra figura estelar, Fernando Martin, que con Matinsa-Fadesa consiguió el dudoso éxito de presentar la mayor suspensión de pagos de la historia de España. Muy dado también a salir en la prensa, -incluso anduvo por las alturas del Real Madrid-, sus aires de grandeza le llevaron desde una pequeña constructora que llevaba su apellido a comprar otra cuatro veces mayor, Fadesa, basándose en financiación bancaria. Compró en el peor momento del ciclo; cuando empezó a tener problemas acusó a la familia que se la había vendido de falsedad en las cuentas, perdió juicio tras juicio. Cargó entonces contra los bancos, porque no le facilitaban el crédito, al final terminaron liquidando la ruina de empresa que había logrado. Bueno, pues el Díaz Ferrán hizo una compra de acciones de tan interesante proyecto basándose en que subirían de precio por la brillante gestión de Fernando Martín, como sucedió al contrario no pudo pagar y yate y chalet pasaron a engrosar el patrimonio de un conocido banco.

Suelen ser los jefes bancarios más discretos, pero algunos se saltan la norma, como es el caso de Jaime Botín, que a veces se asoma a darnos lecciones en las páginas de El País; le han pillado escondiendo un Picasso, a este ejemplo de virtud. Antaño mandaba en Bankinter, una sociedad que dejó en mal lugar a su hermano Emilio (qepd). Cuando estalló la crisis financiera en 2008 Don Emilio enseguida sacó pecho diciendo que en USA no sabían, habían abandonado la banca tradicional y así les iba; a los pocos meses tuvo Bankinter (o sea, Botin) que empezar a reintegrar el dinero a los clientes a los que había vendido bonos de la quebrada Lehman Brothers. Todavía hoy, agosto 2015, el Tribunal Supremo ha obligado a que devuelvan 250.000 euros a la Congregación de la Misión de San Vicente Paul por venderle bonos apestosos. ¡No tienen perdón de Dios!

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martes, 11 de agosto de 2015

Hay que ponérsela bien al otro



Llegaron a ocupar el espacio donde unos minutos antes se entrenaban las jóvenes de balón-volea, a mis espaldas. Los varones que observaban el espectáculo acodados en la barandilla se habían ido a la vez que los escuetos biquinis, esas prendas hechas de un material que desafía la ley de la gravedad. Cuando yo jugaba al fútbol siempre llevaba la goma del pantalón al sur de la barriga, aún sin tener la tripa sidrera, y las medias a la altura de los tobillos; para mi estupefacción estos uniformes parecen adheridos a la piel.

Padre e hijo se pusieron a jugar con las palas playeras, red por medio. El niño enseguida empezó a cambiar las normas del juego para no perder. Sin verle oía su voz imperiosa, “¡Ahora sin tantos!”, e inmediatamente me acordé de nuestro querido presidente de gobierno, -estos días de vacaciones, el sufrido estadista-, que dicta leyes a su medida. Que la gente se queja de los desahucios, norma al canto. Y cuando digo canto es porque en enero entre mi amigo Migueli y yo patentamos en Valladolid la forma de publicarlas, como la letanía de la Lotería nacional: “Por oponerse a un desalojooo…¡treinta miiil eurooos!”

Que le pegas con la boca a la bota de una policía, “Por resistencia a la autoridaaa…¡treinta miiil eurooos!” , que una amistad fotografía la agresión, “Por grabar a la policiaaa…¡treinta miiil eurooos!”

El niño seguía con dificultades para derrotar al padre, así que volvió a alterar las normas, “No hace falta que pase sobre la red”. Que rodeas el Parlamento para llamar vagos a sus inquilinos, “Por entorpecer la democraciaaa…¡treinta miiil eurooos!”, que te manifiestas ante la casa de un político corrupto, “Por agredir a un representante del pueblooo…¡treinta miiil eurooos!”

Mariano no despega en las encuestas, habrá que ver qué se le ocurre de aquí a noviembre; posiblemente tendrá que recurrir a la manida frase (¡así se las ponían…!) dedicada a aquel monarca, tan inútil para jugar al billar como para regir los destinos del reino, a quien sus lacayos le debían colocar las bolas para que no hiciese el ridículo. Como al pobre chaval, que al final se desesperaba porque no pillaba una; amenazando con la raqueta clamó: “¡¡¡Hay que ponérsela bien al otro!!!”