lunes, 16 de noviembre de 2015

Montauban, Azaña y otros exilios


No terminaba de entenderlo. Fui preguntando a gente que sabe más que yo de estos asuntos. Una señora de Asturies, un señor de Lleida, más próximos a la centena que a la noventena de años, habían decidido dejar de hablar en castellano, era como si no lo recordasen. La gente me dice que es bloqueo por los sufrimientos de la guerra, la emigración forzosa, la terrible postguerra…Puede ser.

La Red Republicana nos invitó a ir a Montauban, con motivo del 75 aniversario de la muerte de Azaña, el 3 de noviembre; acudí en calidad de vicepresidente del Ateneo Republicano de Asturias, junto al presidente de honor, Paco Prendes y los compañeros Faustino Álvarez y Antonio Cuervo; agradable compañía.  Yo no sabía mucho de Azaña, no le había prestado interés, la verdad; sin embargo hay algo en lo que todo el mundo insiste cuando habla de él: su sentido ético, suficiente para dedicarle atención en una España que parece haberlo perdido, más cuando la palabra que oigo repetir, relativa a esos años, con mayor frecuencia es “respeto”.

Nos concentramos ante el Collège Manuel Azaña, que guarda una exposición sobre el último presidente de la República, pero no muestra la bandera tricolor, que molesta al cónsul de España. Sin embargo la mañana ha despertado soleada y ventosa, ideal para exhibir los pendones en el exterior; tremolan orgullosos en manos de los hijos y los nietos de quienes tuvieron que emigrar. Nos abrazamos particularmente con los asturianos, cuyos apellidos llenan las lápidas de estos cementerios; el central, donde haremos el homenaje, pero también el de Les Chaumes, que tiene al lado el Jardin du Souvenir, para liberar las cenizas, si se quiere. Allí está, por ejemplo, la familia Pereiro, que procede de Vega, el lugar de La Felguera donde está la estación del viejo Ferrocarril de Langreo; de ahí procede la tía de Josefina, la que no sabe hablar español, que para recordar me recita la lista de estaciones en el sentido Gijón-Laviana: “Carbayín, Tuilla et coment dit on…” Vega” “¡Vega, comme ça!”. Rodolfo Rubiera procede de San Miguel de Arroes, salieron todos sus antepasados por pies, solamente quedó una tía, con una vida difícil; cuando murió hubo listos que intentaron levantarse sus propiedades, “Sólo pudimos salvar la casa”; uno de sus recuerdos es que, al llegar para arreglar papeles, el cura intentó descorazonarle, “Usted es indeseable aquí; de España sólo se fueron los malos”.
Varios centenares de personas caminamos desde el colegio hasta el cementerio, donde se realiza el acto de homenaje, al último presidente de la Segunda República. En el camino sigo charlando con los hijos del exilio; hablo con los de Angoulême acerca de Alfonso Zapico y les explico su última obra, la novela dibujada sobre Octubre 34; no parecen conocerle, uno de ellos hace una consulta telefónica, “¡Ah, sí hombre, Alfonso!” “¡Pues ése!”



Carmen Negrín
Me cuesta trabajo sacar fotos sin cruces católicas. Sobre la propia tumba de Azaña, ateo declarado, hay una; su mujer era creyente. Con la religión tienen que ver las primeras noticias que yo recibí de este hombre; en la escuela no nos hablaron de la República ni temas parecidos, pero un insigne presbítero aseguraba que pidió confesión. Los testimonios de las gentes que nos acogieron por aquí cuentan como el obispo de la zona quiso llevar el cadáver por la catedral, al otro lado de la acera del Hôtel du Midi, pero en la plaza estaban los republicanos, que lo evitaron llevándole en hombros hasta el cementerio. Otra batalla tuvo lugar con la bandera (¡de nuevo!); las autoridades francesas no estaban de acuerdo con que llevara la republicana, los exiliados españoles no admitían la franquista, así que al final fue cubierto con la de México, país que le mantuvo una escolta hasta ese mismo momento. En el acto de imposición el cónsul mexicano dejó una frase para la historia: “Para nosotros un honor, para los españoles una esperanza, para Francia una vergüenza”. En el cementerio flores, discursos, banderas, fotos…Entre los oradores la nieta de Negrín, Carmen, que cuenta como su abuelo, primer ministro, y el presidente, tenían muy serias discrepancias sobre la estrategia bélica a mantener (resistir o negociar), pero ello no era óbice para un mutuo respeto y una relación de amistad.


