lunes, 10 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Último y necesario capítulo. Méritos.



Solamente he sido un amanuense. Me ha parecido tan interesante la historia, que he leído con detalle las informaciones que sobre ella han llegado a mis manos y las he resumido para ponerlas a disposición de todas las personas que las desconocían. Relaciono a continuación las fuentes que he manejado, no como en una bibliografía al uso, sino con anotaciones para que cualquiera pueda hacerse una idea de su utilidad. De los autores y autoras que se citan son los méritos.


La primera cuestión es que yo no habría llegado a estas noticias de no haber sido por la transmisión oral de Francisco Robles Hernando, leonés de 91 años que me honra con su amistad. Le he insistido varias veces en que ponga sus experiencias por escrito, pero no hay manera; y no porque no se maneje con la pluma, que habla, -y escribe-, el mismo castellano (“Los salesianos eran duros, pero me enseñaron bien”) de cuando salió de España en el 37, aunque a veces cambie los términos. Por ejemplo, no dice “¡qué recuerdos…!”, sino “¡qué memorias me trae esto!”, que nos sirve igual. Incluso, él que tiene a gala un inglés bastante ortodoxo, me regaña cuando observa que en la calle Uría de Oviedo todas las tiendas se expresan en esa lengua en vez de la propia.

Aunque también es cierto que Paco tardó mucho tiempo en hablarme de su historia; fue necesario que Natalia Benjamín y otros valientes constituyeran The Association for the Basque Children (BCA’37 UK)  Un grupo que fue capaz de localizar a todos los supervivientes y reunirles periódicamente; recopilaron información y documentos que pusieron a buen recaudo en la Universidad de Southampton, el puerto que los recibió hace 80 años. Entre los documentos que vimos en la exposición del 80 aniversario me quedo con esta portada del diario News Chronicle de 24 de mayo, en el que se manifiesta, en las primeras horas de estancia en el campamento, uno de los principales temores de la población infantil: Los aviones. Terror a los aeroplanos, miedo a que pasen bombardeando; un sentimiento que tardarían muchos años en superar. Lo subrayo para ejemplo de quienes no se preocupan por las modernas masacres aéreas en Yugoslavia, Gaza, Libia, Siria…La Humanidad repite periódica y concienzudamente las torturas a la infancia.

La propia universidad editó “Here, look after him. Voices of Basque Children of the Spanish Civil War”, en 2012; un trabajo de Alicia Pozo-Gutiérrez y Padmini Broomfield. Anda ahora la Asociación inmersa en una campaña de captación de fondos, “The future needs you”, porque el futuro solamente se construye firme sobre el hormigón del pasado, la memoria.

A partir del 70, 75, y ahora 80, aniversarios, medios de comunicación del País vasco y del resto del estado se fueron preocupando de transmitir información sobre “los niños”. Hago especial mención a la amiga Ana Gaitero, redactora de Diario de León, que se quedó prendada de la fuerza de Paco y le dedicó varios trabajos, amén de organizar la charla en el Sierra Pambley y la presencia en los medios leoneses de otoño pasado. Ana se tomó la molestia de viajar a Londres en los dos últimos años para ver en su salsa al protagonista.

Leonesa también, con antecedentes en Santiagomillas, La Bañeza y Astorga, es Lala Isla, que ha hecho un magnífico trabajo de recopilación de experiencias de exiliados de todas clases; del 37 y del 57. Les convenció para que pusieran por escrito sus vivencias y de ello salió un magnífico libro, prologado por Paul Preston, y editado por el Ministerio español de trabajo e inmigración, en 2008, cuando ya la crisis empezaba a empujar hacia Europa a otra generación de compatriotas. “Aventuras de la nostalgia”.

Con las experiencias únicamente de los niños y niñas evacuados desde Santurce en mayo de 1937 he usado dos ejemplares, “Recuerdo” de Natalia Benjamín, cuya madre acompañó a los expedicionarios y “Sólo serán tres meses”, de Adrian Bell; que se editó en inglés y luego la Plataforma Editorial publicó en castellano. Un libro apasionante de un profesor universitario que ama España, y sobre ella lo mismo escribe de exiliados, que de la escuela rural de Ávila o de la Vuelta ciclista.

