miércoles, 20 de septiembre de 2017

Sentimientos invisibles. El círculo mágico


Todo comenzó en mi decimotercer cumpleaños, cuando al soplar la vela, deseé que nunca se apagara. Fue mi primera decepción, había ideado el plan al milímetro: si la vela no se apagaba, el cumpleaños nunca terminaría, y podría ser un niño para siempre; pero fracasé. Aquello me marcó, era la primera vez en mi vida que realmente deseaba algo, y todos decían que podías pedir un deseo en tu cumpleaños… me sentí profundamente engañado, y prometí que jamás volvería a creer en la magia.
Este cuento ha aparecido en el nº 30 de la revista "Sentimientos invisibles", León julio 2017. Su autor, Jorge Ramos, es responsable de la edición, también en papel, de la publicación “El silencio es miedo”, en la ciudad de Palencia. El dibujo de cabecera es de Camino Fdez. Viejo.
A los 23 años, tras finalizar mis estudios de animación sociocultural, por puro despecho me convertí en mago. La llama del odio ardía con fuerza en mi interior, y para poder soportarlo cada noche ejecutaba mi mejor truco: desaparecer entre el humo, y aparecer al día siguiente con esa sensación de impasividad que otorga la resaca de hachís.
Siguiendo con mi carrera como mago apócrifo, y en honor a los más grandes, los tres Reyes Magos, a los 25 me transformé en camello. Pero no era un camello cualquiera: sabía hablar, y tenía los mejores precios. Además, el subterfugio era tan bueno que solo los iniciados podían reconocerlo, y era capaz de pasearme por la calle transformado en animal sin que la gente corriente me reconociera… hasta que un día uno de mis trucos salió mal, y terminé en prisión. Comprendí en ese momento que no era tan bueno como pensaba, y que debía aprender nuevas artes si quería llegar a ser un gran brujo.
Tras cuatro años como ilusionista en el penal de La Moraleja, ensayando el número del buen chico, me redujeron la condena por buena conducta y me consagré al ejecutar la gran obra de liberarme de los grilletes. Entonces, decidí volver a las raíces más puras de la magia, recuperar la esencia ancestral de este bello arte y homenajear sus respetados orígenes chamánicos; además, cultivar setas alucinógenas era muy fácil y no había legislación al respecto. Fueron buenos años, obtuve una estabilidad poco conocida en el mundo de estas “profesiones libres” y pude dedicarme a la introspección, aumentando mis poderes de forma considerable, hasta el punto de que no solo yo podía transmutar, si no que también podía convertir a otros seres humanos en mulas y camellos. Todo un logro, al alcance de unos pocos privilegiados, del que me sentía profundamente orgulloso, aumentando ese fuego interior que me daba la fuerza para seguir creciendo e iluminando con mi rabia todo cuanto tenía a mi alcance.
Casi sin darme cuenta, y gracias al poder que emanaba de mi joven corazón herido, había desarrollado habilidades alquímicas, y cada día convertía el plomo de las balas de mis acólitos, en oro que llenaba mis arcas. Al descubrir estos sortilegios, no pude dejarlo ahí, mi titilante voluntad exigía de mi ego que desarrollara al máximo ese potencial, y construí varios laboratorios en donde practicar nuevos encantos que aumentaran el dominio con que humillaba a esa magia traidora que no había escuchado mis suplicas. Hallé así un nuevo mercado para mis conjuros, el de las drogas de diseño, y mi dominio de lo esotérico alcanzó entonces su máximo exponente. No había hechicero sobre la faz de la tierra que me hiciera sombra.
Y curiosamente, como pasan las cosas en la vida, cuando me encontraba en la cima de mi éxito, ocurrió lo impensable: un famoso mago, de los de verdad, actuaba en la ciudad. El rencor me dominó, y no pude evitar llenar el evento con mis chicos, para que la gente pudiera decidir quién era el más poderoso de los dos. Pero los inquisidores decidieron tomar parte en aquel momento, y aparecieron por todas partes con sus mantos azules y sus varitas reglamentarias: la mayoría de mis adeptos habían aprendido a volar y a desaparecer, pero uno de mis discípulos cayó en la redada. El chaval, que tenía 13 años recién cumplidos, dio el soplo e inmediatamente me apagué.
En el mundo etéreo, volátil, del Internet, "Sentimientos invisibles" se empecina en salir cada mes impresa en papel. Una revista para tocar, para compartir, para disfrutar. Para leer, para dibujar, para escribir. Si quieres participar en ella, recibirla o apoyarla, hazlo a través de la dirección:


martes, 25 de julio de 2017

Te ruego, por favor, que no nos traigas el avión


La señora, bastante mayor, estaba asustada, “¿Por qué hay tantos aviones hoy en Gijón?” Antes, al comienzo de la exhibición, las gaviotas habían huido despavoridas de la playa, tierra adentro; la cuñada de Mariajesús había recogido la ropa tendida, pensando que tronaba. Los aparatos militares atronaban la ciudad, en ruido insoportable, aplaudidos, como espectáculo de circo, por gentes entre las que se encontraban muchos varones disfrazados de cuando hace tantos siglos hicieron la mili.

Se ha convertido en una desagradable costumbre hacer propaganda de la guerra como un atractivo turístico del verano gijonés. Y los padres abren la boca como niños y llevan a los propios a sentarse ante los mandos de una máquina de matar como si fuera un juguete. Pero la guerra no es un juego de ordenador, aunque desde que los sinvergüenzas sin alma (Bush, Blair y su lacayo Aznar) atacaran Iraq y se transmitiera en directo, parece todo una hermosa película de acción.

Pero la guerra no es ficción multicolor. Es destrucción de bienes y vidas. Son asesinatos y robos disfrazados con buenas palabras por periodistas comprados. Los bombardeos dejan una señal indeleble en el alma de quien los ha sufrido. Estoy estos días trabajando sobre la experiencia de los niños evacuados de España para librarlos del golpe militar de Mola, Queipo del Llano y Franco; sus cuidadores relatan el pánico que tenían a los aviones. En uno de los campamentos de recepción en el Reino Unido la tranquilidad de la tarde fue lastimosamente interrumpida cuando un aparato cartográfico pasó volando bajo, para fotografiar las zonas. Los niños huyeron aterrorizados y se tardó todo el resto de la jornada en sacarles de los escondites. Un exiliado desde Francia me contaba en su carta como uno de las mayores pesadillas de su infancia asturiana el recuerdo de los aviones italianos ametrallando a su familia mientras huían con lo puesto desde Nava hacia la costa.

