martes, 27 de octubre de 2015

El Popular quiere mejorar


Me escribe una persona del Banco Popular, Departamento de atención al cliente, que firma de manera automática, pero no se identifica, “lamentando profundamente los trastornos que de forma involuntaria me han originado”, al tiempo que agradece que les haya señalado sus errores, para corregirlos. Buena voluntad, sí señor. O no, que diría Mariano.
Empieza todo esto en el verano, cuando recibo el panfleto que ilustra este artículo. Las funcionarias de Correos desde Madrid hasta Langreo, pasando por los centros intermedios de clasificación de correspondencia, han tenido nítida noticia de que el señor que figura en la dirección particular, claramente escrita en la portada, ha sufrido el bloqueo de su tarjeta Visa. Espero que la vecina del cuarto no se haya enterado de que he perdido todo mi crédito en esta prestigiosa entidad bancaria, mi reputación financiera por los suelos; máxime si se da cuenta de que el Banco hace referencia a un decreto que regula la llamada Ley de prevención del blanqueo de capitales y de la financiación del terrorismo. Ella, que ya desconfiaba de mí porque leo libros.
El 16 de septiembre les escribo quejándome de que mi nombre y dirección anden de mano en mano y les comunico que no pueden cancelar lo que no existe, puesto que ya había dado de baja la tarjeta muchos meses antes, en carta dirigida a Viajes Halcón, debido a la ineptitud organizativa del banco. Dieron a ello un tratamiento protocolario, con apertura de un expediente y un par de escritos previos a este último, explicándome todo el proceso. ¡Profesionales!
Ayer, por fin, más de un mes desde mi carta, me comunican que ya lo han resuelto, ¡qué peso me quitan de encima! Ahora bien, no han entendido nada, veamos: “nos manifiesta su descontento por el bloqueo de su tarjeta de crédito”. Incorrecto, ellos no bloquean nada, el citado documento había sido desechado por mí, por su inutilidad; la queja, que no han querido entender, era por usar medios de comunicación que atentan contra la privacidad y que suenan a chantaje. Usé exactamente esa palabra, pero han preferido no tomarla en consideración, no dedican ni una sola línea de rectificación a sus métodos.
No son perjuicios causados “de manera involuntaria”, en absoluto. Se trata de una campaña encargada a una empresa de publicidad, con elementos comunicativos caros, franqueo concertado y su correspondiente referencia, 0L/DNI/07.15; por ende, aprobada por sesudos varones bancarios,  no es en absoluto una ocurrencia de un inexperto becario.

Podría quizá aceptar su propósito de enmienda, así que me entretengo, con toda mi buena voluntad, en leer con detalle las seis páginas que adjuntan a su amable misiva, y me encuentro la tajante prueba de su genuino interés por los clientes: Se trata de dos cartas, una a Adicae Galicia y otra al Banco de España, junto con las copias de pantalla de una serie de operaciones, - oficinas 0238/8209 y 0075/7202-, mediante las que quieren demostrar que han actuado correctamente y no han cobrado de manera indebida comisiones a un ciudadano a quien no tengo el gusto de conocer, portador del DNI 75… cuyo nombre completo corresponde a las siglas LJFTG, que ha tenido la mala suerte de usar las tarjetas Visa Hop, Visa Master, Visa Classic, Punto Oro y Solred Colectivos, en operaciones con el Banco Popular. ¡Como para quererlos!

martes, 13 de octubre de 2015

Con la venia, Sr. Serrano




Hago referencia a su artículo del viernes, en el que recomendaba a la ilustre letrada, Señora Taboada “guardar sala”. Bien sé que no es usted usuario habitual de medios cibernéticos, pero debo recurrir a ellos puesto que no tengo la posibilidad de acceder a las redacciones analógicas; claro que, como Usted bien me dice, jamás llegaría a publicar en ellas, con esta manía perfeccionista de corregir cuanto escribo.

Habló la Señora Taboada, en calidad de vicealcaldesa, acerca de los Premios Princesa de Asturies y abrió con ello el cofre de Pandora; todas las fuerzas vivas cargan contra ella, pedirán su dimisión y puede que el ostracismo. No es su caso, discrepo del fondo de la crítica, pero le felicito por las formas; Usted sí que sabe distinguir entre la ironía, el sarcasmo y la mofa, plausible en estos tiempos en que se cuida tan poco el estilo. El mismo periódico que fue pionero en editar un libro al respecto, hablaba de una señora de Ucrania que acaba de ganar, según su titular (*), el premio Novel.

Es curioso que en este momento que hay centenares de periodistas en paro, que los titulados han desalojado a los veteranos corresponsales de aldea, sean los mejor formados peores redactores que los aficionados. En el mismo diario donde usted publicó su crítica se daba al día siguiente esta noticia: “Arlós tierra de vinos. Elegimos las mejores uvas para que salga bueno” ¡Hasta ahí podíamos llegar! Poco futuro tendría un viticultor que afirmara lo contrario, “embotellamos la puxarra, que la gente es boba”. Me recuerda una de las anécdotas que me ocurrieron en una época en que hacía selección de personal. Se presentaron a la entrevista dos personas, padre e hijo; al progenitor le costó trabajo entender que debía abandonar el despacho, puesto que no era él quien aspiraba a la plaza; tuvo que salir recalcando: “¡El neñu ye muy trabayaor!”