Varias películas en corto y largo metraje nos recuerdan estos hechos. Por ejemplo "Gernika", dirigida por Koldo Serra en 2015 y estrenada al año siguiente. O “The Guernica childrens”, de Steve Bowles, documental en inglés y castellano, premiado en el Reino Unido en 2008, financiado por el gobierno español. “Después vino Rajoy y nos quitó todo. El Rey, el viejo, vino alguna vez a visitarnos; y le dimos la mano, de todas formas, pero el embajador Trillo no nos vino ni a saludar, ¡por rojos!”

Por último, una obra muy importante, que uso cada vez que tengo que acercarme a la guerra que sufrió este país después del golpe militar de Mola, Queipo del Llano y Franco, “ABC. Doble diario de la Guerra civil”. Se dio la curiosa circunstancia de que el diario monárquico fue incautado por los sindicatos de Madrid en cuanto se produjo el alzamiento, mientras que Sevilla quedaba rápidamente en manos de los nacionales y pudo seguir con su línea habitual; confrontar las dos ediciones ha sido una magnífica idea, publicada en fascículos por Editorial Prensa española en 1979.


Ahora, terminada la publicación, me sería muy útil escuchar/leer  tu opinión sobre contenidos, formatos, fotos, ritmos de publicación y cuantos asuntos puedan servir para mejorar trabajos futuros. Se te agradecerá. Por otra parte, no hay ningún inconveniente en que copies, reproduzcas, cites o cuentes lo que quieras de textos y fotos; aquí no hay derechos de autor, sino la necesidad de que este capítulo de nuestra Historia se mantenga en la memoria.

Y en la medida que puedas, colabora con The Assocciation for the UK Basque Children, because the future needs you. For further information visit: www.basquechildren.org.


sábado, 8 de julio de 2017

La luz



Patricia Valley no pudo venir; ya se sabe que una artista tiene compromisos que le llenan la agenda, sin embargo está también comprometida con el Ágora de la Poesía. Se celebraba la edición número 50, no podía faltar su colaboración, así que se lo encomendó a la madre, Charo de la Fuente, que para estar se exige un tremendo esfuerzo personal.
La luz
Que duela
Que arda en las retinas.


Han venido muchas gentes a esta celebración redonda; de Alcalá de Henares; Valladolid, Palencia y Salamanca; de Asturies y Córdoba; de Madrid. León para esto no está solo. El hemiciclo de San Marcos tiene los asientos duros, pero las piedras se cubren de poetas, curiosos y espectadoras el último viernes cada mes, en la estación que fuere; desde el Bernesga, la brisa nocturna obliga hoy a abrigarse, incluso aunque contemos con el chocolate y el bizcocho de los Pinto&Prieto. Los fotógrafos profesionales dejarán constancia gráfica. Cartago, Lomana. El Caminante repartió el número veintinueve de esa formidable cabezonería de letras impresas en papel, Sentimientos invisibles, que en este número cuenta con una colaboración desde la China. Muñiz, Felipe, Cristina, Ana, Felisa; Chus (con muleta, pero con taconazos, que no se diga), Campal…Irene, que vino un día medio de incógnito, con los padres, y ya no falta nunca; hoy ya hay otra chica quitándole el honor de “más joven participante”. El Ágora engancha; sobre todo porque “no tiene puertas ni ventanas, se entra y se sale cuando se quiere…” (Ramiro Pinto, entrevista en Radio Universidad Alcalá de Henares). Como siempre hay gente nueva, abundan las sorpresas por ambos extremos de la banda de edades; hoy todavía se preguntan algunas a quién pertenece el magnífico par de zapatos que MOBT fotografió a todo color. Algunas pistas: es una artista, de familia de artistas, con lazos a ambos lados del Payares; solución en el Ágora nº 51, el viernes 28 de julio, que ya debería permitirnos acudir sin chaqueta.
Como bien sabes yo no soy poeta ni lo quiero ser, pero sí admiro a quienes hacen malabarismos con las letras; tal y como acostumbro traje para leer dos textos en asturiano, de Solinca Turbón en esta ocasión, -langreana con trazas del Barriolpilar-, que cada vez que publica gana premios. Poesía, “Montaña na que furo/ ten piedá desti mineru”, y prosa:
L’amor 
Hai tantes coses que te da el amor y tantes otres que te quita…Primero vienen les miraes, les cites prestoses, les caricies per encima y per embaxo de la ropa, la pasión, eses palabres que tanto respiguen y esos momentos na más pa ti y pa mí. Llueu les coses suelen complicase y lleguen los problemes: les coses de perres, el comese la tiesta col por qué nun me fales o me fales enfadau, la to familia colos sos cantares, el a ónde vas o a ónde dexes de dir, lo que dices y lo que calles… 
Abúltame que son munches coses, ye una suerte que nunca llegara a conocete.