Las referencias de la Guerra de Vietnam, con los bombarderos USA sembrando de napalm las chozas y los campos de arroz dan idea de la inhumanidad de la humanidad. El napalm es un producto incendiario que se queda pegado a la piel, originando quemaduras que penetran en el cuerpo sin posibilidad de detenerlas.

En la última Guerra de los Balcanes la OTAN masacró a la población civil con el banal comentario de “daños colaterales”. Pero, además, las armas se volvieron contra sus propios soldados; el uso de munición de uranio empobrecido originó en muchos de ellos una pérdida de glóbulos rojos espectacular. Mientras Federico Trillo (¿te acuerdas de él?) afirmaba en el Congreso que “entre los militares españoles no se dan casos de leucemia” en el Hospital Valle del Nalón, el héroe Manolito, natural de Langreo, soldado raso profesional, guardaba cama sin que los médicos acertaran con la causa y el tratamiento de su anemia crónica.

Hace poco ha sido publicado el libro Gernika, del historiador Xabier Irujo. Como estas historias no se estudian en el Bachillerato debo deciros, queridos niños, queridas niñas, que en 1936 un grupo de militares se rebeló contra el gobierno constitucional de la República al grito de “¡Viva la República!” (Luego ya cambiaron los alaridos por otros menos democráticos) Como la población  les hizo frente quisieron acallarla mediante el terror y así, por ejemplo, bombardearon sin contemplación la villa de Durango. Aún les pareció que no habían asustado bastante, así que, en día de mercado, arrasaron Guernica, que no tenía ningún objetivo militar. Una acción perfectamente planificada para mejor entrenamiento de los pilotos del nazismo alemán y del fascismo italiano.

Este hecho se conoció internacionalmente por la crónica de un valiente periodista inglés, George L. Steer, que transmitió desde el lugar de los hechos, impresionado por la crueldad, al Times y al New York Times. Ante la repercusión mundial la propaganda de Franco hizo correr la especie de que Guernica había sido destruida por sus propios habitantes antes de huir. Luego la mentira se perfeccionó, para explicar las huellas de tanta explosión, con la leyenda de mineros asturianos dinamitando los edificios.

Pero no fueron los alemanes hitlerianos los inventores de tan funesta estrategia; el bombardeo como arma de terror procede de los ingleses, y empezó la idea, ¡oh casualidad!, en Kabul. Una rebelión de afganos contra el Imperio estaba generando dificultades, hasta que el capitán Robert Halley propuso bombardear la capital; el Times informó de pavorosos incendios, el emir pidió la paz. El nombre del único aparato que participó ha quedado para la historia, el Old Carthusian, como desafortunadamente tendremos que recordar el Enola Gay.

La broma se repitió poco después en Somalia, una nueva rebelión contra la ocupación británica fue sojuzgada arrasando la ciudad de Taleh, residencia del cabecilla. Churchill era entonces Ministro de la Guerra (ahora se dicen de Defensa) y se pavoneaba en el Parlamento:  “La de Somalia ha sido una de las guerras más baratas de la historia, con un coste de 30.000 libras en bombas hemos ahorrado una expedición que nos habría costado 2’5 millones”.

Así que ya se le dio al asunto calidad de científico; se preparó un plan de formación de pilotos, Churchill fue nombrado Ministro para las Colonias y reunió a sus delegados en ellas para explicarles de qué manera, mediante el miedo a la aviación, podrían tener sujetas a sus poblaciones sin ocuparlas. Hasta un tal MacKay escribió un ensayo acerca de la eficacia de matar desde el aire, “La influencia de los aviones en el futuro para la defensa del Imperio”, donde explicaba que eso de bombardear era inequívocamente más barato; n o había duda de la eficiencia de las máquinas, “No importa cuántos hombres ponga el enemigo sobre el campo de batalla, será incapaz de proteger sus pueblos, sus ganados y su maíz”.

Esa escuela fue rápidamente copiada por los militares del Reich, la ensayaron en España y luego Europa fue un volcán. Doblegar a somalíes o afganos, armados con escopetas viejas, fue barato; la Segunda guerra mundial fue carísima en vidas y haciendas. Los americanos del norte usaron el mismo terror, amplificado hasta límites inhumanos en Hiroshima, una bomba definitiva.

Al día de hoy los bombardeos son el mayor arma de desmoralización de la población, que se ve metida en guerras que no ha originado, pero que sufre las consecuencias en sus carnes. Iraq, Qatar, Cisjordania, Libia, Siria…Inocentes cayendo a diario, millones de personas que se quedan sin sus hogares, sin sus paupérrimos enseres, niños traumatizados de por vida.

“El Círculo Aeronáutico de Langreo pide instalar un caza tras el soterramiento”.  Lo explico para quienes no son de por aquí. El Círculo fue creado para recordar las hazañas de Jesús Fernández Duro, un señorito que en su vida dio un palo al agua y que se entretenía en navegar en aerostato; le fue la vida en ello. Sus pocos socios piden que, una vez acabada la obra de soterramiento de vías en el distrito de La Felguera, se coloque en una rotonda un Mirage que les regalaría el ejército.

Me sorprende que Don José Manuel Martín, que antes de ser su presidente fue secretario general de CC.OO. tenga tan poca sensibilidad; espero, en cambio,  que la corporación municipal tenga más cabeza que todo eso. No tengo nada contra estos señores, pueden reunirse para festejar a quien quieran; la ley no impide que recuerden a su héroe, que le hagan estatuas y misas, pero, por favor, no me pongan en la zona de mis paseos matutinos una enorme máquina de matar.

Langreo sufrió bombardeos de los aviones de la Legión Cóndor para que la población se rindiera a las fuerzas nacionales. Cuando sonaba la alarma la población de Sama corría a protegerse bajo el túnel del ferrocarril al lado del Pozu Fondón; por razones que nadie se explica, mi bisabuela materna se encerraba hasta el final del susto en el pequeño y modesto retrete de la Casa Nueva. Sirva la metáfora.

Las fotos son propiedad de:
  • Nick Ut (Associated Press)
  • Ahmed Hjazy (Pacific Press)

lunes, 10 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Último y necesario capítulo. Méritos.



Solamente he sido un amanuense. Me ha parecido tan interesante la historia, que he leído con detalle las informaciones que sobre ella han llegado a mis manos y las he resumido para ponerlas a disposición de todas las personas que las desconocían. Relaciono a continuación las fuentes que he manejado, no como en una bibliografía al uso, sino con anotaciones para que cualquiera pueda hacerse una idea de su utilidad. De los autores y autoras que se citan son los méritos.