El antiguo Hôtel du Midi no ha perdido el encanto de un viejo establecimiento de provincias, aunque ahora pertenece a la cadena Mercure. Conserva el mismo número en la habitación de Azaña, el 101; saliendo de ella al pasillo se ve la catedral y la plaza. Comedor luminoso, donde me encuentro el caso de la familia ilerdense, en la que el padre ha olvidado el castellano y la hija me pregunta qué régimen hay en España. “Monarquía” La señora que come a su lado se lo aclara, “¡Lo ves, como en Marruecos!”. Sin embargo el comandante Robert, en silla de ruedas, con dificultades  de expresión, no ha olvidado el “Santa Bárbara” y se enfada porque no saben la letra.

Pasillo a la 101

"Santa Bárbara" con el Comandante Robert
Seguimos la visita por el Cementerio de los españoles republicanos de Septfonds, una pequeña gran obra de Cesáreo Bustos. Estuvo preso en Mauthausen, con la indemnización recibida por el cautiverio compró un pequeño terreno y allí fue dando sepultura digna a los muertos en el campo de concentración, Lalande, vergüenza de la República francesa. A José, que lleva años dando las mismas explicaciones, se le quiebra la voz cuando nos cuenta que plantó un árbol por cada compañero, ochenta y un pinos; ochenta y un tumbas, cuidadosamente ordenadas y numeradas por fecha de fallecimiento, rotuladas con cada nombre. Los prisioneros, pese al maltrato, cuando llegó el 14 de julio quisieron festejar la República, para más escarnio de sus verdugos; aún hoy se conservan los cuadros que pintaron en conmemoración, -inocentes acuarelas-, y el Arco del triunfo realizado con paja y barro.
Pese al trato celebran el 14 de julio
Comento con un nieto de exiliado cómo se puede producir el hecho de esta mañana, las dos personas que tienen olvidado el castellano, no entiendo que se pueda olvidar la lengua materna. Me repite la tesis del trauma, y me lo ilustra con dos ejemplos. En Nueva York hablaron con un niño de la guerra que había salido de España con once años, por tanto la lengua consolidada; se le olvidó totalmente, al parecer por los sufrimientos. De otra parte llegaron a su instituto, cuando la Guerra del Golfo, dos iraníes gemelos; no solamente borraron de su cabeza la lengua, sino todas las imágenes de los años de angustia.
Llamarlo el Campo de los judíos ayuda a despistar. Parece como que fuera obra de otros, los alemanes, para masacrar a un pueblo dudoso; pero en Lalande, cuatro casas, apartado del mundo, se alambraron los campos para sujetar a los soldados del ejército regular español con el fin de que no volvieran al campo de batalla; para facilitar el triunfo de los golpistas de Mola, Queipo del Llano y Franco. Después vinieron los judíos; unos y otros, indeseables, fueron llevados a centros de exterminio más eficientes.  La señora que fuma en pipa, que antes sujetaba con orgullo la bandera con manos enguantadas de blanco, llora desconsoladamente, el señor que fuma en pipa intenta consolarla, “Cherie…”, pero también él se viene abajo. Pregunto por qué, “en este campo está enterrado su padre”. En el campo; no hay lápida.


Parler juste. Hemos oído la frase durante todo el día; nos la traducen como “hablar justo”, pero realmente no se refiere a la justicia, sino a la necesidad de usar los términos con precisión, es decir, “hablar con propiedad”; así nos insisten en que ellos no usan la expresión “guerra civil”, sino “alzamiento militar”. En la Gare de Barredon vemos la expresión física, la placa de la fachada tiene tres cuerpos, por el color colocados en años diferentes, en el inferior se lee, “campo de concentración”. “No estaban de acuerdo con esta denominación, no gusta a los franceses, algunos se dieron de baja de nuestra asociación; pero Lalande no fue un centro de acogida, fue un presidio donde murieron muchas personas por trato indigno, un verdadero campo de concentración”. La propia estación fue construida en medio de la nada para que los vecinos de las poblaciones cercanas no vieran la llegada de los trenes de los exiliados españoles, que iban luego caminando durante doce kilómetros y pico hasta los barracones de Lalande, suelo de paja, con sólo tres paredes, abiertos al frío por uno de los lados, para mejor control de los sospechosísimos soldados. Cada doce de marzo una marcha popular recuerda sus sufrimientos.
El Centre d’investigation et d’interprétation de la mémoire de l’Espagne républicaine ha hecho un gran esfuerzo para comprar (sí, comprar) la estación; la ha convertido en un centro de exposiciones didácticas a las que acuden los colegios de la zona. Incluso ha adaptado un viejo vagón-cama a modo de modesto hotel.




