martes, 29 de noviembre de 2016

Lecturas de otoño: Arte de robar.


Cuidado, no es un manual para rateros que quieran progresar en la carrera profesional; lo advierto por si luego alguno piensa en presentarme una reclamación. El título completo es Arte de robar esplicado en beneficio de los que no son ladrones ó Manual para no ser robado, por Don Dimas Camándula. Otro descubrimiento que hice husmeando en la Feria del libro antiguo y de ocasión de la ciudad de León; es una edición facsimilar de Editorial Maxtor, Valladolid, a partir de la original de la Librería de D. Ignacio Boix, calle de Carretas, núm. 8, Madrid
Abren la obra unas palabras que acercan las preocupaciones del autor a la situación actual, es decir, al derecho a la propiedad intelectual, que volverá a tratar en páginas interiores: Advertencia. Esta obra es propiedad del que la ha compuesto con su paciente trabajo, y héchola imprimir con su buen dinero. El que la reimprima furtivamente será un ladrón, y como tal se espondrá mucho a que el propietario le fastidie. A este último efecto ha tomado Don Dimas Camándula las medidas precaucionales de costumbre, y otras. Y para que ningún pirata literario pueda alegar ignorancia, se estampa aquí la presente advertencia.
Prólogo y página interior de sentencias útiles para que el hablante común se las dé de Sancho, como Buena fama hurto encubre, o la que dice que la Justicia no es igualitaria, Para los desdichados se hizo la horca. Entra rápidamente en materia con “Ardides para robar”, si bien habla de robos decentes, entre los cuales señala a los que se quedan con libros prestados, en unas páginas deudoras de Larra: Tenía pues una pequeña biblioteca…en la cual me miraba como en un espejo, pero es el caso que tengo más amigos que libros tenía. ¿Cómo se niega un libro a un amigo? Conclusión: no prestes libros, bastones o paraguas.
Otros buenos consejos son que cuentes siempre la vuelta de los pagos o que no te fíes en los cambios de moneda. Aquí incluyo, sin su autorización, la experiencia de una amiga en la antigua Checoslovaquia; hizo un ventajosísimo trueque de papel moneda en el mercado negro, hasta que se puso a gastar el dinero y le dijeron que eran billetes caducados, fuera de curso legal.
No tomar acciones en ninguna compañía ó sociedad que ofrezca ventajas ó ganancias desmedidas. En tiempos actuales Sofico, Rumasa, Afinsa y Nueva Rumasa son ejemplos de aventuras absurdas. No especular en ningún ramo que uno no entienda perfectamente. Tenga siempre en cuenta quiénes son los profesionales de la pasta, de enero a enero, dinero del banquero. Y sobre todo no se fíe de la publicidad engañosa,  Cuanto mas pomposo sea el prospecto, cuantas mas ventajas ofrezca el nuncio, mas deben desconfiar; salvo en el asunto que nos ocupa, claro (De esta regla se exceptúa el anuncio paradojal y altisonante que de mi Arte de robar leerán V.V. en los diarios y en las esquinas)
Conocerán divertidas anécdotas de burlas ingeniosas o casos arquetípicos, como el del tabernero devoto, que primero repasaba la letanía de trampas comerciales a su mujer (¿Has echado agua al vino?) para luego pasar a las diarias oraciones. O el ladrón que entra a llevarse un reloj del palacio de Luis XV, le ve el rey en postura peligrosa y le sostiene amablemente la escalera para que no se lastime; cuando se entera de que no era el ayudante del relojero, el monarca dice que no le busquen, porque él mismo habría sido cómplice del robo.
Da normas para comportarse durante un robo, relaciona una lista de Precauciones para no ser robado, con ingeniosas soluciones para evitarlo, o cómo actuar después de ser víctima, donde aconseja, por ejemplo, olvidarse de intentar recordar la cara de los autores, ¡suelen tener tan mala catadura!, no merece la pena guardar su imagen. Después de la ratería recomienda el silencio, porque tu torpeza, en parte, te ha hecho culpable de la propia desgracia. Acaba con un Diccionario de la jermanía para que todo el mundo sepa, en caso de necesidad, el lenguaje de los manguis.
No incluye qué debemos hacer ante los robos de las grandes corporaciones industriales y financieras, o de ciertos partidos políticos, máquinas de asalto al Tesoro público; no son cuestiones que un escritor elegante abordara en el XIX. Al final sólo viene a tratar de estafas menores, ingeniosos raterillos cuyas caras no tienen aspecto de maldad, sino más bien la del Caco Bonifacio de los tebeos. Coincide conmigo en que los pequeños robos no dejan de ser actos de Justicia distributiva, una forma de redistribuir las rentas; cita a Schiller, en “Los bandidos”, ¿Qué es al cabo robar? Restablecer el equilibrio de las fortunas.  


