viernes, 30 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VI. Las listas


“Santander, 6 de septiembre de 1937. El redactor del periódico ‘Alerta’ ha hablado con monseñor Antoniuti, delegado para la zona liberada. Le dijo que había venido enviado por el Santo Padre para ocuparse personalmente del regreso a España de los niños expatriados por la ferocidad roja. Muchas madres de Santander, Vizcaya y Guipúzcoa se habían acercado pidiendo que sean pronto repatriados sus pequeñuelos”.
Los diarios del bando nacional arreciaban en la campaña, declarando que la situación “estaba normalizada”. La caída de Asturias en octubre significó el hundimiento definitivo del frente norte. Titular de El Universo, “Bilbao quiere a sus niños”. La Gaceta del norte exigía a los padres que firmaran las peticiones de repatriación. El artículo más significativo al respecto está firmado por un tal Stefani; por el contexto, posiblemente pseudónimo: “El periódico católico ‘El Porvenir de Italia’ escribe que la Santa Sede se interesa vivamente cerca de los gobiernos…donde se hizo transportar centenares de niños…en la mayor parte de los casos contra la voluntad de los padres, para obtener que sean devueltos a sus familias. Casi la totalidad de los padres ignoran en qué nación se encuentran sus hijos, ya que estos fueron transportados al extranjero con destinos inciertos y falsa documentación”.
Está publicado en la edición de Sevilla de ABC (nacional). Sin embargo, el propio periódico descubre su mentira, porque unos días después reproduce, a modo de ejemplo, una ficha de evacuación, en la que figuran claramente todos los datos personales, el origen y el destino; lleva pegada la fotografía de la niña. Publica, asimismo, las listas del gobierno vasco, explicando los datos exactos de países y exiliados, “Inglaterra, 4000”. Continúa el artículo, “Resulta que casi todos los gobiernos son favorables a la repatriación…sin embargo, se tropieza con grandes dificultades…sobre todo en ciertos países que exigen que la petición sea formulada y legalizada por los padres de cada niño”.


Ciertamente, era difícil que firmaran la solicitud familiares que habían muerto, estaban en la cárcel, no disponían de medio de vida o habían sido expropiados de sus casas, “…mucho más tarde me contaron que vivían debajo de un puente, en Santander. ¡Debajo de un puente!”. En una rueda de prensa en París, en diciembre, Aguirre, presidente del gobierno vasco, declara que las solicitudes son falsas, y que algunos países las están investigando. Efectivamente, en Inglaterra detectan cartas sospechosamente iguales en redacción, firmas de padre y madre cuando uno está en Francia y otra en España, solicitudes escritas por progenitores analfabetos; y los propios niños avisan al Comité que sus familias les dicen que no regresen, otros descubren rápidamente la patraña, “¿Cómo iban a firmar la solicitud conjuntamente mi padre y mi madre si llevaban varios años separados?”.
Cuenta Adrian Bell que el delegado pontificio, Henry Gabana, se presentó ante las autoridades inglesas con una lista de 855 peticiones de repatriación. El “Comité de niños vascos” desconfía; el prelado, en un rasgo de inocencia, confiesa que la mitad de las solicitudes han sido tramitadas por la Falange; con no menor candidez confiesa que las personas que acompañaron a los niños en su exilio no serán bien recibidas. Es otra cara de la moneda; maestras y jóvenes, que voluntariamente se ofrecieron a hacer menos amarga la estancia de la infancia en país extraño, son consideradas ahora traidoras. “El más feroz delito…criaturas arrancadas del regazo materno, con hipócritas halagos o entre amenazas y blasfemias…Van acompañados de maestrillos envenenadores de almas…invocando a todas horas una Patria que no existe y un Dios en el que no creen, han tomado a estos desgraciados niños y los han entregado a gentes cuyo lema es el olvido de toda belleza, de todo sentimiento noble y de toda la gracia del cielo”.
Los testimonios no dejan lugar a dudas. Carta de una hija a su madre, profesora acompañante: “Las prisiones están llenas de prisioneros que son fusilados diariamente. Si vuelves, corres el peligro de que te encarcelen, porque se te acusa de maltratar a los niños”. Una monja católica cuenta el drama de otra enseñante que no pudo regresar: “A la profesora no la dejaron volver a España. Estaba muy desilusionada y muy, muy herida por no poder volver. Ella dijo que vino sólo por los niños, pero se decía que todos los que habían acompañado a los niños eran comunistas. Se fue a América
Por otra parte, tampoco parece estar claro el futuro de una infancia desprotegida, en una nota de prensa “el Comité considera que el bombardeo de ciudades españolas por parte de las tropas de Franco hace imposible pensar en un retorno…Si los niños fueran devueltos…probablemente acabarían en reformatorios fascistas o en seminarios católicos, en contra de los deseos de sus padres”. No van estas líneas descaminadas en absoluto; con la ampulosidad que tenían los nombres de las instituciones golpistas, se crea una “Delegación extraordinaria de la Comisión de Justicia para la repatriación”, dentro del “Consejo para la protección de la infancia”, que declara: “Hasta el momento han sido entregados a sus padres todos los niños repatriados, menos uno, que se disputan la Junta de Vizcaya y monseñor Antoniuti; pero la Delegación no reintegrará la patria potestad a los niños que lleguen a España cuando necesiten un tratamiento terapéutico adecuado, una reeducación o haya pruebas evidentes de que el ambiente en que van a vivir pueda corromperlos”.
El Comité no dio por buenas las listas del pontificio Gabana y realizó sus propias investigaciones; incluso envió clandestinamente a Bilbao a Ronald Thacktah, que no tuvo mucho tiempo de informarse; en todo caso, sobre diez familias visitadas, “en todos los casos excepto uno me dijeron que no querían que sus hijos volvieran, porque la policía les había obligado a reclamarlos”.