La primera cuestión es que yo no habría llegado a estas noticias de no haber sido por la transmisión oral de Francisco Robles Hernando, leonés de 91 años que me honra con su amistad. Le he insistido varias veces en que ponga sus experiencias por escrito, pero no hay manera; y no porque no se maneje con la pluma, que habla, -y escribe-, el mismo castellano (“Los salesianos eran duros, pero me enseñaron bien”) de cuando salió de España en el 37, aunque a veces cambie los términos. Por ejemplo, no dice “¡qué recuerdos…!”, sino “¡qué memorias me trae esto!”, que nos sirve igual. Incluso, él que tiene a gala un inglés bastante ortodoxo, me regaña cuando observa que en la calle Uría de Oviedo todas las tiendas se expresan en esa lengua en vez de la propia.

Aunque también es cierto que Paco tardó mucho tiempo en hablarme de su historia; fue necesario que Natalia Benjamín y otros valientes constituyeran The Association for the Basque Children (BCA’37 UK)  Un grupo que fue capaz de localizar a todos los supervivientes y reunirles periódicamente; recopilaron información y documentos que pusieron a buen recaudo en la Universidad de Southampton, el puerto que los recibió hace 80 años. Entre los documentos que vimos en la exposición del 80 aniversario me quedo con esta portada del diario News Chronicle de 24 de mayo, en el que se manifiesta, en las primeras horas de estancia en el campamento, uno de los principales temores de la población infantil: Los aviones. Terror a los aeroplanos, miedo a que pasen bombardeando; un sentimiento que tardarían muchos años en superar. Lo subrayo para ejemplo de quienes no se preocupan por las modernas masacres aéreas en Yugoslavia, Gaza, Libia, Siria…La Humanidad repite periódica y concienzudamente las torturas a la infancia.

La propia universidad editó “Here, look after him. Voices of Basque Children of the Spanish Civil War”, en 2012; un trabajo de Alicia Pozo-Gutiérrez y Padmini Broomfield. Anda ahora la Asociación inmersa en una campaña de captación de fondos, “The future needs you”, porque el futuro solamente se construye firme sobre el hormigón del pasado, la memoria.

A partir del 70, 75, y ahora 80, aniversarios, medios de comunicación del País vasco y del resto del estado se fueron preocupando de transmitir información sobre “los niños”. Hago especial mención a la amiga Ana Gaitero, redactora de Diario de León, que se quedó prendada de la fuerza de Paco y le dedicó varios trabajos, amén de organizar la charla en el Sierra Pambley y la presencia en los medios leoneses de otoño pasado. Ana se tomó la molestia de viajar a Londres en los dos últimos años para ver en su salsa al protagonista.

Leonesa también, con antecedentes en Santiagomillas, La Bañeza y Astorga, es Lala Isla, que ha hecho un magnífico trabajo de recopilación de experiencias de exiliados de todas clases; del 37 y del 57. Les convenció para que pusieran por escrito sus vivencias y de ello salió un magnífico libro, prologado por Paul Preston, y editado por el Ministerio español de trabajo e inmigración, en 2008, cuando ya la crisis empezaba a empujar hacia Europa a otra generación de compatriotas. “Aventuras de la nostalgia”.

Con las experiencias únicamente de los niños y niñas evacuados desde Santurce en mayo de 1937 he usado dos ejemplares, “Recuerdo” de Natalia Benjamín, cuya madre acompañó a los expedicionarios y “Sólo serán tres meses”, de Adrian Bell; que se editó en inglés y luego la Plataforma Editorial publicó en castellano. Un libro apasionante de un profesor universitario que ama España, y sobre ella lo mismo escribe de exiliados, que de la escuela rural de Ávila o de la Vuelta ciclista.

Varias películas en corto y largo metraje nos recuerdan estos hechos. Por ejemplo "Gernika", dirigida por Koldo Serra en 2015 y estrenada al año siguiente. O “The Guernica childrens”, de Steve Bowles, documental en inglés y castellano, premiado en el Reino Unido en 2008, financiado por el gobierno español. “Después vino Rajoy y nos quitó todo. El Rey, el viejo, vino alguna vez a visitarnos; y le dimos la mano, de todas formas, pero el embajador Trillo no nos vino ni a saludar, ¡por rojos!”

Por último, una obra muy importante, que uso cada vez que tengo que acercarme a la guerra que sufrió este país después del golpe militar de Mola, Queipo del Llano y Franco, “ABC. Doble diario de la Guerra civil”. Se dio la curiosa circunstancia de que el diario monárquico fue incautado por los sindicatos de Madrid en cuanto se produjo el alzamiento, mientras que Sevilla quedaba rápidamente en manos de los nacionales y pudo seguir con su línea habitual; confrontar las dos ediciones ha sido una magnífica idea, publicada en fascículos por Editorial Prensa española en 1979.


Ahora, terminada la publicación, me sería muy útil escuchar/leer  tu opinión sobre contenidos, formatos, fotos, ritmos de publicación y cuantos asuntos puedan servir para mejorar trabajos futuros. Se te agradecerá. Por otra parte, no hay ningún inconveniente en que copies, reproduzcas, cites o cuentes lo que quieras de textos y fotos; aquí no hay derechos de autor, sino la necesidad de que este capítulo de nuestra Historia se mantenga en la memoria.

Y en la medida que puedas, colabora con The Assocciation for the UK Basque Children, because the future needs you. For further information visit: www.basquechildren.org.


sábado, 8 de julio de 2017

La luz



Patricia Valley no pudo venir; ya se sabe que una artista tiene compromisos que le llenan la agenda, sin embargo está también comprometida con el Ágora de la Poesía. Se celebraba la edición número 50, no podía faltar su colaboración, así que se lo encomendó a la madre, Charo de la Fuente, que para estar se exige un tremendo esfuerzo personal.
La luz
Que duela
Que arda en las retinas.