Habíamos llegado corriendo. Antes, a las ocho, que luego era a y media, y terminó siendo a las nueve, habíamos estado en la Casa de la Cultura de Trobajo del Cerecedo el grupo La Luciérnaga representaba teatro negro, que no es de crímenes ni eso, antes al contrario, más bien para público infantil, como yo; pero se juega con la obscuridad de la caja escénica. Aquí abro paréntesis para quitarme el sombrero ante Yolanda Prieto, capaz de mantener la coordinación de un hogar con un Ramiro, dos hijas, dos perros, tres hijos, una novia, y todas las amistades de todos que pasan todos los días por allí. Además trabaja fuera, lee libros, canta en un coro, y dirige esta compañía de voluntariosas mujeres, que hacen los trajes, los decorados, los escenarios y lo que sea menester. Cierro paréntesis, que deberían ser, más bien, signos de admiración. Disfrutamos como los chavales, aunque no nos atrevimos a dar voces como ellos. Antes, entre otras personas, saludamos al Clown, del que hablaremos otro día; le prometí enviar las fotos que le debo.


Cristina, Joaquín, Elisa, Miguel Ángel, Javier, Santos, María, Ramiro y el otro Miguel Ángel

El sábado, Tertulia en La Cantina. Una idea que me pareció interesante desde el primer momento; se trata de ponerse como tarea leer libros gordos, de esos que da pereza empezar. Uno para junio y otro para diciembre. Con seis meses por delante no hay disculpa. En esta ocasión tocaba “Crimen y castigo”, con un suplemento voluntario “El jugador”; Dostoievski andaba mal de dinero, -como casi siempre-, cobró anticipos de dos editores y luego escribió contra el reloj, una novela por las mañanas y la otra por las tardes. La Tertulia da para hablar de Literatura, de Filosofía, de Religión, de Psiquiatría…y para dar buena cuenta de una menestra y un conejo exquisitos (se me hace la boca agua, -asturiano: naguar-, al nombrar al noble lepórido que dio su vida por nosotros)

Siguiendo el ritmo frenético del fin de semana, salimos sin transición hacia San Miguel de Escalada. Aquí otro protagonista ante el que descubrirse, Alfredo García, con capacidad para convencer a patrocinadores, traer autores y atraer público. Nos ilustró sobre uno de los beatos de San Miguel, que se expuso en facsímil; un libro iluminado, "un libro de luz". Unas doscientas personas llenaron el pequeño templo mozárabe de la Ribera del Esla para escuchar música y poesía.


Resonet vox poetae
Acordaos de los poetas
que embellecen con palabras admirables
sus visiones misteriosas
y sus historias de esperanza en todo lo venidero
¡Que suene aquí su voz un año más!


La música a cargo del piano de Marta Muñiz y la voz de la soprano Ana Clara Vera; la lírica fue responsabilidad de Antonio Merayo, Julia Conejo, la propia Marta y Antonio Agudelo. Al final se repartió un pequeño libro con obra de los cuatro; no le habían marcado precio, lo que voluntariamente se aportó como donativo se dedica al mantenimiento del conjunto, templo desacralizado de uso público para eventos culturales. La luz, de nuevo; el sol jugó entre los arcos de herradura del bello edificio.