Las devoluciones se ralentizaron todo lo posible, pero hay que tener en cuenta que algunos chavales sí querían volver a casa, por diferentes razones, y que el dinero, -siempre procedente de particulares-, para su manutención se terminaba. Para recaudar fondos tuvieron que montar pequeñas iniciativas de fabricación de mermelada, cestas y otras manualidades; organizar actuaciones de canciones populares, bailes y teatro. Al mismo tiempo las presiones aumentaban de grado. El Duque de Alba, que consiguió de Franco una cómoda plaza de embajador en Londres, organizó el “Comité por la repatriación de los niños españoles”, el Vaticano siguió presionando, los periódicos del bando "nacional", la iglesia católica británica y la propia prensa conservadora del Reino Unido multiplicaron esfuerzos ante el Ministerio de Asuntos Exteriores, que decide tomar en consideración el asunto de los niños retornables (sic).
Las coacciones alcanzaron métodos incalificables, el arzobispo Hidnsley bendijo la Cruzada de Franco, en una guerra entre Cristo y Anticristo; el Catholic Times tituló “Los niños vascos son terroristas”. Afectaron también a las personas que se habían comprometido con la causa de la infancia; la duquesa de Atholl había sido pilar fundamental en la evacuación desde Santurce y en el sostenimiento de las colonias, contra la opinión de una buena parte del Partido Conservador. Fue bautizada por sus compañeros como “la duquesa roja” y finalmente expulsada del partido. En octubre de 1938 dimitió de su escaño para volver a presentarse como independiente; derrotada por escaso margen, recibió la siguiente nota de un terrateniente, antiguo camarada: “Estoy encantado de que se haya quedado fuera…”
Asuntos Exteriores amenazó con que los niños que se quedaran en el Reino Unido sin justificación clara pasarían a depender del Ministerio de Interior; o sea que, de grado o por fuerza, empezaron las repatriaciones. Benedicta González no fue inscrita entre las primeras, tenía ganas de regresar, pero la hizo dudar el cónsul, “Me dijo que en pocos días salía otro grupo en el cuál estaba yo, pero me dijo que con la edad que tenía (próxima a los 17) podía quedarme en Escocia, que España estaba muy mal y la postguerra sería mala…Por una parte me gustaba el país…por otra me acordaba de casa, de mis padres…”
Cuando llegaron, el choque fue terrible. Desde la misma raya. Carlos Asensio, “Al cruzar la frontera en Irún, un soldado con su fusil al hombro me dijo: ‘¡Ay chaval, qué putas las vas a pasar aquí!’ Y qué razón tuvo

Próximo capítulo. Fue un regreso triste.



miércoles, 28 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo V. No vuelvas



Luego, ya mayor, comentaba que no se lo podía tener en cuenta a su madre, pero la carta era muy dura: “No vuelvas. Serás una carga para mí”. Con mensaje tan escueto, tan frío, quería la buena mujer que el niño desechara cualquier idea de regresar. Las cartas que salían de la España de Franco podían ser censuradas, de modo que otra madre se dirigía a su hija en tercera persona y le mandaba mensajes encriptados: “Estamos encantados de saber que vas a volver, díselo a María Teresa; dile que en caso de que vuelva no podrá permanecer aquí por mucho tiempo. Ahora somos muy pobres, no tenemos nada. Si ella vuelve, tendrá que irse a vivir con su abuela”. Dice María Teresa, “mi abuela llevaba veinte años muerta; era una forma de aviso”.
El asunto del regreso se planteó inmediatamente. Una parte de la sociedad inglesa no quería allí a los niños; los católicos, que en un principio habían decidido participar en el Comité, enseguida empezaron a hacer campaña por la repatriación, “haciéndole el trabajo a Franco”, que desde el primer momento había hablado de “niños arrancados de los brazos de sus padres”. La propaganda nacional era de este calibre: ABC (edición Sevilla) “Salamanca, 8 En un campo cerca de Southhampton donde se hallan concentrados cuatrocientos niños vascos, se ha declarado una epidemia de tifus, habiéndose producido ya seis muertos. Por esta razón se ha mandado que estos niños no sean distribuidos a las familias inglesas que los esperaban”.
El tifus era en nuestro país en 1937 una enfermedad letal, cuyo contagio se temía. Es fácil de calcular el impacto de esta clase noticias. Sin embargo los hechos eran bien diferentes. Los fondos recaudados para una estancia corta empezaron a agotarse, así que el Comité hizo un llamamiento de acogida y apadrinamiento que fue rápidamente secundado por la población. Gentes de todo tipo y condición ofrecieron sus hogares o su colaboración económica. La familia Cadbury, dueña de una importante empresa de chocolates, los Clark, propietarios de una firma prestigiosa de zapatos, los fabricantes de whisky Haig, los dueños de los automóviles Morris, los mineros galeses, la población llana de Escocia, la familia propietaria de mantas Witney…Alfonso Ruiz, “Temo que vayan a separarnos, pero corremos la suerte de salir juntos, patrocinados por la marquesa Lady Cecilia Roberts, que adopta 40 niños y 40 niñas”.
Salir del campamento, de las tiendas de campaña, a casas de verdad, algunas incluso lujosas, significa un cambio espectacular. Vivir casi en familia vuelve a originar extrañeza entre las diferentes costumbres, Flori Díaz: “No me acuerdo de cuándo me llevaron a la colonia de Mrs. Manning, pero aquello fue como un cuento de hadas. En mi casa nos bañábamos en un balde grande; cuando llegué nos enseñaron un cuarto de baño con toallas y bolsitas para cada uno conteniendo jabón, cepillo de dientes, pasta dentífrica y colonia”. Aunque en la comparación no siempre sale España malparada; una parte importante de los niños viene de Bilbao, una ciudad industrial, los que van a parar a zonas agrícolas se sorprenden de que los ingleses todavía se alumbren con gas, cuando para ellos la luz eléctrica era lo habitual; ya conocían el teléfono de marcación automática, y cuando les fueron a enseñar el mecanismo del Puente de Londres, que se alzaba para permitir el paso de barcos, dijeron con tranquilidad “que, como aquél, había por lo menos tres en Bilbao”.