Han venido muchas gentes a esta celebración redonda; de Alcalá de Henares; Valladolid, Palencia y Salamanca; de Asturies y Córdoba; de Madrid. León para esto no está solo. El hemiciclo de San Marcos tiene los asientos duros, pero las piedras se cubren de poetas, curiosos y espectadoras el último viernes cada mes, en la estación que fuere; desde el Bernesga, la brisa nocturna obliga hoy a abrigarse, incluso aunque contemos con el chocolate y el bizcocho de los Pinto&Prieto. Los fotógrafos profesionales dejarán constancia gráfica. Cartago, Lomana. El Caminante repartió el número veintinueve de esa formidable cabezonería de letras impresas en papel, Sentimientos invisibles, que en este número cuenta con una colaboración desde la China. Muñiz, Felipe, Cristina, Ana, Felisa; Chus (con muleta, pero con taconazos, que no se diga), Campal…Irene, que vino un día medio de incógnito, con los padres, y ya no falta nunca; hoy ya hay otra chica quitándole el honor de “más joven participante”. El Ágora engancha; sobre todo porque “no tiene puertas ni ventanas, se entra y se sale cuando se quiere…” (Ramiro Pinto, entrevista en Radio Universidad Alcalá de Henares). Como siempre hay gente nueva, abundan las sorpresas por ambos extremos de la banda de edades; hoy todavía se preguntan algunas a quién pertenece el magnífico par de zapatos que MOBT fotografió a todo color. Algunas pistas: es una artista, de familia de artistas, con lazos a ambos lados del Payares; solución en el Ágora nº 51, el viernes 28 de julio, que ya debería permitirnos acudir sin chaqueta.
Como bien sabes yo no soy poeta ni lo quiero ser, pero sí admiro a quienes hacen malabarismos con las letras; tal y como acostumbro traje para leer dos textos en asturiano, de Solinca Turbón en esta ocasión, -langreana con trazas del Barriolpilar-, que cada vez que publica gana premios. Poesía, “Montaña na que furo/ ten piedá desti mineru”, y prosa:
L’amor 
Hai tantes coses que te da el amor y tantes otres que te quita…Primero vienen les miraes, les cites prestoses, les caricies per encima y per embaxo de la ropa, la pasión, eses palabres que tanto respiguen y esos momentos na más pa ti y pa mí. Llueu les coses suelen complicase y lleguen los problemes: les coses de perres, el comese la tiesta col por qué nun me fales o me fales enfadau, la to familia colos sos cantares, el a ónde vas o a ónde dexes de dir, lo que dices y lo que calles… 
Abúltame que son munches coses, ye una suerte que nunca llegara a conocete.

Habíamos llegado corriendo. Antes, a las ocho, que luego era a y media, y terminó siendo a las nueve, habíamos estado en la Casa de la Cultura de Trobajo del Cerecedo el grupo La Luciérnaga representaba teatro negro, que no es de crímenes ni eso, antes al contrario, más bien para público infantil, como yo; pero se juega con la obscuridad de la caja escénica. Aquí abro paréntesis para quitarme el sombrero ante Yolanda Prieto, capaz de mantener la coordinación de un hogar con un Ramiro, dos hijas, dos perros, tres hijos, una novia, y todas las amistades de todos que pasan todos los días por allí. Además trabaja fuera, lee libros, canta en un coro, y dirige esta compañía de voluntariosas mujeres, que hacen los trajes, los decorados, los escenarios y lo que sea menester. Cierro paréntesis, que deberían ser, más bien, signos de admiración. Disfrutamos como los chavales, aunque no nos atrevimos a dar voces como ellos. Antes, entre otras personas, saludamos al Clown, del que hablaremos otro día; le prometí enviar las fotos que le debo.


Cristina, Joaquín, Elisa, Miguel Ángel, Javier, Santos, María, Ramiro y el otro Miguel Ángel

El sábado, Tertulia en La Cantina. Una idea que me pareció interesante desde el primer momento; se trata de ponerse como tarea leer libros gordos, de esos que da pereza empezar. Uno para junio y otro para diciembre. Con seis meses por delante no hay disculpa. En esta ocasión tocaba “Crimen y castigo”, con un suplemento voluntario “El jugador”; Dostoievski andaba mal de dinero, -como casi siempre-, cobró anticipos de dos editores y luego escribió contra el reloj, una novela por las mañanas y la otra por las tardes. La Tertulia da para hablar de Literatura, de Filosofía, de Religión, de Psiquiatría…y para dar buena cuenta de una menestra y un conejo exquisitos (se me hace la boca agua, -asturiano: naguar-, al nombrar al noble lepórido que dio su vida por nosotros)

Siguiendo el ritmo frenético del fin de semana, salimos sin transición hacia San Miguel de Escalada. Aquí otro protagonista ante el que descubrirse, Alfredo García, con capacidad para convencer a patrocinadores, traer autores y atraer público. Nos ilustró sobre uno de los beatos de San Miguel, que se expuso en facsímil; un libro iluminado, "un libro de luz". Unas doscientas personas llenaron el pequeño templo mozárabe de la Ribera del Esla para escuchar música y poesía.


Resonet vox poetae
Acordaos de los poetas
que embellecen con palabras admirables
sus visiones misteriosas
y sus historias de esperanza en todo lo venidero
¡Que suene aquí su voz un año más!


La música a cargo del piano de Marta Muñiz y la voz de la soprano Ana Clara Vera; la lírica fue responsabilidad de Antonio Merayo, Julia Conejo, la propia Marta y Antonio Agudelo. Al final se repartió un pequeño libro con obra de los cuatro; no le habían marcado precio, lo que voluntariamente se aportó como donativo se dedica al mantenimiento del conjunto, templo desacralizado de uso público para eventos culturales. La luz, de nuevo; el sol jugó entre los arcos de herradura del bello edificio.

No faltó tampoco a la mañana siguiente esa luz, en el Monasterio de Santa María de Sandoval. Tiene una historia extensa e intensa, como es de prever, que incluye el levantamiento de los vecinos después de la Desamortización; la familia que compró el edificio quiso vincularlos a él, como en los tiempos de los siervos de la gleba. La unión de la gente común lo evitó. Dejado de la mano de los hombres, precisa el conjunto una intervención para consolidar estructuras constructivas; en lo que se mantiene en pie escuchamos cantar vísperas a la Coral gregoriana del Císter de Sandoval, también a recinto lleno. 

Exortum est in tenebris lumen rectis.
(De las tinieblas sale una luz para los honrados). 

Son los cantores un grupo de entusiastas que lucha por mantener el rico patrimonio leonés y que merece nuestro aplauso. No cobra por esta actuación; la aportación monetaria voluntaria del público se destinó a las víctimas de los bombardeos de Siria. Se puede escuchar a la Coral el primer domingo de cada mes, a la misma hora, en cuanto llega el buen tiempo. Como de costumbre, después del canto de vísperas, Felipe condujo la visita explicada al convento; imprescindible.
Y luego ya nada más. Las amistades de Mansilla tuvieron a bien invitarnos a su compañía y a una paella antológica; luego, un baño en el Esla y regreso a casa en un Alsa considerablemente retrasado. Nuestro agradecimiento a las hospitalarias gentes de León; nos tratan tan bien que no verán la manera de librarse de nosotros.


viernes, 7 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VIII. El niño vasco de Mansilla de las mulas


Bueno, yo no soy vasco, soy de León. Mi padre trabajaba entonces en Altos hornos de Vizcaya, que había gente de muchos sitios; él era de Mansilla de las mulas, la familia de mi madre era de Burgos.