Para quienes no recuerdan. Es saludable volver a estos sitios, sentir el corazón como una alpargata ante los alambres de espino, para no olvidar que los españoles fuimos exiliados políticos, y que nos dejaron morir de hambre y de frío los dirigentes de otros países, mientras las buenas gentes de los pueblos nos daban sus mantas y la leches de sus vacas; ahora que Europa no quiere acoger a los que huyen de las bombas que nosotros mismos fabricamos para engordar a costa de su hambre.

Actos en Asturies. El Ateneo Republicano no solamente delegó en nosotros para ir a Montauban y en el Ciudadano Presidente para asistir a las jornadas del Ateneo de Madrid, sino que organizó sus propias actividades, en colaboración con el Club de Prensa del diario La Nueva España. El día 30 de noviembre, con la amable intervención de Luis M. Piñera, responsable del Club, se proyectó la película “Azaña, cuatro días de julio” (Santiago San Miguel, 2008), que procuró a su protagonista, Jordi Dauder, el premio Sant Jordi al mejor actor. Hicimos la presentación Nacho Fernández Castro y yo mismo.



Repetí mesa el 5 de noviembre, esta vez acompañado por Paco Prendes, presidente de honor del Ateneo, de verbo cálido, que arremetió contra el actual estado de corrupción por contraposición a los valores éticos republicanos,  y por el historiador y entusiasta ateneísta Ernesto Burgos, que se dedicó a desmontar los cuentos malévolos, -muchos de ellos venganza de clérigos y militares-, sobre Azaña, a quien considera uno de los gobernantes más íntegros de la historia de España.



Epílogo: ¿Cómo se puede olvidar el idioma materno? He seguido dándole vueltas al problema. Últimos acontecimientos locales me han dado una posible respuesta, la asturiana y el señor de Lérida no olvidaron más que la lengua culta, la de la escuela, la de los invasores; ellos, en su casa, con la madre, hablaban de otra manera.  El castellano era el idioma de los que vinieron a aporrear a las puertas (qué volen aquesta gent, que truquen de matinada?) para llevarse (¡tiráronlos al pozu, de nuechi siéntense quexase!) al padre y a los hermanos mayores, que siempre les habían expresado su cariño en asturiano y en catalán. En asturiano y catalán seguirán pensando, amando, y soñando con que los nietos no volverán a sentir la aviación sobre sus cabezas.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Paletos


Ya que vas a Nueva York, podríes pasar a saludar a la mi familia de Ribesella. Así fue como conocí, hace varias decenas de años, a los Fernández de New Jersey; Joe, muy amablemente, fue a buscarnos al hotel, nos llevó a su casa y nos presentó a la abuela, que había emigrado con el marido, -en estas fechas ya fallecido-, mucho tiempo antes, a Mary, y a los tres hijos. Marta, que ni siquiera era teen ager, mantuvo la amistad con ellos y no deja de visitarlos cuando tiene ocasión; difícilmente olvidará una tarde, ya siendo universitaria, en la que quedó desamparada en aquellas latitudes y acudieron en su ayuda sin pensarlo. Asturianos.

La abuela hablaba como cuando salió de la Villa, sin mucho inglés, pero se apañaba, ayudada por su muletilla favorita, anyway. Fueron hospitalarios a la asturiana, poniendo su casa y sus personas a nuestra disposición; uno de los chavales me preguntó si tomaba una cerveza. Vale, gracias. Cómo la quieres, ¿nacional o importada? Nacional…por probar... Me trajo una lata de Budweisser, aunque no lo consideraba la mejor elección: No sé cómo te gusta esto, ¡sabe a mexu! Ahí, conservando en estado puro nuestra mejor expresión para menospreciar una bebida, en boca de un nativo yanqui de segunda generación.

La relación de los Fernández de New Jersey con Asturies no se ha quebrado jamás, vienen siempre que pueden, están al tanto de las noticias locales y ven por la televisión de cable los partidos del Sporting. Joe no está muy de acuerdo con las posiciones políticas de Cartes de Cuturrasu, pero las lee de vez en cuando, con la naturalidad con que aquí, cuando vamos al chigre, hablamos unos con otros de cualquier tema. La foto que ilustra este artículo corresponde al despacho de Paul, abogado, con los anaqueles llenos de libros de leyes USA, presididos por la imagen gaitera de Pinín, que de Pinón ye sobrín (y de Telva); el que desde Paxomal salió a ver mundo en un invento que asombró a la ciencia aeronáutica, el madreñogiro. Asturianos.