La infancia y la adolescencia son, por naturaleza, inquietas; en la situación de los expatriados más. Se produjeron pequeños incidentes, sin ninguna gravedad, pero que menoscabaron las relaciones con algunas franjas de la población. Niños ruidosos en el cine, “el acomodador nada más vernos decía ¡Silencio!, en español, y con ese nombre se quedó”, que como aquí, “una vez fuimos a robar manzanas al jardín de al lado”, o cazaban conejos a lazo en tiempo de veda. “Una vez vino el tendero para quejarse que alguien le había robado unos caramelos: por fin tres chicos confesaron haberlo hecho. Se tienen que dar cuenta que hacía mucho tiempo que no habíamos visto caramelos”. Carmen Uribarri, “Como niñas que eramos también hacíamos alguna otra travesura; junto a la colonia había un huerto tapiado, y dentro unos árboles frutales, no sé por qué hueco nos adentrábamos, pero cogíamos manzanas e higos. El jardinero era un señor de poca estatura y regordete y le llamábamos ‘Barriguita”. Valentín Sagasti: “De vez en cuando invadíamos los campos vecinos y robábamos patatas, que asábamos al aire libre en el fuego. Otras veces tostábamos el pan que encontrábamos. ¡Cuánto nos ilusionaba este botín! Algunos chicos perseguían gallinas y de la misma manera, nos perseguían a nosotros”.
Pequeños incidentes, en absoluto para llevarlos por lo penal, pero insoportables para cierta clase de población. Para la prensa de derechas pasaron rápidamente de ser “esos pequeños gamberros” a “un atajo de bestias salvajes”, Scalborough Evening News. A esas voces se unieron las de la prensa del gobierno de Burgos, su embajador en el Reino Unido, Duque de Alba, el representante del Papa ante Franco, Antoniuti, y el agente vaticano en Londres, Henry Gabana, que se presentó con una lista de casi 900 solicitudes de repatriación.

El asunto llegó al máximo nivel, José María Armolea: “En el Parlamento se planteó la cuestión de los chicos ‘rojos’ y muchos parlamentarios querían que nos mandaran de vuelta a España. La gente de Carmarthen había oído hablar de nosotros y vinieron en autocares para ver lo que podían hacer para ayudarnos”. El propio periódico local, Carmarthen Journal, ofrecía su comprensión, “En su país han sufrido muy de cerca la crueldad de una despiadada guerra. No es sorprendente, pues, que algunos de estos niños hayan perdido un poco el sentido de la disciplina en estos tiempos anárquicos que vivimos, si además tenemos en cuenta que muchos de ellos tienen a sus padres luchando en el frente y sus casas probablemente hayan sido destruidas”.
Pero también por parte de los pequeños exiliados había ganas de volver a estar con su familia; cuenta Vicente Cañada cómo miraban desde la playa de Dymchurch, creían ver Francia, y soñaban con reparar una vieja barca destrozada para regresar a casa. Algún nuevo incidente agravó las cosas, como un caso en que estaba un grupo de niños admirando un automóvil y el dueño los echó a patadas; se juntaron más y fueron a exigirle explicaciones. Pasaron entonces ya definitivamente a la categoría de “pequeños terroristas”, la prensa conservadora habló de miedo a salir de casa y ya tituló directamente, “¡Que se vayan!”

Próximo capítulo. Las listas.


lunes, 19 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo IV. Una nueva vida.


“El domingo 22 de mayo el Habana llegó a Southampton. ¡Qué cantidad de gente! Nos dieron dulces y helados. El Salvation Army tocaba música: el ver esas señoras con esos sombreros que llevaban y los autobuses de dos pisos nos hizo reír mucho y nos dimos cuenta de que la vida era distinta en este país. Nos llevaron al campamento de Eastleigh y cuando vimos las tiendas todos dijimos ‘¡indios!’ Nunca habíamos visto tiendas y menos dormir en ellas.”

El recuerdo de Mº del Carmen Antolín Pintado refleja claramente la sorpresa ante unas costumbres diferentes; el proceso de adaptación no iba a ser sencillo. La primera barrera fue el idioma, lógicamente; ni refugiados ni anfitriones manejaban el habla del otro. Paco Robles me contaba que no quería aprender inglés; le resultaba complicada una lengua que, -todavía lo repite hoy- se escribe de una manera y se pronuncia de otra; además “¿para qué iba a aprenderlo si íbamos a estar aquí sólo por tres meses?” Sin embargo, cuando se dieron cuenta de que no había otra, se aplicaron al estudio con ahínco. “De todas formas tuve mucho interés en aprender el idioma con un amigo, Pedro Encinas; salí yo primero en inglés y él segundo. Como regalo nos llevaron una semana de vacaciones a Londres” Una maestra le obsequió con un diccionario por su aplicación, con dedicatoria, que aún conserva; lo tiene bien a mano en casa y me lo enseña con orgullo.


Es el mismo caso de otra Mari Carmen. Para empezar le suprimieron el nombre compuesto, quedó simplemente en María, más sencillo, aunque al pequeñín de su familia de adopción le encantaba recitarlo completo, ¡María del Carmen Andrés Elorriaga! Tuvo muchas dificultades de adaptación, tantas que tardó en dejar de mojar la cama; sin embargo en cuanto se sintió más segura se esmeró en el estudio: “Cuando llegó el final de curso, María era la primera de la clase en inglés y recibió un libro como premio…Al cumplir los catorce años María terminó el colegio. Su profesora estaba encantada con su progreso, no sólo había acabado siendo la primera de la clase, sino de la escuela”. Esa ansia de aprender hacía que Benedicta González echara pestes de la maestra española que acompañó a su grupo, “porque se ocupó solamente de sus hijas, que llevó con ella”. Al final se quejaba de que la guerra le había hecho perder tres años de estudios. Uno de los mejores métodos de aprendizaje del idioma fue compartir la vida con las familias que les ayudaban. Iban a buscarles al campamento, les sacaban de paseo, les llevaban a conocer Londres, iban al cine, donde se dieron cuenta de que les costaba más trabajo entender a los actores americanos; o les invitaban a merendar. Alfredo Ruiz: “La gente era muy amable e invitaron a los niños a sus casas a comer. Fue así como aprendimos el inglés”