Toda esta historia que os estoy contando no habría sido posible sin Paco. Francisco Robles y Hernando, hijo de Martina y Germiniano, un amable matrimonio que alquilaba su casa de Mansilla a familias asturianas para el veraneo. Paco venía con la suya en época de vacaciones; en las conversaciones que los mayores tenían en el patio, bajo la parra, fui oyendo de niño que había mundos fuera de las fronteras ibéricas. Sin embargo no fue hasta fechas más recientes cuando supe toda la historia de la evacuación.

Estábamos en la parada del autobús y sentimos unas explosiones muy fuertes. ‘¡Guernica, es para la parte de Guernica!” Unas semanas antes habían arrasado Durango. La cosa se ponía fea, el general Mola amenazaba por radio exigiendo la rendición incondicional, las escuadras aéreas de Alemania e Italia dominaban en los cielos. Por fin el gobierno británico hizo caso de las advertencias de Leah Manning, -laborista-, y la condesa de Athold, -conservadora-, y fletó un barco con capacidad para 400 pasajeros que se llenó con 4000; niños, niñas y acompañantes. Nos dijeron que era solamente por tres meses, que la guerra acabaría pronto”. Sin embargo algunos datos apuntaban a que no sería tan sencillo, “Aún recuerdo las lágrimas de mi madre, en mi cara, cuando me despidió”. Paco llevaba a su cargo a su hermana, María Jesús, algo menor que él; el tercero, Pedro Luis, era demasiado pequeño y se quedó.

El viaje fue bastante duro; los nervios, muy mala mar, con todo el pasaje mareado, y el crucero Almirante Cervera amenazando a la flotilla para que regresara a Santurce. La determinación de la marina inglesa lo evitó. La llegada a Southampton fue alegre, con el Ejército de salvación tocando himnos, las calles hasta el campamento de Eastleigh adornadas con banderas y gallardetes. “Estábamos muy orgullosos, porque creíamos que eran para nosotros, pero luego nos enteramos que había sido por la coronación del rey Jorge VI de Inglaterra”.

La población local se volcó con los pequeños expatriados, la destrucción de la villa de Guernica, en absoluto objetivo militar, había tenido repercusión internacional; no colaron los intentos del bando golpista de culpar de la catástrofe a sus propios habitantes. “Venían a vernos los ingleses en bicicleta, y nos traían caramelos, pasteles y muchos bizcochos. Claro, muchos de nosotros cogimos diarrea porque no habíamos comido dulces en mucho tiempo”. Todos recuerdan la vida en el campamento como una época plácida, con algunas dificultades para adaptarse a las comidas, pero encantados con los sándwiches, la leche malteada y el pan blanco, ¡sobre todo el pan blanco! Una niña llenó la maleta para enviárselo a su madre. Paco: “Todas las mañanas nos despertaban con música, tocaban ‘Land of Hope and Glory’, esa que algunos confunden con el himno del Reino Unido; me quedó grabada para siempre”.

Desde Eastleigh fueron redistribuidos en otras colonias y casas. Paco pasó por Ipswich, Wickham, Margate…Algunas familias eligieron la fórmula de la adopción; él y su hermana fueron adoptados por unos granjeros de Birmingham, pero no les fue bien, solamente querían mano de obra barata; cuenta María Jesús: “Por primera vez en mi vida supe lo que era pasar hambre…Su perro comía mejor que yo. Me encargaron cuidarlo; cuando iba a la perrera le quitaba la comida. Hasta que me pillaron”. Salieron de allí por astucia: Paco no contestaba a las cartas del Comité, que sorprendido cursó una visita a la casa; hablando en español, para que no se enterara el propietario, le explicó al inspector que las cosas iban mal. Les sacaron de vuelta para Margate.

Cuando empezó la campaña de repatriaciones su madre le escribió diciendo que ni se les ocurriera volver. El padre, que había combatido por la República, estaba preso y andaba de cárcel en cárcel; ella detrás, en la medida que podía. “Una vecina la avisó, ‘Martina, no vuelvas a tu casa, te la ha quitado un falangista y te esperan para matarte’. Así que fue a acogerse al pueblo burgalés de su familia”. Germiniano fue a parar al penal de Burgos, “Allí destrozó las manos mi madre, lavando en el río, tenía que romper el hielo para lavar. ¿Tú has visto las manos que tiene?” Ciertamente, en mi infancia no había visto unas manos tan destrozadas por la artrosis, con las articulaciones tan monstruosamente hinchadas.

En Inglaterra les tocaría sufrir una vez más el terror de los bombardeos; los nazis aplicaron sobre sus ciudades la capacidad destructiva que habían aprendido en la Guerra de España. En los años cincuenta vuelve a plantearse la posibilidad del retorno; la madre de nuevo dice que no regresen, que sigue la pobreza superlativa. Pero para los varones hay un problema adicional, el Servicio militar: “Un capitán de barco me ofreció la posibilidad de embarcar para trabajar en la línea regular Southampton-Vigo, pero de repente él mismo se dio cuenta del problema, yo tenía edad de hacer la mili, no podría desembarcar en ningún puerto español, me detendrían por prófugo. Tampoco podría estar tranquilo en el buque, porque la Guardia civil entraba en ellos sin respetar la bandera y detenía a quien quería”.

A partir de 1959 el Régimen tuvo que guardar las apariencias para obtener respaldos internacionales y ya los exiliados empezaron a visitar su país regularmente. Sin embargo los modos autoritarios se mantenían; los problemas en consulados y embajadas para gestionar pasaportes y visados eran habituales; cuando llegaban a España  sus familiares les pedían que tuvieran cuidado, que no hablaran demasiado, para la Guardia civil eran sospechosos. Francisco Robles tuvo sus más y sus menos con los funcionarios, para empezar se sorprendía de que su padre, hombre decidido, les tuviera miedo. Su pasaporte inglés y su astucia natural consiguieron dulcificar el trato. “Una cajetilla de tabaco rubio mejoraba el carácter de los guardias; el sargento de Mansilla, de quien me habían contado atrocidades, me trataba bien, en la esperanza de que ayudara a su hija cuando viajara a Londres para estudiar inglés; incluso me pagó una copa de ‘solysombra’ en ‘El Mansillés’. Realmente la hija nunca llegó a ir… O si lo hizo no me llamó.