No faltó tampoco a la mañana siguiente esa luz, en el Monasterio de Santa María de Sandoval. Tiene una historia extensa e intensa, como es de prever, que incluye el levantamiento de los vecinos después de la Desamortización; la familia que compró el edificio quiso vincularlos a él, como en los tiempos de los siervos de la gleba. La unión de la gente común lo evitó. Dejado de la mano de los hombres, precisa el conjunto una intervención para consolidar estructuras constructivas; en lo que se mantiene en pie escuchamos cantar vísperas a la Coral gregoriana del Císter de Sandoval, también a recinto lleno. 

Exortum est in tenebris lumen rectis.
(De las tinieblas sale una luz para los honrados). 

Son los cantores un grupo de entusiastas que lucha por mantener el rico patrimonio leonés y que merece nuestro aplauso. No cobra por esta actuación; la aportación monetaria voluntaria del público se destinó a las víctimas de los bombardeos de Siria. Se puede escuchar a la Coral el primer domingo de cada mes, a la misma hora, en cuanto llega el buen tiempo. Como de costumbre, después del canto de vísperas, Felipe condujo la visita explicada al convento; imprescindible.
Y luego ya nada más. Las amistades de Mansilla tuvieron a bien invitarnos a su compañía y a una paella antológica; luego, un baño en el Esla y regreso a casa en un Alsa considerablemente retrasado. Nuestro agradecimiento a las hospitalarias gentes de León; nos tratan tan bien que no verán la manera de librarse de nosotros.


viernes, 7 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VIII. El niño vasco de Mansilla de las mulas


Bueno, yo no soy vasco, soy de León. Mi padre trabajaba entonces en Altos hornos de Vizcaya, que había gente de muchos sitios; él era de Mansilla de las mulas, la familia de mi madre era de Burgos.

Toda esta historia que os estoy contando no habría sido posible sin Paco. Francisco Robles y Hernando, hijo de Martina y Germiniano, un amable matrimonio que alquilaba su casa de Mansilla a familias asturianas para el veraneo. Paco venía con la suya en época de vacaciones; en las conversaciones que los mayores tenían en el patio, bajo la parra, fui oyendo de niño que había mundos fuera de las fronteras ibéricas. Sin embargo no fue hasta fechas más recientes cuando supe toda la historia de la evacuación.

Estábamos en la parada del autobús y sentimos unas explosiones muy fuertes. ‘¡Guernica, es para la parte de Guernica!” Unas semanas antes habían arrasado Durango. La cosa se ponía fea, el general Mola amenazaba por radio exigiendo la rendición incondicional, las escuadras aéreas de Alemania e Italia dominaban en los cielos. Por fin el gobierno británico hizo caso de las advertencias de Leah Manning, -laborista-, y la condesa de Athold, -conservadora-, y fletó un barco con capacidad para 400 pasajeros que se llenó con 4000; niños, niñas y acompañantes. Nos dijeron que era solamente por tres meses, que la guerra acabaría pronto”. Sin embargo algunos datos apuntaban a que no sería tan sencillo, “Aún recuerdo las lágrimas de mi madre, en mi cara, cuando me despidió”. Paco llevaba a su cargo a su hermana, María Jesús, algo menor que él; el tercero, Pedro Luis, era demasiado pequeño y se quedó.

El viaje fue bastante duro; los nervios, muy mala mar, con todo el pasaje mareado, y el crucero Almirante Cervera amenazando a la flotilla para que regresara a Santurce. La determinación de la marina inglesa lo evitó. La llegada a Southampton fue alegre, con el Ejército de salvación tocando himnos, las calles hasta el campamento de Eastleigh adornadas con banderas y gallardetes. “Estábamos muy orgullosos, porque creíamos que eran para nosotros, pero luego nos enteramos que había sido por la coronación del rey Jorge VI de Inglaterra”.