En cualquier caso, hubo un punto de inflexión en el proceso, un hecho terrible que hizo a los niños darse cuenta de repente de que su estancia no era una aventurilla de tres meses: La caída de Bilbao en manos de los golpistas. José María Armolea: “Pero el día más negro de todos…fue cuando nos dieron la noticia de la caída de Bilbao en manos de Franco y de los militares rebeldes…nos pusimos como locos de ansiedad al ver nuestro mundo desbaratarse. Los chicos de más edad salieron del campamento y se fueron hacia el puerto para subirse a un barco, ir en busca de sus padres y luchar contra los rebeldes. Muchos voluntarios y policía tuvieron que rastrear la zona para traerlos de vuelta”. María Dolores Banjuán: “El 19 de junio de 1937 los altavoces del campo pidieron nuestra atención para la siguiente noticia: ‘Bilbao acaba de caer en manos de los rebeldes’ El desespero general fue patético. Para nosotros España era Bilbao, el mundo era Bilbao. Nuestro barrio, nuestra escuela, nuestra familia, toda nuestra vida era Bilbao. Allí estaban nuestros padres. ¿Por qué dejar algo en pie si para nosotros el mundo estaba en ruinas? Varios grupos empezaron a destruir todo lo que veían por delante movidos por la rabia…”


La paciencia y el cariño de profesorado y cuidadores hicieron retornar la calma. Por otra parte  empezaba a desmantelarse el campamento para repartir a los chicos por otras colonias, casas o familias. Los llamamientos para el apadrinamiento habían dado buenos resultados; desde el panadero local que ofreció el regalo de cincuenta barras diarias hasta las grandes fortunas que ponían a disposición del Comité mansiones con gran capacidad de alojamiento, pasando por las familias trabajadoras, tanto de Inglaterra como de Gales o Escocia. El inglés de los “niños” no sólo se consolidó, cogió un fuerte acento local.

Los recuerdos van desgranando las diferencias culturales. Extrañan, por ejemplo, las comidas; hay cosas que no les gustan, pero hay unanimidad en el aprecio a los sándwiches y todos recuerdan con tal fuerza el sabor de la leche malteada que repiten hasta la marca, Horlicks. Les sorprende el comportamiento en la mesa, vienen a decir que parece que los niños ingleses no hablaran a la hora de comer “como nosotros”. Pero un choque radical es el del trato con los animales.”Nos enseñaron a querer a los pájaros y no hacerles daño” (Rafael Flores). Ernesto Grijalbo agradecía que no le hubiese denunciado el guardabosques por cazar conejos en época de veda, “consideraron que era una travesura de niños, pero no comimos más conejos, ¡con lo buenos que estaban!” Pablo Valtierra: “Recuerdo que en España nosotros nos comíamos los pajaritos, pero lo yo que observé era que los ingleses los respetaban mucho” La diferencia fue más notable para los que regresaron, así lo recuerda Isabel Fernández: “Mi llegada a España fue muy triste. No había más que miseria, se veía a los perros abandonados, muertos de hambre por la calle. Me causó mucha impresión, acostumbrada en Inglaterra a ver a los animales domésticos muy bien cuidados por sus dueños”. Difícilmente comían las personas, como para que hubiera para los perros.

Próximo capítulo: ¡No vuelvas!


viernes, 16 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo III, Desde Santurce a Southampton


La idea original del título no es mía, desde luego; corresponde al libro que con sus memorias publicó el “niño” Rafael de Barrutia. Narra sus alegrías de jugador de fútbol contra los chicos ingleses, ganándoles por goleada; o el momento terrible en el que le comunicaron que su padre y su hermano habían sido fusilados por los franquistas. Afortunadamente fue un terrible error, días más tarde le dijeron que vivían.

El viaje era el desgarro. Josefina: “Papá made the decision. Mamá said No, but papá said Yes…Papá dice 'ellos tienen la vida por delante y nosotros vamos a morir todos'; pero mamá dice que si van a matarnos, que sea juntos. Para los niños más pequeños, sin embargo, era una aventura, máxime cuando las familias les repetían, -hasta la saciedad, queriendo hacerlo cierto-, que “solamente era por tres meses”. Si bien algunos pensaban que la guerra acabaría pronto, el ambiente no estaba para celebraciones. Paco Robles: “Aún me recuerdo de las lágrimas de mi madre mojando mi mejilla cuando se despidió de mí”. El hambre era aterrador, se contaba que no se veían perros ni gatos por Bilbao; pero eran peores los bombardeos y las bravatas de Mola. El Secretario de Asuntos exteriores, Mr. Eden, solicitó a su embajador que confirmase si eran ciertas estas palabras del general golpista: “Un lugar desolado y arrasado hará que los ingleses se arrepientan eternamente de la ayuda que prestaron a los bolcheviques vascos”

El gobierno inglés no tenía muchas ganas de ayudar a la República; los generales rebeldes decían que “están robando nuestros niños, arrancándolos de los brazos de sus padres”. El embajador Henry Milton había dado por buena la versión de Franco de que Guernica había sido destruida por sus propios habitantes; solamente la energía del cónsul Ralph Stevenson que remitió un informe escrito sobre la magnitud de la tragedia: “Nueve de cada diez casas no se podrán reconstruir…No se sabe con certeza, ni probablemente se sabrá, el número de víctimas”, complementado por el envío de dos bombas incendiarias de fabricación alemana, para que no quedara duda de los autores. (Lo que le valió una reprimenda por meter en la valija diplomática material inflamable).



The National Joint Committee for Spanish Relief, creado el noviembre anterior, estaba presidido por la Duquesa de Atholl y contaba con las Trade Unions, los partidos Conservador y Laborista y las Iglesias Anglicana, Metodista, Cuáquera y Católica. Envió a Bilbao a la laborista Leah Manning, que resultaría crucial en el buen fin de la expedición. Argumentando los desastres de la guerra consiguió ampliar el cupo inicial de 2.000 a 4.000 niños; la Duquesa apoyó su propuesta con un telegrama al ministro Eden, “expresando la preocupación del Comité por el destino de muchas jóvenes adolescentes si Bilbao caía y las tropas extranjeras campaban a sus anchas por la ciudad”. Su fama precedía a las tropas moras.