María Jesús y Paco son ciudadanos ingleses; él con la doble nacionalidad, ella ha vuelto pocas veces, desde que faltan los padres menos. “Es muy inglesa”, dice Paco, que se considera español y sigue manteniendo perfectamente la lengua e imperfectamente algunas costumbres. Ana Gaitero (periodista de raza, dice mi amigo Antón Saavedra), menciona en una de sus crónicas sobre él, cómo en la mesa de la cocina de su casa tiene un mapa de España con el escudo del régimen de los militares; de aquellos viejos de hule. Está quemado, -de posar el cazo sin fijarse, ahora que ya no está María-, pero no se puede cambiar porque hace tiempo que no se fabrican.

María fue su amor; natural de la Línea de la Concepción, el mejor lugar del mundo para ella, había llegado a Inglaterra después del golpe militar, gracias a las relaciones de su padre en el Peñón. Se conocieron bailando en el Centro español. Cuando les fui a visitar en el verano de 2010 hacía dos semanas que la había tenido que internar en una residencia. Demencia senil. Lloraba como un niño “¡¡¡No me reconoce!!!”. Tiene sus cenizas en el salón de casa, con una bombilla exclusiva para ellas. Ahora, solo, recuerda los buenos momentos, los viajes, y reconoce a medias que le tenía malcriado, “me pelaba la fruta y me la daba en trocitos…”


Paco acaba de cumplir noventa y un magníficos años. Esta vez no lo ha celebrado con sus hijas, Elena y Mª Carmen, en Northolt, se ha venido a Alicante con Fernando, el varón, que tiene una agencia inmobiliaria. Cuando hablamos por vídeo-conferencia tiene al lado la botella de coñac, le señalo que sigue con su vicio favorito, solysombra; nos reímos, Aquí no hay sombra; demasiado calor para mí, 41ºC”. Un nieto le ha comentado que vaya pensando dónde se va a celebrar el centenario; le he dicho que espero que me invite.

Este otoño pasado anduvimos juntos por Asturias y León; pasamos unos días en Mansilla. Estuvo encantado de saludar a las viejas amistades o, en su caso, a sus descendientes; no puso reparos a contar sus experiencias en prensa y radio. Con los buenos oficios, una vez más, de Ana Gaitero, se organizó una charla en la Fundación Sierra Pambley, en la que nos acompañó el senador Graciliano Palomo. Estuvo en la Cadena Ser de León, y en las asturianas Radio Langreo y Radio Lena.

El domingo 28 de mayo, celebramos, en el Hotel Meliá White House de Londres, el 80 aniversario de la llegada de “los niños” a Inglaterra. Los supervivientes tienen una energía envidiable. Ninguno pone reparos a la hora de contar su vida, son incluso generosos en los detalles; consideran que es preciso que se recuerde todo lo que pasaron, ése es el sentido de su Asociación, (BCA’ 37 UK, www.basquechildren.org) que ha puesto a buen recaudo los documentos y memorias en la Universidad de Southampton.

Paco: “Yo he visto que en España mucha gente no conoce esto que pasó”. Unos no lo conocen, otros prefieren olvidarlo y algunos quieren ocultarlo, por eso subrayo la frase de Natalia Benjamín, cuando nos dedicó su libro, con mano temblorosa por el Parkinson: esta historia, ‘will be never forgotten’, nunca debe ser olvidada.

Último y necesario capítulo. Méritos.


miércoles, 5 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VII. Fue un regreso triste


El 15 de diciembre de 1939 llegó la fecha de regreso a España. Atravesamos el Canal de la Mancha y recorrimos toda la costa de Francia hasta llegar a Hendaya, donde desembarcamos. Después atravesamos el puente internacional de Irún. Yo creí que se caía el cielo al ver la destrucción y la suciedad que allí había. Pobreza por todas partes. Testimonio de Eduardo López Sanz.

Es el tipo de comentario más habitual; Ángeles Cubas, “Cuando regresamos a Euskal herria, fue un regreso triste; el pueblo había pasado muchas miserias”. Cuando a Tomás Nuñez de Toledo le dijeron que tenía que regresar a España se escapó de la colonia de Langham, donde estaba tan a gusto, con otro compañero; los devolvió la policía. “Por cierto, que no nos castigaron…El regreso fue más triste. Atravesamos el Estrecho de Calais y nos metieron en un tren hasta Hendaya. Al llegar allí y según íbamos pasando todos agrupados por el puente internacional, se subió sobre el pilar de sustentación de la barrera un señor uniformado y con una boina roja, gritando. ¡Viva España! ¡Viva Franco! Y la verdad todos estábamos un poco asustados…nos llevaron al Colegio del Amor Misericordioso de Bilbao, donde nos recogieron nuestros padres”.

Las cosas fueron más difíciles para Celia Elduque, porque sus padres desconocían que la habían repatriado; se habían ido a Madrid y la niña fue internada en un albergue de Auxilio social durante semanas, hasta que el Spanish Aid Committee dio con ellos. Refleja su sentimiento de volver con la guerra perdida, agravado por el trato; dice otra niña: “…pero al llegar a España, ¡Dios mío, qué diferencia! Nos pusieron en lo que parecían camiones para ganado y las chicas (si es que se las podía llamar chicas) que se encargaban de nosotros nos trataron de manera horrible. Acostumbrados como estábamos al trato amable y cariñoso por parte de todos los que nos recibieron en Inglaterra, esas mujeres despertaban miedo y odio entre nosotros en aquel momento”.

El ansia por meter a los niños repatriados en el redil del Régimen desde el primer minuto de su llegada originó situaciones, que aún dentro de la tristeza de la situación, eran risibles, como la que cuenta Fausto Benito, Volvimos a España en enero de 1938. Nada más pasar la frontera de Francia a España, nos dijeron que cantásemos el ‘Cara al sol’, y como no sabíamos nos preguntaron qué sabíamos cantar y empezamos a cantar ‘La Internacional’. Enseguida nos mandaron callar”. Benedicta González explica el choque: “Cuando volví llegamos a Irún y nos dieron la comida en un centro de la Sección femenina; nos trataron bastante mal, ya que nos dijeron que éramos los hijos de los rojos". 