Un titular puede convertirse en un editorial, bien lo sabe Usted. Y una foto. La que ilustra este artículo está firmada por Irma Collin, joven veterana; el resto del reportaje no desmerece, como comentaremos. Cuando vi la imagen la primera cuestión que me vino a la cabeza es que a mí me pasaba lo mismo: desconfiaba de la leche de antes; se hervía, y como la que traía la Jorobina de Cuturrasu no estaba demasiado bautizada, criaba una nata amarilla muy buena para hacer galletas. Pero si no se colaba bien a mí esa nata me daba un asco que me moría, así que mientras todos la bebían con dedicación profesional, -como en la foto-, yo pondría cara de repunantín mientras examinaba el vaso, no sea el demonio que tenga nata.

Anda el Señor Sánchez de gira, generando imagen, seguido de una compañera que lo cuenta casi todo en las Redes,  aunque a veces parece que se la organiza el enemigo, porque la cara que pone delante de las vacas (*) y esa expresión de “¡Madre mía, yo pensaba que eran más pequeñas!”  son tan dignas de figurar en una antología de la campaña boba como cuando, hace apenas cuatro días, dejó tranquilas a las buenas gentes de las cuencas mineras asturianas al asegurar en La Felguera que “No se cerrará la planta de Hunosa”. O la ocurrencia de discrepar en público sobre el cupo vasco con su delegado en estos lares, Sr. Fernández, Javier. Supongo que estará Usted de acuerdo conmigo, Señor Serrano, en que al gabinete del líder de la oposición hay que aplicarle un ERE, por bajo rendimiento continuado.


Pero no andábamos en esto, hablábamos de princesas. Mire Usted, yo suelo ir todos los años al Campoamor; para ser más preciso enfrente, a la Escandalera. En queja cívica por una fiesta que ha pasado a sustituir a la ópera en cuanto a escaparate de vanidades; hace unos años los eventos líricos eran tratados más por un cronista de ecos de sociedad que por un crítico musical; ahora ya pueden acudir gentes sin corbata y otros proletarios, que han vuelto demasiado vulgar la temporada. Sin embargo, a los Premios hay que ir por rigurosa invitación; no se cuela nadie, y los obreros van limpios de casa, con sus acompañantes vestidas de señoras, aunque se las distingue bien de las que lo son de verdad, (por el estilo, ya Usted me entiende)

El populacho debe estar afuera, convenientemente vigilado por un guardia malencarado cada veinte metros. Claro que la gente va cansando; en los tres últimos años se concentran algunos cientos de personas a las puertas del Reconquista y del teatro; en el trayecto por General Yagüe, Toreno y primer tramo de Uría no tiene más espectadores que los propios policías, así que los invitados menos glamurosos, que hacen el trayecto a pie, se avergüenzan y no caminan por el centro de la calle, sino por la acera. Para dar sensación de gentío ha venido bien la contratación de todas las bandas de gaitas disponibles, y los premios a la Cruz Roja o a la ONCE, que llevó a sus afiliados por centenares en autobuses. Era de ver, a la entonces princesa, Letizia Ortiz, saludando desde su coche, las ventanas cerradas, con la mejor de las sonrisas y un elegante movimiento de manecita, ¡a los ciegos! (Perdón, y a las ciegas)

No estoy en contra de premiar a Susan Sontag, por poner un ejemplo, o a Padura, o a Lledó, o a los descubridores del famoso bosón, ¡faltaría más! Ahora bien, la Fundación no está desarrollada para eso; Graciano no engañó a nadie, desde el principio dejó bien claro que se creaba para relacionar mejor a la institución monárquica con Asturies; es decir, es una herramienta de promoción de la Corona. Ese es el terreno de juego; por ende, sí a que se fomenten la sabiduría y la investigación, no a que se haga publicidad, a mi costa, de un anacronismo antidemocrático. Caro, además. Volveré a estar este año en el Campoamor; enfrente, quiero decir.

(*) Agradecido a Isabel Menéndez y Vicente Morales por su colaboración con estas noticias.