Así que se montó de manera específica el Basque Children’s Committee, para asegurar el flete, organizar el campamento de recepción y avalar los diez chelines semanales por niño que el Gobierno exigía para su manutención. “Es imposible no quererles” decía el folleto de llamamiento; la respuesta del voluntariado desbordó las previsiones. De esta manera el día 20 de mayo de 1937 un pasaje de 4.000 personas abordaba ordenadamente el SS Habana, -con capacidad habitual para 400-; estaba compuesto por 3.862 niños, 96 maestras, 118 señoritas voluntarias y 15 sacerdotes. “A los curas, en cuanto desembarcamos, no los volvimos a ver” (Paco Robles)

Llovía. El día 21 el barco abandonaba Santurce rumbo norte. Todo el mundo recuerda la travesía como infernal. Al los llantos por quedarse solos y el hacinamiento se unieron el mareo, agravado por la tormenta y porque, después de tanto tiempo de hambres, se atracaron a comer, -“Mi hermana mediana se zampó cinco huevos cocidos, ¡así no te mareas!”-, y el miedo al Almirante Cervera, el crucero de guerra de los golpistas que intentaba bloquear el Golfo de Vizcaya; de hecho los barcos de refugiados eran protegidos por destructores británicos que evitaban los intentos de devolverlos a su origen.

Cada niño llevaba una tarjeta de cartón con el rótulo “Expedición a Inglaterra” y un número identificativo. Tomás Nuñez: “nos colocaron en la solapa dos etiquetas, como si fuéramos paquetes a enviar”; pero era un buen método organizativo, Vicente Cañada: “Llevaba en mi solapa la tarjeta 1702, número que nunca he olvidado y que conservo como PIN del teléfono, porque lo recuerdo bien”. Fausto Benito no olvida que él era el 3, sus hermanos mayores el 1 y el 2.

En la madrugada del 22 de marzo arribaron a Southampton. En la universidad de esta ciudad han quedado depositados los archivos de “los niños” a disposición de los estudiosos. A la llegada fueron recibidos por una multitud, encabezada por la banda musical del Salvation Army, “con sombreros y eso, creíamos que todos los ingleses vestían así". Se asombraron de los autobuses de dos pisos y de las farolas engalanadas con las banderas nacionales y el escudo real. “Nos sentíamos importantes, creíamos que era por nosotros; luego nos contaron que había sido por la coronación de Jorge VI”.

Como era lógico, les hicieron un reconocimiento médico, y les clasificaron con unas cintas de colores para intervenciones posteriores. Agustina Pérez, “la señora me dio una cinta blanca y me pidió que la colocara en la muñeca; a otra amiga le dieron una roja, como el rojo es mi color favorito nos las cambiamos”. Mal negocio, porque, como recordaba Isabel Fdez. Barrientos, “las de colores eran porque tenían piojos y otras enfermedades”; así que a la lista de Agustina, antes de llevarla al destino definitivo, le cortaron al cero su bonito pelo, la lavaron y la fumigaron. En cualquier caso nada comparable con el disgusto de perder la pobre maleta de cartón con sus cuatro pertenencias y un libro, que se trajo de casa.



De todas las maneras la mayor sorpresa fue la llegada al campamento de North Stonehom, a las afueras de Southampton. Había sido cedido por G.H. Brown, un granjero que quiso ayudar a los niños; en apenas una semana los equipos de voluntarios, encabezados por los boy scout, habían montado todo, con la ayuda especializada de los profesionales que aportaban los sindicatos. Para la mayoría de niños la visión de las tiendas de campaña fue una sorpresa: “¡Indios!”

Próximo capítulo. Una nueva vida.


miércoles, 14 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo II, Guernica


La comida era cada vez más escasa en Bilbao y era obvio que la madre de Mari Carmen se quitaba de comer para que a sus hijos no les faltara…Más tarde decían que una señora inglesa había fletado un buque para evacuar a los niños más pequeños de Bilbao y llevárselos a Inglaterra…Cuando hacía ya diez meses que la sublevación había comenzado, y habíamos pasado hambre y mucho miedo durante los bombardeos, mi madre nos dijo que me había apuntado con mis hermanos pequeños. (Testimonios en el libro Recuerdos, de Natalia Benjamín)

Conforme se iba desplomando el frente norte la población se concentraba en Bilbao, ya de por sí con dificultades de abastecimiento. El general golpista Mola quería una solución expeditiva a la guerra; desde Pamplona bramaba: Hay que sembrar el terror…hay que dar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros (Paul Preston) He decidido terminar rápidamente la guerra en el norte de España…Si vuestra sumisión no es inmediata, arrasaré Vizcaya, empezando por las industrias de guerra. Tengo medios suficientes para ello. (George Lowther Steer).

Entre esos medios estaban las foltas aéreas italiana y alemana: La Aviazione Legionaria tuvo el dudoso honor de realizar el primer bombardeo de la historia sobre población civil, el 31 de marzo de 1937 en Durango; el diario storico de la escuadrilla describe el ataque como “extremadamente mortífero”; se trata de una prueba para el objetivo fijado en unos días más tarde contra la capital vizcaína: Como propósito directo, destruir las defensas y los objetivos militares enemigos desplegados en los alrededores de Bilbao, e indirecto, el desmoralizar a los adversarios con una exhibición aérea que les dé una impresión clara de la inutilidad de combatir a las fuerzas nacionales dotadas de tan fuertes medios.  

La experiencia de los pilotos fascistas les serviría para escoltar a la tristemente célebre Legión Cóndor en otra hazaña que empequeñeció la de Durango; dirigidas ambas escuadras por el eficiente carnicero, Wolfram von Richthofen, arrasaron la villa de Guernica, guardesa de la tradición euskalduna. Eligieron una tarde de lunes, día de mercado, y pusieron en práctica una táctica que pasó a denominarse “de alfombra”; tres oleadas sucesivas, la primera de bombas explosivas, la segunda con las incendiarias, la tercera con los cazas ametrallando a la población que huía. Se pretendía conseguir en una sola jornada lo que estaba calculado para tres.

