miércoles, 25 de enero de 2017

Las mujeres invisibles


Lo que más me molestó fue la actitud del Consejero. Llegó cuando la protesta ya terminaba; pasó por entre las mujeres despedidas, las madres preocupadas y los varones acompañantes como si no existiesen. Ni un segundo de su tiempo para atender el problema.
En la Plaza de España de Oviedo unas cincuenta personas se manifestaban a causa de un asunto que pone en cuestión en torno a ciento setenta puestos de trabajo. A principios del curso académico se hizo público el resultado del concurso de adjudicación de las plazas de acompañante en los autobuses de las escuelas primarias; un lío en los tribunales retrasó la resolución hasta enero, en ese mes la anterior adjudicataria, La Productora, dio de baja en la Seguridad social a las empleadas sin que la nueva compañía, una Unión Temporal de Empresas (UTE) entre Alsa e Ilunión (ONCE) las contratase.
Han quedado en el limbo laboral, ni están despedidas ni tienen empleo; que tampoco es un lujo, debo señalar. Cobran por horas de trabajo, con lo que el salario está en torno a los 240 €/mes; están contratadas “por obra o servicio” desde septiembre hasta junio, plazo en el que quedan cesantes cada año, sin ninguna garantía de volver a ser llamadas. Hasta ahora se había producido una lógica subrogación entre las empresas adjudicatarias, ya que “algunas llevábamos en el puesto catorce años, a plena satisfacción de la propia comunidad educativa, ampas y profesorado”.
Una madre inisistía en que la recibiese algún responsable en la Consejería; el guardia muy en su papel: "Debe solicitarlo por escrito". Ella me explicaba su sorpresa en la reincorporación de  vacaciones, “Llevé los críos al bus y, sin que nadie me avisara, me encontré con otra persona; la que los llevaba antes era de confianza, ¿a cuento de qué voy a admitir que viajen en manos de una desconocida?” Estamos hablando de escolares, material sensible. “No sabemos cómo han contratado al nuevo personal; a nosotras casi nos exigen el certificado de penales”, cuenta una cesada, en alusión a que deben acreditar ausencia de condenas por maltrato infantil.


Me ha preocupado la soledad de estas mujeres: no estaban presentes en la protesta miembros del profesorado ni de las asociaciones de madres de los centros; solamente hizo acto de presencia una central sindical que, como suele ser habitual, hizo alarde de siglas, pero no de eficiencia. Unas personas que han perdido su trabajo a principios de mes no pueden esperar a que la nueva empresa las reciba “la próxima semana o la siguiente”. Para colmo, la hoja informativa, firmada por su “Sindicato de enseñanza”, parece más bien estar escrita por los escolares, faltas de sintaxis y ortografía incluidas. ¡Hombre, si hasta mi ordenador corrige el verbo “rebocar”!
Pero estas cosas tienen solución, con un poco de espíritu; no la tiene, sin embargo, la altanería de Don Genaro Alonso y Megido, Consejero de Educación y Cultura de la Junta de Gobierno del Principado de Asturias, -por un partido que se llama obrero-, para quien las trabajadoras que deben de cuidar a los niños escolarizados en sus aulas son invisibles.


 Enlace de una grabación de los informativos TPA
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