Los niños habían salido de su casa en días de la República, que se había esmerado en el terreno de la enseñanza, con procedimientos cívicos democráticos; fueron recibidos y atendidos con cariño en un país que los trataba con respeto. El primer choque, al regreso, fue material: “Después de unos días me llevaron al País de Gales. La colonia se llamaba Cambria House y estaba en Caerleon. La casa era enorme…las salas eran grandísimas…el patio era enorme y teníamos toda clase de juegos…Los fines de semana venían matrimonios que nos llevaban con ellos…Mi llegada a España fue muy triste. No había más que miseria, se veían perros abandonados, muertos de hambre, por la calle. Nos habían quitado el piso donde vivíamos…” El segundo social, en Inglaterra se les animaba a opinar, consideraban que eran tratados como iguales, pasaron en España de ser ciudadanos a súbditos, y además de tercera clase, porque en su momento sus padres habían cometido el delito de ser fieles al gobierno que habían elegido y no apoyaron a los golpistas. Se sintieron profundamente desgraciados.

La vida aún habría de empeorar. Herminio Martínez se alegra de no haber sido repatriado, habría sido un desastre para su hermano y para él; lo explica con los detalles de la vida cotidiana que otros tuvieron que sufrir: “Mi madre rechazó firmar el formulario de repatriación aunque la visitaron un cura y un oficial que la amenazaron con encarcelamiento y llevarse a los otros niños. Sostuvo que si volvíamos nos moriríamos todos de hambre. A pesar de que su firma fue falsificada para hacernos volver, la intervención en el último momento de la Cruz Roja impidió que regresáramos” Fue teniendo noticia de cómo se desarrollaban las cosas para la familia; por fin en 1960 pudo volver de visita, con un tanto de miedo, porque un amigo en situación similar se había pasado las dos primeras semanas de vacaciones en la cárcel; así que no se extrañó cuando el oficial se llevó su pasaporte. Al rato volvió diciéndole que estaba fichado como exiliado político, “le dije que me había ido del país con siete años y que a esa edad carecía de ideología política”.

Le dejaron pasar con la advertencia de “mucho cuidado”, que luego le repetiría a diario su familia, temerosa de que sus comentarios les trajeran problemas cuando él se fuera.”Me recomendaran que no me metiera en problemas con la Guardia civil, que no cantara las canciones del pasado, que no me fiara de nadie ni me relacionara con nadie que no fuera de la familia”. Exactamente igual que cuando llegó Miguel San Sebastián, “Constantemente nos decían que no fuéramos por tal o cual lugar y que no habláramos delante de la gente en inglés ni pronunciáramos ninguna palabra en euskera”.

El hambre, la destrucción, la sobreexplotación laboral, “sin condiciones de seguridad, como en el lejano Oeste; dos hermanos murieron en accidentes de trabajo”, la falta de libertades y derechos ciudadanos mínimos. No es de extrañar el comentario de Carmen Fdez. Learra, “Cuántas veces dijo mi padre: María, ¿qué hemos hecho con estos hijos? ¿Por qué no los dejaríamos en Inglaterra, con lo bien que vivían allí?


Este capítulo se resume con la experiencia de Flori Díaz Jiménez, que en otro apartado nos contaba con entusiasmo su llegada a casa de Mrs. Manning, la tremenda alegría de pasar de bañarse en un caldero grande a hacerlo en un cuarto de baño espacioso, con jabón y cepillo de dientes. “Recibíamos visitas de ingleses e inglesas que nos llevaban a Londres al cine o a tomar el té…Siempre digo que fueron los días más felices de mi vida…Ahora viene lo peor…me dijeron que tenía que regresar a España…que sólo era para visitar a mis padres y que después podía volver a Inglaterra. ¡Infeliz de mí que me lo creí! Al llegar a España, en la frontera de Irún, nos recibieron unas personas encargadas de hacernos llegar a nuestros respectivos destinos. Su trato fue hostil y su comportamiento fatal”.

Se encontró con familiares muertos, su abuela paterna enloqueció al saber el fallecimiento de un hijo, tuvo que ser internada. “Para mí fue un trauma tan grande que empecé a vivir con tristeza…De mi hermano diré que regresó a España año y medio después; ni él ni yo habíamos sido reclamados por nuestros padres, así que en ambos casos desconocían que habíamos llegado, se enteraron de forma casual. Mi hermano tenía 16 años pero tuvo muy mala suerte porque para conseguir trabajo tenía que afiliarse al Frente de Juventudes, como no quiso se le negó el derecho al trabajo. Tuvo luego que incorporarse al Servicio militar; lo licenciaron por una malformación en un pie. Como en su mente estaba regresar a Inglaterra intentó marcharse, pero lo cogieron en la frontera de Francia y lo acusaron de ser del maquis. Las torturas y vejaciones a las que fue sometido en las comisarías de policía y cárceles le quitaron la vida a los 24 años. A pesar de los años transcurridos no puedo olvidar lo que hicieron a mi hermano y lo que él sufrió”.

Próximo capítulo. El niño vasco de Mansilla de las mulas


viernes, 30 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VI. Las listas


“Santander, 6 de septiembre de 1937. El redactor del periódico ‘Alerta’ ha hablado con monseñor Antoniuti, delegado para la zona liberada. Le dijo que había venido enviado por el Santo Padre para ocuparse personalmente del regreso a España de los niños expatriados por la ferocidad roja. Muchas madres de Santander, Vizcaya y Guipúzcoa se habían acercado pidiendo que sean pronto repatriados sus pequeñuelos”.
Los diarios del bando nacional arreciaban en la campaña, declarando que la situación “estaba normalizada”. La caída de Asturias en octubre significó el hundimiento definitivo del frente norte. Titular de El Universo, “Bilbao quiere a sus niños”. La Gaceta del norte exigía a los padres que firmaran las peticiones de repatriación. El artículo más significativo al respecto está firmado por un tal Stefani; por el contexto, posiblemente pseudónimo: “El periódico católico ‘El Porvenir de Italia’ escribe que la Santa Sede se interesa vivamente cerca de los gobiernos…donde se hizo transportar centenares de niños…en la mayor parte de los casos contra la voluntad de los padres, para obtener que sean devueltos a sus familias. Casi la totalidad de los padres ignoran en qué nación se encuentran sus hijos, ya que estos fueron transportados al extranjero con destinos inciertos y falsa documentación”.
Está publicado en la edición de Sevilla de ABC (nacional). Sin embargo, el propio periódico descubre su mentira, porque unos días después reproduce, a modo de ejemplo, una ficha de evacuación, en la que figuran claramente todos los datos personales, el origen y el destino; lleva pegada la fotografía de la niña. Publica, asimismo, las listas del gobierno vasco, explicando los datos exactos de países y exiliados, “Inglaterra, 4000”. Continúa el artículo, “Resulta que casi todos los gobiernos son favorables a la repatriación…sin embargo, se tropieza con grandes dificultades…sobre todo en ciertos países que exigen que la petición sea formulada y legalizada por los padres de cada niño”.