En la película de Koldo Serra (Guernica) se muestra a von Richthofen orgulloso de probar una nueva técnica de matar, incluso se le hace decir que “será un buen regalo para el Führer en su cumpleaños”. No coincide, había sido seis días antes, pero sí se pretendía hacer una demostración mundial de capacidad destructiva. Se desconoce el número de víctimas, pero sí hay un dato objetivo que señala el alcance del destrozo; un organismo oficial de Franco, el llamado “de regiones devastadas”, señalaba que el 70% de los edificios había sido destruido y el 20% seriamente dañado. El Barón rojo anotaba ufano: Guernica, villa de 5.000 habitantes, ha sido literalmente asolada…las bombas de 250 kilos derribaron buen número de casas y destruyeron las cañerías. Las bombas incendiarias tenían ahora tiempo para desplegar su eficacia…Así pues, un completo éxito técnico de nuestras bombas de 250 y de las ECB1. Había realizado con éxito la mejor experiencia para la futura y próxima Guerra mundial.


La magnitud del estrago asustó a sus mismos autores; temerosos de la reacción internacional corrieron la especie de que la Villa había sido quemada por sus propios habitantes. El ABC, edición Sevilla, publica el parte oficial de guerra del Cuartel general del Generalísimo (sic): "Se ha ocupado por asalto, después de un fuerte y brillante combate la ciudad de Durango...Guernica, quemada y destruida por el fuego intencionado de los rojos en su casi totalidad, cuando nuestras tropas se encontraban todavía a más de quince kilómetros de distancia. La indignación de las tropas nacionales no puede ser mayor por las calumniosas maniobras de los dirigentes vascosoviéticos, que después de destruir por el fuego sus mejores ciudades, intentan culpar a la Aviación nacional de tales actos de barbarie. Guernica no constituía en ningún momento objetivo militar para la Aviación nacional..." Firma en Salamanca a 28 de abril de 1937 el general, segundo jefe de Estado Mayor Francisco Martín Moreno.

Pero la realidad asoma por donde menos se espera. El clero no era sospechoso de colaborar “con los rojos”, sin embargo unas semanas después cargos eclesiásticos significativos hacían gestiones para visitar al Papa y firmaban la siguiente carta: Beatísimo padre: El clero vasco de la diócesis de Vitoria...postrado a los pies de Vuestra Santidad...dice: Que desde que el Gobierno Vasco ejerce su autoridad,-7 de octubre de 1936-,...el clero no solamente ha sido respetado en sus derechos y en su acción sacerdotal en el ejercicio del culto...sino que ha recibido el apoyo del Gobierno para todo ello...Que, asímismo, el día 26 de abril, la aviación al servicio del gobierno del General Franco bombardeó y ametralló horriblemente la venerada villa de Guernica, incendiando la iglesia de San Juan, dejando destruída la de Santa María, reduciendo a escombros casi todos los edificios de la villa, ametrallando sin compasión a sus habitantes cuando corrían  despavoridos huyendo de los derrumbamientos e incendios que les circundaban y causando centenares de muertos...Bilbao, 11 de mayo de 1937. Encabeza las firmas el vicario general, Ramón Galvarriatu.

Sin embargo, lo que haría saltar las alarmas en el mundo y dejaría en nada la propaganda de los golpistas, serían los artículos de George Lowther Steer para The Times y The New York Times. La descripción del horror, después de su visita a la Guernica arrasada, los testimonios recogidos, permitieron el envío de “los niños” al Reino Unido.


Próximo capítulo: Desde Santurce a Southampton

lunes, 12 de junio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo primero.



Es una especie de letanía. Todas las veces que oí a “los niños” contar su aventura, o que leía sus memorias, repetían incansablemente, “¡Y eso que era solamente por tres meses!” Se acaban de cumplir 80 años desde que un  mes de mayo salieron de Santurce huyendo del hambre y de las bombas; muchos de ellos se quedaron en el Reino Unido para siempre.
La celebración del octogésimo aniversario fue en el Meliá White House, de Londres. Nosotros estuvimos allí gracias a la hospitalidad de nuestro amigo Paco Robles, natural de Mansilla de las mulas;  pertenece al colectivo de “los niños vascos” aunque él sea de León, la industria siderúrgica había traído al Bilbao de 1937 gentes de esa región como de Aragón, de Andalucía, de Galicia…

Antes de que dejen de estar entre nosotros han querido cedernos su memoria; escrita y grabada, conscientes de que ya les puede empezar a escasear. Cuando embarcaron huyendo del terror los más jóvenes tenían siete años, por lo que es lógico que a las comidas anuales “cada vez vengan menos”. Pero van llegando los hijos, las nietas, las bisnietas. Algunos han perdido la lengua, otras la han recuperado, de una manera emocionante. Sofía, muy joven, habla un castellano correctísimo; ha venido vestida con el traje de arrantxale, de pescadora vasca. Le pregunto cómo ha hecho para mantener la lengua y me explica que cada verano vuelve a Vizcaya, tiene allí una pandilla que le permite mantener ese acento inconfundible. “Ahora quiero aprender el euskera”. Le digo que le resultará un poco más complicado; sonríe, confiada a su tesón.


Estamos en la celebración cien personas; el menú muy a la española, y a los postres discursos. Alguien, de manera jocosa, pide a Simón Martínez que hable en castellano; saben que no lo maneja bien. Otra va más allá y exige: “¡En euskera!” Se traduce a lengua española para quienes no dominamos el inglés; el euskera no se hace necesario. Brindis, música y canciones regionales a capella. Martínez viene de Sheffield, que es como Langreo, pero en grande, con factorías de acero cerradas; en su mal castellano y mi inglés de Cuturrasu prometemos seguir charlando.

Una “niña” se siente un poco aturdida; la emoción, la edad, el calor de la sala y “un vinillo que me he tomado”; aire fresco y como nueva. Nos cuentan todo el despliegue informativo que han soportado en estos últimos meses: la BBC, la ETB vasca, el diario El Mundo, El Ibérico, -publicación quincenal en Londres-, el Diario de León, en la persona de Ana Gaitero, que nos acompaña.