A esta clase de amables personas ha faltado al respeto un tal Miguel Alarcos, que ha llegado a profesor universitario aportando como principal cualidad docente su apellido. Montó en cólera porque en un acto que se titulaba “Homenaje a los poetas de la Cátedra Emilio Alarcos” se leyó un poema en asturiano, según él “…ese invento…una puta mentira que se aprovecha de la gente de bien y beneficia a políticos y filólogos paletos”. Entre otros argumentos de gran calado científico escribió, “Al salir a estrados, puse los cojones encima de la mesa y dije lo siguiente, de lo que no me arrepiento en absoluto…Antes era tolerante. Ahora se me han hinchado las pelotas…”

Joe me contaba que cuando llegó la hora de empezar el bachillerato sus padres le enviaron a estudiar a Oviedo, a los dominicos, y tenía un serio problema: sólo hablaba asturiano e inglés, en unos años en que usar lenguas diferentes de la oficial estaba castigado. Con este tipo de enseñanza algunos sufrimos de esquizofrenia lingüística: yo pienso y hablo de la manera en que lo hacía en casa de mis abuelas, sin embargo la escritura no me sale en asturiano, sino automáticamente en castellano. Había  un común desencuentro: si en la escuela se usaba el habla doméstica era considerado como de paletos (¿tendrá razón el Alarcos Segundo?), ahora bien, si uno en el barrio usaba expresiones castellanas era señalado con el dedo por pijo, “por hablar fino”. Volví yo después de un mes de campamento en Cáceres y se me ocurrió pedir a mi madre “dinero”, fui el hazmerreir de mis hermanos, porque lo que decíamos de toda la vida era “dame perres”. Ni que decir tiene que me corregí rápidamente.

Es un debate recurrente el de la idoneidad de preservar las lenguas minoritarias; casi siempre se dice que mejor invertir en enseñar a los niños inglés. Conservarlas debería considerarse equivalente a la lucha por la biodiversidad, las diferentes formas de vida se apoyan, se complementan, los idiomas deben mantener una relación de simbiosis; que una lengua se extinga es un desastre científico. La Unesco publica cada cierto tiempo un informe de situación en el que aparecen las que se van muriendo y las que peligran; en Europa se hallan en circunstancias de serio riesgo veinticinco, para protegerlas se aprobó la "Carta europea de lenguas regionales o minoritarias", refrendada por los principales países, pero de escasa aplicación práctica. Gaélico, occitano, sardo, corso, prusiano, silesio, urrumano, aragonés, asturiano…Pensamos con palabras, el idioma conforma el pensamiento; intentar que todos hablemos una misma lengua es exactamente lo mismo que cuando nos llevaban a la mili, nos pelaban, nos uniformaban y nos tenían todo el día marcando el paso; no para que aprendiésemos a defendernos de una invasión de la peligrosísima Andorra, sino para pulirnos las meninges.

 “¡Hablad en cristiano!” era una expresión muy común entre los enseñantes, se titula así un libro de Pablo Rodríguez Alonso, que acaba de editar Trabe, en el que se explican los procesos de unificación lingüística en diferentes países; un mecanismo más de imposición de un tipo de estado. “No ladres, habla la lengua del Imperio”, tuvieron la desgracia de escuchar otros, con lo que significa de menosprecio de formas de lenguaje “inferiores” con respecto a la del grupo políticamente dominante.

Final truculento: Unos días después el hijo de Don Emilio Alarcos Llorach hizo caso a sus amistades, que le criticaron no tanto el contenido como la ocasión: ¡decir tales cosas justo ahora que se van a repartir subvenciones! Borró sus comentarios en la Red y pidió perdón por sus “recientes afirmaciones, desafortunadas y groseras”. Pero realmente no hay rectificación; de una parte sólo las considera reprochables “en la forma”; de otra echa la culpa a los demás, que somos manipulables, “han sido sesgadas y descontextualizadas”; a mayor abundamiento se siente ofendido, “extraídas de un ámbito privado y publicadas en la prensa”.

Cuando escribió sus malsonantes palabras en Facebook, ¿hablaba en privado? ¿Sigue considerando la lengua en la que yo me comunico y que la Unesco pide proteger cosa de paletos? Lo lamento, ya sé que soy pesado, me veo en la obligación de volver a escribir el conocido dicho académico, aplicable a los estudiantes torpes: “quod Natura non dat, Salmantica non praestat”, o, dicho en asturiano, en términos de inteligencia “de onde nun hay nun se puede sacar, nin”.