Ciertamente, era difícil que firmaran la solicitud familiares que habían muerto, estaban en la cárcel, no disponían de medio de vida o habían sido expropiados de sus casas, “…mucho más tarde me contaron que vivían debajo de un puente, en Santander. ¡Debajo de un puente!”. En una rueda de prensa en París, en diciembre, Aguirre, presidente del gobierno vasco, declara que las solicitudes son falsas, y que algunos países las están investigando. Efectivamente, en Inglaterra detectan cartas sospechosamente iguales en redacción, firmas de padre y madre cuando uno está en Francia y otra en España, solicitudes escritas por progenitores analfabetos; y los propios niños avisan al Comité que sus familias les dicen que no regresen, otros descubren rápidamente la patraña, “¿Cómo iban a firmar la solicitud conjuntamente mi padre y mi madre si llevaban varios años separados?”.
Cuenta Adrian Bell que el delegado pontificio, Henry Gabana, se presentó ante las autoridades inglesas con una lista de 855 peticiones de repatriación. El “Comité de niños vascos” desconfía; el prelado, en un rasgo de inocencia, confiesa que la mitad de las solicitudes han sido tramitadas por la Falange; con no menor candidez confiesa que las personas que acompañaron a los niños en su exilio no serán bien recibidas. Es otra cara de la moneda; maestras y jóvenes, que voluntariamente se ofrecieron a hacer menos amarga la estancia de la infancia en país extraño, son consideradas ahora traidoras. “El más feroz delito…criaturas arrancadas del regazo materno, con hipócritas halagos o entre amenazas y blasfemias…Van acompañados de maestrillos envenenadores de almas…invocando a todas horas una Patria que no existe y un Dios en el que no creen, han tomado a estos desgraciados niños y los han entregado a gentes cuyo lema es el olvido de toda belleza, de todo sentimiento noble y de toda la gracia del cielo”.
Los testimonios no dejan lugar a dudas. Carta de una hija a su madre, profesora acompañante: “Las prisiones están llenas de prisioneros que son fusilados diariamente. Si vuelves, corres el peligro de que te encarcelen, porque se te acusa de maltratar a los niños”. Una monja católica cuenta el drama de otra enseñante que no pudo regresar: “A la profesora no la dejaron volver a España. Estaba muy desilusionada y muy, muy herida por no poder volver. Ella dijo que vino sólo por los niños, pero se decía que todos los que habían acompañado a los niños eran comunistas. Se fue a América
Por otra parte, tampoco parece estar claro el futuro de una infancia desprotegida, en una nota de prensa “el Comité considera que el bombardeo de ciudades españolas por parte de las tropas de Franco hace imposible pensar en un retorno…Si los niños fueran devueltos…probablemente acabarían en reformatorios fascistas o en seminarios católicos, en contra de los deseos de sus padres”. No van estas líneas descaminadas en absoluto; con la ampulosidad que tenían los nombres de las instituciones golpistas, se crea una “Delegación extraordinaria de la Comisión de Justicia para la repatriación”, dentro del “Consejo para la protección de la infancia”, que declara: “Hasta el momento han sido entregados a sus padres todos los niños repatriados, menos uno, que se disputan la Junta de Vizcaya y monseñor Antoniuti; pero la Delegación no reintegrará la patria potestad a los niños que lleguen a España cuando necesiten un tratamiento terapéutico adecuado, una reeducación o haya pruebas evidentes de que el ambiente en que van a vivir pueda corromperlos”.
El Comité no dio por buenas las listas del pontificio Gabana y realizó sus propias investigaciones; incluso envió clandestinamente a Bilbao a Ronald Thacktah, que no tuvo mucho tiempo de informarse; en todo caso, sobre diez familias visitadas, “en todos los casos excepto uno me dijeron que no querían que sus hijos volvieran, porque la policía les había obligado a reclamarlos”.

Las devoluciones se ralentizaron todo lo posible, pero hay que tener en cuenta que algunos chavales sí querían volver a casa, por diferentes razones, y que el dinero, -siempre procedente de particulares-, para su manutención se terminaba. Para recaudar fondos tuvieron que montar pequeñas iniciativas de fabricación de mermelada, cestas y otras manualidades; organizar actuaciones de canciones populares, bailes y teatro. Al mismo tiempo las presiones aumentaban de grado. El Duque de Alba, que consiguió de Franco una cómoda plaza de embajador en Londres, organizó el “Comité por la repatriación de los niños españoles”, el Vaticano siguió presionando, los periódicos del bando "nacional", la iglesia católica británica y la propia prensa conservadora del Reino Unido multiplicaron esfuerzos ante el Ministerio de Asuntos Exteriores, que decide tomar en consideración el asunto de los niños retornables (sic).
Las coacciones alcanzaron métodos incalificables, el arzobispo Hidnsley bendijo la Cruzada de Franco, en una guerra entre Cristo y Anticristo; el Catholic Times tituló “Los niños vascos son terroristas”. Afectaron también a las personas que se habían comprometido con la causa de la infancia; la duquesa de Atholl había sido pilar fundamental en la evacuación desde Santurce y en el sostenimiento de las colonias, contra la opinión de una buena parte del Partido Conservador. Fue bautizada por sus compañeros como “la duquesa roja” y finalmente expulsada del partido. En octubre de 1938 dimitió de su escaño para volver a presentarse como independiente; derrotada por escaso margen, recibió la siguiente nota de un terrateniente, antiguo camarada: “Estoy encantado de que se haya quedado fuera…”
Asuntos Exteriores amenazó con que los niños que se quedaran en el Reino Unido sin justificación clara pasarían a depender del Ministerio de Interior; o sea que, de grado o por fuerza, empezaron las repatriaciones. Benedicta González no fue inscrita entre las primeras, tenía ganas de regresar, pero la hizo dudar el cónsul, “Me dijo que en pocos días salía otro grupo en el cuál estaba yo, pero me dijo que con la edad que tenía (próxima a los 17) podía quedarme en Escocia, que España estaba muy mal y la postguerra sería mala…Por una parte me gustaba el país…por otra me acordaba de casa, de mis padres…”
Cuando llegaron, el choque fue terrible. Desde la misma raya. Carlos Asensio, “Al cruzar la frontera en Irún, un soldado con su fusil al hombro me dijo: ‘¡Ay chaval, qué putas las vas a pasar aquí!’ Y qué razón tuvo

Próximo capítulo. Fue un regreso triste.