Luis Santamaría y Lala Isla
Natalia Benjamin firmando ejemplares 
Este trabajo, que publicaré en varios capítulos, para hacerlo más manejable, está basado en las conversaciones con algunos de los protagonistas, pero, fundamentalmente en las historias que Francisco Robles Hernando, -hijo de Germiniano y de Martina, que en este mes de junio cumplirá 91 años-, me ha ido contando; y en los libros y películas que se irán relacionando. En este sentido es de agradecer el esfuerzo de personas como Lala Isla, -casualmente leonesa también-, que los convenció para que plasmaran sus vivencias en el papel, Aventuras de la nostalgia. Tom Buchanan, del Kellogg College, Oxford, aseguraba que él se encontró con la historia de “los niños” con motivo de sus investigaciones doctorales; de similar procedencia es Adrian Bell, que publicó Only for three months, del que existe versión en castellano. 

No parecía que el asunto desbordara los medios especializados, universitarios o sindicales, hasta que Natalia Benjamín, hija de una de las maestras que acompañó a “los niños”, se decidió a reunirlos; desde 2002 existe The Association for the UK Basque Children (BCA’37 UK) www.basquechildren.org. Y también a poner por escrito sus recuerdos en edición bilingüe, Recuerdos: Basque children refugees in Great Britain. A la hora de dedicarnos el libro manifiesta dificultades,- “lo hago mejor en inglés”-. No son sólo lingüísticas, sino físicas, el Parkinson la martiriza; pero es firme en su idea: Esta historia will never be forgotten, jamás debe ser olvidada.

Próximo capítulo: Guernica.




lunes, 5 de junio de 2017

Manchester, la manipulación del terror



La noticia queda atrasada enseguida; no hemos digerido un susto cuando ya nos están dando otro. El martes anterior al viaje me invitaban a una tertulia en Radio Langreo en la que me tuve que oponer a la eterna joven promesa del socialismo astur, Adrián Barbón, que pedía mayor intervención policial contra el terrorismo. Llegado a Londres leo en la prensa local que Jeremy Corbyn, la promesa vieja del laborismo británico, aboga por la misma solución; dice que Theresa May es culpable de haber suprimido 20.000 puestos de agentes y que él promete, por ahora, recuperar 10.000.
La Policía no es la solución. Después del atropello en el Westminster Bridge colocaron unos parapetos para proteger a los peatones. La siguiente acción del terror fue golpear en Manchester, bajo la forma de bombazo., El London Evening Standard, clamaba, “es la hora de intensificar la lucha contra el Islamismo”; el Ejército ocupó entonces las calles, con grandes aplausos de los medios. Ealing Gazette: "Los sitios clave de la ciudad guardados por los militares. Armed officers called in to guard key sites in wade of Manchester attack". Se aproximaban la Copa inglesa de fútbol y la Liga de campeones europea,“la ciudad cubierta con un anillo de acero para los eventos deportivos”, aseguraba confiado el London Evening, 
Controles y cacheos por doquier; durante estos días, como turista,  he tenido que abrir la bolsa con la cámara de fotos donde me lo pidieran. Es una medida que retrasa considerablemente la entrada a los sitios; es incómoda y molesta, porque a nadie le importa lo que llevas en tu bolso, pero además no sirve para nada. Como siempre, hablo de lo que he vivido. París, ciudad traumatizada después de lo de Bataclam, hasta tal extremo que en un teatro de Montparnasse prohíben la entrada con mochilas, que las familias deben identificarse cuando van a buscar a los niños a la salida de los colegios, que está en estado de alerta permanente; pues bien, de domingo me niego a entrar a Les Halles como centro comercial, pero no tengo más remedio que hacerlo para
coger el Metro; la señora policía que me toca en suerte mira mi talega de manera indolente mientras le explica a su compañero qué tal le fue la noche del sábado. (Bastante bien, por cierto). Como buen fan de Shakespeare llego en Londres a The Globe Theatre, el vigilante, tan indolente como los franceses, hace más caso a mi sonrisa que a la mochila (¡estaba seguro!) y no se molesta en mirar el bolsillo inferior, donde caben dos teleobjetivos, es decir, el volumen para guardar un explosivo que vuele el teatro y la manzana entera.
Cuando estos días en el Reino Unido de la Gran Bretaña discutía con alguien sobre el asunto, le preguntaba si terminarían poniendo un policía sobre cada uno de nosotros, como el Ángel de la guardia de la mitología hebrea. Casi; según la prensa en la final de la Copa de Europa en Cardiff había una proporción de un agente por cada seis espectadores. Espectacular espectáculo. Carísimo. Pero ineficaz: esa misma noche muertos y heridos en el mismo London Bridge; una vez más van por delante, -siempre es así- y cambian el método: atropellos y acuchillamientos.
La manipulación del dolor. El Daily Mirror mantuvo con gran alarde tipográfico durante días, “La matanza de los inocentes”. Las portadas acerca de Manchester eran editoriales en sí mismas, destacando la foto de la mirada tierna de una niña asesinada, la Inocencia contrapuesta al Mal, representado de modo inequívoco por los familiares del suicida; el desglose de sus datos lo demostraban, por ejemplo, el hecho de que su madre abandonó una boda en Líbano porque no le gustaba la música occidental que habían puesto. Esto no es información, es pura banalidad. Con ese criterio cualquier día me detendrán porque no soporto “Paquito el chocolatero”.
El martes 30 una impresionante portada amedrentaba a la población: “Preparaba su propio
ataque”; según el Daily Mirror, Hasman Abedi, 20 años, hermano de Salman, arrestado en Siria, -fotografiado con una ametralladora para mejor puesta en escena-, quería tener unos muertos que pudieran llamarse suyos, su propia masacre para lograr la fama. Alarmado, me detengo a leer la información con detalle y, ¿de dónde creen que sale tal afirmación? No se lo pierdan: “was planning his own atrocity, security sources fear”. O sea, la portada aterradora es una suposición, indeterminadas “fuentes de seguridad” temían que tal cosa pudiera suceder. Así nos comen el tarro.
Sin embargo, otros medios intentaron dar sensación de normalidad; a la semana del bombazo del Manchester Arena, The Times ya pasaba las noticias a páginas interiores y la bucólica foto de portada aparecía con un agradable pie, “Happy family. The Cambidges in their garden at Anmer Hall…” anunciando una entrevista del príncipe Williams para la revista GQ