viernes, 25 de noviembre de 2016

Solinca


Ya destaca desde el nombre. Con los apellidos suena rítmico: Solinca Turbón Cuesta (Llangréu, 1981). Y además se crió en el Barrio; es decir, no puede ser una persona vulgar.
Hoy es buen día para escribir sobre una mujer. Mejor si es poeta, porque las noticias sobre la violencia machista asustan, nos exigen acogernos a sagrado. Acogernos al sagrado fuego del hogar, templando fríos de alma y cuerpo, amenizados con castañas a la brasa y sidra dulce, inigualable invento gastronómico astur.
De tinta somos y en pallabres nos transformaremos.
No pude estar en la presentación del libro el viernes pasado; me habría encantado estar con sus viejos, y con Roxy, que casi la amadrina; gracias a ella, justamente, he podido leerlo. Una edición de Trabe, Lliteratura interna, que corresponde al premio de poesía “Nené Losada Rico”, 2014.
Crecer en el Barrio, rodeada de la industria y sus residuos, cercada por la fatiga del trabajo diario, de la pelea por llegar a fin de mes, marca. Igual que te deja huella el trato con la familia. Neña:

Años de paciencia,
Invasiones,
Glayíos, ópera
Y algún destrozu…

…Cordilleres de paciencia
Y palaes de cariñu,
Una bona infancia
Con flores nos güeyinos

Así que resulta obligada  la dedicatoria a los mayores: Pa mio güela Mari, la mio lluz.
Como todo poeta que se precie, tiene que echar una mirada melancólica hacia atrás, a la adolescencia perdida, a los sueños aparcados, al despertar duro de la realidad cotidiana, El Collau:

…Yera’l branu, los collacios,
La tierra, les peñes,
La llibertá

Utopíes rotes:
Probe neña soñadora,
Cayó nun pozu
Por mirar pa les estrelles.
La pesadiella de la vida
Nun alcuentra l’aliendu
De nengún príncipe.

Junto el serrín y las aceitunas, al lado del olor a sidra, oyó contar la dureza del trabajo bajo tierra; arrancar las entrañas de la montaña para llevar el sustento a casa. El minero pide comprensión a la Naturaleza:

Montaña, compañera,
Dexame tornar a la llume,
Dexa que’l mio cuerpo esmolecíu
Alcuentre l’asosiegu
Dexa a los mios güeyos
Volver a ver el cielu,
Montaña, compañera,
Sabes bien del mio respetu…
Montaña na que furo,
Ten piedá d’esti mineru.