jueves, 1 de octubre de 2015

When I’m sixty four





Por fin lo he conseguido. Después de seis años en la escuela unitaria y otros seis de enseñanza secundaria, bajo la premisa de la letra con sangre entra llevada a rajatabla; después de un examen de ingreso en el Bachillerato, dos reválidas, un curso preuniversitario, por si no hubieran bastado controles trimestrales y anuales; después de tres años en la Escuela Normal del Profesorado de E.G.B. donde me enseñaron que un buen maestro debe hacer exactamente lo contrario de lo que nos dijeron; después de tres millones de cursos, cursillos, simposium y stages en empresas multinacionales, rematados con diplomas para los que no me queda pared suficiente; al fin lo he conseguido: ¡No soy nadie!
Esa felicidad de no tener más compromisos que los que uno voluntariamente adquiere, de no verse obligado a sonreír a quien no lo merece, de escoger con quien toma una botella de sidra, y de no tener más objetivo que cumplir que el de ir envejeciendo con dignidad junto las personas a quienes se estima, explicando sus experiencias a quien las quiera oír. ¡Vita beata!
Es curiosa la necesidad de etiquetar. No hace mucho, a invitación de mis buenos amigos del Ateneo Republicano de Asturies, participé en una mesa redonda en Gijón en la que pude acometer contra el siniestro Wert y sus planes deseducativos. Me quejaba de que intentaba cargarse las Humanidades, quitar la Filosofía, al tiempo que nos colocaba la Religión  (católica, desde luego). Vine a decir, para escándalo de algunos familiares, que “se quiere sustituir la Ciencia y la Razón por cuentos y leyendas”. La prensa lo usó como titular y, no sabiendo cómo catalogarme, me llamaron “profesor universitario”; pido perdón por ello, aunque no fuera mi culpa, a tan distinguido gremio. Pero el asunto no quedó ahí; uno de los oradores, edil él, se dirigió a mí para preguntarme si yo era concejal del Ayuntamiento de Langreo. Cuando le dije que no quedó dubitativo, quizá tuviera otro cargo: “¿Entonces…?” Se  lo dejé claro: “Nada, yo no soy nada”. Como mucho, -para regocijo de Mariol-, me presentaba, en las charlas acerca del libro de las Marchas de la Dignidad, como “un chaval del Barriolpilar”. Lo fundamental es “qué” se dice, no el rótulo de quien lo dice.
Hoy, primero de octubre, era en mi infancia festivo. Yo vacilaba a los amiguetes diciendo que se celebraba el día que mi madre me soltó en el Barrio. Por Cesárea. La inmensa mayoría de los chavales nacíamos por Cesárea; no era que operaran a las madres porque fueran incapaces de cumplir con la misión de su sexo y condición, sino que se llamaba así la matrona. Digo que vacilaba, pero la fiesta no era por eso, y bien que lo sabía, por la escuela; se conmemoraba el Día de la Exaltación de Su Excelencia el Generalísimo a la Jefatura del Estado. Así, con mayúsculas. Luego me enteré que, como en tantas otras cosas, nos mintieron, porque el Decreto tal era del 29 de septiembre, en Burgos; tampoco me importó mucho, porque era el día de San Miguel y porque a mí qué más me daba que Franco se exaltara, tan viejo que era ya desde joven.
Y sobreviví hasta esta fecha que en mil novecientos sesenta y siete parecía tan lejana, cuando murmuraba con Lennon When I’m sixty four; ahora ya solamente ansío degustar una botella de vino (Birthday greetings bottle of wine) en la buena compañía de la mujer que me ha soportado, que me ha ayudado, que me ha amado durante los últimos ya casi cincuenta. Sin embargo, no aspiro a alquilar una casa de campo en Wight, -nómada de mí-, ni a ver nietos en las rodillas, ni a quitar las hierbas del jardín, -el trabajo es sagrado, no lo toques-, ni a felicitarla por San Valentín (Will you still be sending me a valentine). Yo soy más de Sant Jordi, ese que tenía espada y un caballo muy valiente para pelear con dragones, y en cuya fecha se regalan rosas y libros. Por eso tiendo más a tararear  Els vells amants, producto del mismo año

I per Sant Jordi ell li compra una rosa
embolicada amb paper de plata.
I per Sant Jordi ell li compra una rosa
mai no ha oblidat aquesta data...

La semana pasada conocí exactamente a su representación física. Sentados en un banco entre dos palmeras, en la playa del Postiguet, en Alicante, viendo salir el sol. “Llevamos aquí desde las cinco de la mañana; venimos todos los días, ya nos saludan los de las máquinas” Luego un paseo y él se va a bañar; como no puede entrar en el agua con el bastón se agarra a la maroma que señala la entrada  de embarcaciones. Ella le lleva luego la toalla y pasean otro poco y charlan con la gente. “Los hombres son…Ayer se ha metido…” “Mujer, si hace buena mar” “Ya, pero es que tiene noventa y tres años y se cree que…Si le han  quitado el carné…” “Mujer, no hace falta que conduzca” “Ya, pero como es tan…Le decía al médico, venga, venga conmigo y verá cómo conduzco”
Tiene el aspecto de la Abuelita Paz, la de los tebeos, y seguro que la abuelita Paz hablaría con esta dulzura, con la que se dirige a Lola, la perrita que llega a la playa en bicicleta, en una cesta con sombrilla; y con la señora que recoge las papeleras, que sabe por ellas, -bendita Estadística-, que el fin de semana ha sido muy bueno, de gente. Y se van, sin prisa, como han llegado; mañana volverán a saludar el sol de levante, sin más miedo que el día se presente nublado.
I pels carrers s'han perdut els amants.
No tenen por, no tenen pressa.
I pels carrers s'han perdut els amants,
amb una flor i la seva tendressa...