Barreras contra atropellos
Claro que no todo el mundo podía posar despreocupado en su lindo jardín; un diligente vecino alertaba de que el joven-bomba había sacado la basura vestido con una chilaba, y enseñaba orgulloso a la prensa las fotos que lo probaban. En mi inocencia, desconocía que fuera delito salir hacia los contenedores en hábito inadecuado; en ocasiones hago tal tarea equipado con unas zapatillas rotas a la altura del dedo gordo y en chándal; desde este momento en casa me lo han prohibido taxativamente, a partir de ahora saldré con zapatos negros, -limpios, a poder ser-, americana y corbata, que me dará aspecto más respetable, y prometo mirar cuidadosamente a todas las ventanas. Por si las fotos, ¿sabes?.
Nos convierten en espías baratos y chivatos de nuestro vecindario. Comentando estos asuntos en Gijón, me regalan una foto que no tiene desperdicio: desde un bar que no cito se han tomado fotos de una vecina, cuya nacionalidad no menciono, porque les resulta de comportamiento altamente sospechoso. Han pensado en llamar a la policía porque, como se observa, sale a la calle a partir el hueso del jamón. Es cierto que el machete acojona, pero no mucho más que el mi carnicero exhibe a diario; y quien haya debido partir un hueso de esos sabe que no le sirve mi cortaplumas de la Virgen de Covadonga.
No faltan, claro, los que dicen que ya lo habían advertido antes; la CIA, hace cinco años, al parecer, ya señaló que este muchacho de Manchester andaba en malos pasos, y la comunidad islámica cinco días antes de la masacre. Veo en la tele a un señor quejarse de que algunos de los apuñaladores del Puente de Londres habían sido señalados por él a la policía con antelación, sin que le hicieran caso. O quienes subrayan que la familia Abedi había llegado procedente de Siria y “que se estuvo aprovechando de las ayudas estatales”.
En definitiva, las patrullas de jóvenes armados, sean militares o policías, se despliegan por toda la ciudad, aunque no sirvan para nada, en un intento de dar idea de que se preocupan por nuestra seguridad. A la vez nos asustan, para que no salgamos demasiado a la calle; curiosamente estas medidas son complementadas con el recorte drástico de los derechos individuales. Verbigracia, en Francia llevan casi dos años con legislación especial, muy útil para otros menesteres menos confesables; en España algunas personas detenidas en conflictos laborales o sociales, corren el riesgo de que les apliquen la ley antiterrorista.
Ese extraño concepto de terrorismo. No debemos olvidar que en este agitado mundo el calificativo “terrorista” puede cambiar fácilmente a “héroe de la libertad”. Los primeros gobernantes de Israel diez minutos antes eran perseguidos por los ingleses; ellos mismos llaman ahora terroristas a los palestinos a quienes robaron sus tierras. Los talibán que ahora matan americanos fueron armados por los USA contra la URSS. Sadam Hussein o Mamuar al Gadafi tornaron de ser aliados de Occidente a demonios perseguidos. El recientemente fallecido general Noriega pasó, de la noche a la mañana, de gendarme yanqui en Panamá a maldito narcotraficante. También es bueno recordar que a todos ellos les hemos vendido armas, y las seguimos vendiendo, aunque luego se vuelven contra nosotros.
Pero ahora es lo que toca: El Capital siempre tiene que señalar a un malvado, para que veamos bien claro quiénes son los buenos. Desde la falta del Muro de Berlín se han
quedado sin malo oficial. Con Irán y Corea prefieren no andar jugando, porque pueden hacer pupa física; y con China ni una broma porque hace el daño en contante y sonante, gran parte de la deuda exterior USA está en manos de banqueros chinos. Así que le toca a algo indefinible que han dado en llamar el Islam; no tiene cara, pero ellos deben conocer bien los rasgos. Como siempre, un ejemplo: El UKIP es un partido fascista que ha hecho mucho daño acusando a los inmigrantes de hundir a Inglaterra; ha sido uno de los mayores agitadores contra la permanencia en la Unión europea, incluyendo en sus argumentarios datos falsos sin sonrojarse; tiene, por cierto, como particularidad este partido que su símbolo es el de la libra esterlina. Pues bien, en la propaganda electoral de Mr. Mcilvenna, Peter, su candidato para la jurisdicción Ealing North se nos indica claramente que unos demonios sustituyen a otros: “El Islam radical es tan peligroso para la sociedad británica como lo fue el Comunismo.”
La única solución es la Justicia social. Decía el Daily Mirror, “Corbyn demands rethink on terror”, y fui rápidamente a leer la noticia. Nada, lo dicho, la única idea que se le había ocurrido, en este “repensar acerca del terrorismo” era la de siempre, más hombres, más armas. Craso error; una persona que tiene un trabajo digno, que es pagado adecuadamente por ello, que puede ir al cine con sus hijos, no piensa en andar a tiros con nadie. Se tirará al monte primero aquella que vea pisoteados sus derechos, con dificultades para ganarse dignamente la vida, la que pese a trabajar no puede educar a sus hijos ni asegurarles la salud., la que ve robada su pensión por un banco sin entrañas (Ya, ya sé que “banco sin entrañas” es pleonasmo).
Es una desgracia que mueran gentes en actos de barbarie; es lamentable que se ataque un concierto de pacíficos adolescentes, pero no olvidemos que cuando la Otan bombardeó Serbia los proyectiles de uranio empobrecido no pedían el carné de militar a las víctimas; que cuando Israel arrasa Gaza no solicita que primero salgan los niños, incluso las escuelas han sido objetivos de su aviación; que cuando los occidentales arrasamos Bagdag buscando las armas que no había, cayeron familias que no nos habían hecho nada; que cuando el Patoso Donald Trump dio la orden de tirar “la madre de todas las bombas” no fue sobre un destacamento militar. Nuestras injusticias, nuestras atrocidades, se vuelven contra nosotros.
Un conocido del asesino suicida Salman Abedi pone el dedo en la llaga: “Yo pienso que él vio niños y niñas musulmanes moribundos por doquier, y buscaba venganza”