Poemas brevísimos, de esos que han dado ahora en llamar con nombre japonés, aunque estén en lengua astur; y mi sorpresa, ¡sonetos! Siempre cuento, como anécdota, que cuando estudiábamos la carrera, José Luis García Martín, hoy habitante acomodado del Parnaso, me parecía un tipo sospechoso porque a los dieciocho años escribía sonetos; en estos tiempos que corren he observado que a muchos que se dicen poetas les falta formación técnica, por eso recurren al verso libre, es un terreno fácil. Solinca escribe sonetos, y sabe de lo que escribe.
Lo he dejado conscientemente para el final, aunque para mí es en realidad el principio, la llamada de atención a este pequeño y amable libro, La Barriada.
Si bien nosotros siempre distinguimos perfectamente entre lo que era nuestro Barrio y los pabellones de la Barriada a cuyos habitantes intentábamos ganar al fútbol, comprendemos que haya usado ese título. Incluso se lo perdonamos, vaya; porque ha retratado el obligatorio paseo cuatro veces al día por la escombrera del Nalón. Y el final, la demolición, que no ha significado, en absoluto, la extinción de los lazos entre quienes nos criamos jugando en sus calles, rompiendo cristales o manchando la ropa de los tendales.

Díbemos ceo al mercáu
Y tornábemos a la vera’l ríu
Enllenu de nates peles orielles,
Sentíase nel aire el runfíu de La Térmica…

…Vinieron y valtaron los árboles,
Monstruos de fierro tarazaron la piedra.
Agora, yá nun queda nada.

Sí, queda algo, Solinca. No están los ladrillos, no hay calles para jugar al bote, ni sótanos para guarecer las pillerías; ha caído el transformador, nuestra ágora cotidiana, pero se mantiene esa pátina de familia solidaria que ha hecho grandes nuestros corazones.




miércoles, 9 de noviembre de 2016

Lecturas de otoño: Gases





Ha llegado el otoño con vientos invernales y nos ha recluido junto al hogar; menos mal que la gastronomía asturiana está preparada para combatir los rigores meteorológicos; salgo a comer callos a Ciañu con Santy, Aurelio y Germán, que nos tiene preparadas unas bolsas de castañas, recogidos por él en las altas montañas de Lena, a riesgo de lumbalgia, que ya no está en edad de doblar, pese que lo hace con soltura.

Tiene un programa en Radio Ll.ena al que me invita de tarde en tarde; el otro viernes llevamos como figura estelar a Paco Robles, de quien tituló Ana Gaitero en Diario de León, “Un niño de la guerra de 90 años”. Paco es hijo de un mansillés apuesto y una burgalesa guapísima; en 1937 vivían en Baracaldo, él trabajaba en Altos Hornos de Vizcaya, cuando un lunes, 26 de abril, oyeron explosiones terribles, “Guernica, ¡es para Guernica!” La población arrasada por los alemanes de la Legión Cóndor; eso aceleró el embarque de los niños para Inglaterra; 3700, con sus cuidadoras, dejaron atrás a la familia para buscar un refugio provisional. “Nosotros creíamos que íbamos de vacaciones” Y en Londres sigue, setenta y nueve años después. Le he recibido en casa por dos semanas y hemos recorrido les Asturies que ya casi no recuerda y el León y la Mansilla de las Mulas a las que regresaba periódicamente mientras vivieron sus padres..

Entre charlas, conferencias, diarios y emisoras visitamos en la Plaza de las Palomas la Feria del libro antiguo y de ocasión; quería llevárselo todo, pero las líneas aéreas son muy severas con el exceso de equipaje, así que se contentó con un divertido librito facsímil, “El arte de peerse. Ensayo teórico-físico y metódico”, subtitulado, “Al uso de las Personas estreñidas, de los Personajes serios y austeros, de las Damas melancólicas, y todos los que son esclavos del prejuicio”.

Es este frío inicio de otoño tiempo para las castañas de Germán, los callos de Casa Amada, los cocidos de Ana y Deli, las manitas de La Curiosa, las fabadas de Lourdes…o sea, días de generar generosamente gases gástricos; me viene muy bien que el amigo Robles haya olvidado el libro en mi casa; antes  de hacérselo llegar por Correo lo he leído y he tomado cuidadosamente los apuntes necesarios. En el preámbulo ya advierte el autor sobre su rigor científico: “No atacaremos la materia sin previamente haber dado una definición auténtica y satisfactoria…que es conforme a las reglas más sanas de la Filosofía, porque encierra el género, la materia, y la diferencia, quia nempe constat genere, materia et diferencia…”

En "aviso al lector" asegura que es lamentable nuestra ignorancia, habida cuenta que es una actividad tan habitual, "no sepa aún cómo lo hace y cómo debe hacerlo". Entra en el tema con una explicación física y química, acerca de la producción de los gases por destilación. Pueden luego ser expelidos por dos vías, cuando se hace por la superior se llaman eructos, que no son en este momento el asunto científico a tratar, sino los efectos de los evadidos por vía inferior. Habiendo citado, -incluso con sus expresiones latinas, que te ahorro-, a Horacio, Quintiliano, Luciano y Cicerón entre otros, para explicar en este caso la relación entre ambos procedimientos expeditivos, menciona al sabio filósofo San Evremond, quien parte de la idea de que en realidad se trata de suspiros contenidos, que buscan alivio; así escribió a una su enamorada: 

Mi corazón, harto de desagrados,
estaba tan triste de estos suspiros,
viendo vuestro amor tan arisco,
que uno de ellos viéndose reducido
a no osar salir por la boca,
salió por otro conducto.

Sigue el autor con su trabajo, más de Ciencias que de Letras, con la clasificación. La tarea taxonómica es harto compleja, porque tiene que ver con la expresión, la materia, la naturaleza del canal emisor y el vigor del agente, a la par que pueden tener propiedades musicales; divídense los gaseosos actos en semivocales (a su vez claros, aspirados, medios y precedentes), vocales, plenivocales, sencillos, compuestos y diptongos, que son los más temibles. Tanto que han sido capaces de espantar demonios, incluso derrotarlos; es el caso de un ciudadano tentado a vender su alma, impelido por el Diablo a pedir precio, -oro, riquezas, posesiones, poder…- dudaba de cómo librarse del trato. Para su fortuna se le escaparon unas sonoras ventosidades, “¡Enhébramelas!” Tarea imposible, salvó el alma.
En el capítulo III cita el investigador su utilidad. Menciona un hecho que podría parecer disparato, si no fuera porque hoy mismo me lo corrobora la prensa. Cuenta como unas señoras se entretenían en apagar las velas con la fuerza de los gases expulsados por vía posterior; una de ellas, más torpe, consiguió unas espléndidas quemaduras en las asentaderas. Parece una broma, salvo que, como se puede leer en la imagen anexa, a una señora japonesa sus emanaciones de metano le han originado un incendio en pleno quirófano



Ciertamente hay que estar prevenidos contra los riegos de la acumulación de gases, "cuando están muy prietos, cuando suben, o que no encuentran salida, ellos atacan al cerebro por la prodigiosa cantidad de vapores que allí llevan, corrompen la imaginación, vuelven al hombre melancólico y frenético, y le agobian con varias enfermedades muy molestas..." Así que la Ciencia aconseja librarse de ellos y el libro, -si bien afirma que no se debe uno escandalizar de lo natural-, sugiere diferentes formas para hacerlo con discreción.
Llevado del rigor investigador, cita unas hojas recibidas a pique de cerrar la edición y humildemente pone ante las narices de sus lectores una nueva clasificación, "De provincia, caseros, de virgen, de maestros de armas, de señorita, de mujeres casadas, de burguesas, de campesinas, de pastoras, de viejas, de panaderos, de alfareros, de sastres, de geógrafos, de cortesanas, y de cornudos, que a su vez se subdividen en voluntarios y forzados.

He querido compartir este descubrimiento científico porque mañana ha de salir tan valioso tratado para Northolt; el noble olfato inglés sabrá, sin duda, apreciar sus intensos y cálidos matices.