La población local se volcó con los pequeños expatriados, la destrucción de la villa de Guernica, en absoluto objetivo militar, había tenido repercusión internacional; no colaron los intentos del bando golpista de culpar de la catástrofe a sus propios habitantes. “Venían a vernos los ingleses en bicicleta, y nos traían caramelos, pasteles y muchos bizcochos. Claro, muchos de nosotros cogimos diarrea porque no habíamos comido dulces en mucho tiempo”. Todos recuerdan la vida en el campamento como una época plácida, con algunas dificultades para adaptarse a las comidas, pero encantados con los sándwiches, la leche malteada y el pan blanco, ¡sobre todo el pan blanco! Una niña llenó la maleta para enviárselo a su madre. Paco: “Todas las mañanas nos despertaban con música, tocaban ‘Land of Hope and Glory’, esa que algunos confunden con el himno del Reino Unido; me quedó grabada para siempre”.

Desde Eastleigh fueron redistribuidos en otras colonias y casas. Paco pasó por Ipswich, Wickham, Margate…Algunas familias eligieron la fórmula de la adopción; él y su hermana fueron adoptados por unos granjeros de Birmingham, pero no les fue bien, solamente querían mano de obra barata; cuenta María Jesús: “Por primera vez en mi vida supe lo que era pasar hambre…Su perro comía mejor que yo. Me encargaron cuidarlo; cuando iba a la perrera le quitaba la comida. Hasta que me pillaron”. Salieron de allí por astucia: Paco no contestaba a las cartas del Comité, que sorprendido cursó una visita a la casa; hablando en español, para que no se enterara el propietario, le explicó al inspector que las cosas iban mal. Les sacaron de vuelta para Margate.

Cuando empezó la campaña de repatriaciones su madre le escribió diciendo que ni se les ocurriera volver. El padre, que había combatido por la República, estaba preso y andaba de cárcel en cárcel; ella detrás, en la medida que podía. “Una vecina la avisó, ‘Martina, no vuelvas a tu casa, te la ha quitado un falangista y te esperan para matarte’. Así que fue a acogerse al pueblo burgalés de su familia”. Germiniano fue a parar al penal de Burgos, “Allí destrozó las manos mi madre, lavando en el río, tenía que romper el hielo para lavar. ¿Tú has visto las manos que tiene?” Ciertamente, en mi infancia no había visto unas manos tan destrozadas por la artrosis, con las articulaciones tan monstruosamente hinchadas.

En Inglaterra les tocaría sufrir una vez más el terror de los bombardeos; los nazis aplicaron sobre sus ciudades la capacidad destructiva que habían aprendido en la Guerra de España. En los años cincuenta vuelve a plantearse la posibilidad del retorno; la madre de nuevo dice que no regresen, que sigue la pobreza superlativa. Pero para los varones hay un problema adicional, el Servicio militar: “Un capitán de barco me ofreció la posibilidad de embarcar para trabajar en la línea regular Southampton-Vigo, pero de repente él mismo se dio cuenta del problema, yo tenía edad de hacer la mili, no podría desembarcar en ningún puerto español, me detendrían por prófugo. Tampoco podría estar tranquilo en el buque, porque la Guardia civil entraba en ellos sin respetar la bandera y detenía a quien quería”.

A partir de 1959 el Régimen tuvo que guardar las apariencias para obtener respaldos internacionales y ya los exiliados empezaron a visitar su país regularmente. Sin embargo los modos autoritarios se mantenían; los problemas en consulados y embajadas para gestionar pasaportes y visados eran habituales; cuando llegaban a España  sus familiares les pedían que tuvieran cuidado, que no hablaran demasiado, para la Guardia civil eran sospechosos. Francisco Robles tuvo sus más y sus menos con los funcionarios, para empezar se sorprendía de que su padre, hombre decidido, les tuviera miedo. Su pasaporte inglés y su astucia natural consiguieron dulcificar el trato. “Una cajetilla de tabaco rubio mejoraba el carácter de los guardias; el sargento de Mansilla, de quien me habían contado atrocidades, me trataba bien, en la esperanza de que ayudara a su hija cuando viajara a Londres para estudiar inglés; incluso me pagó una copa de ‘solysombra’ en ‘El Mansillés’. Realmente la hija nunca llegó a ir… O si lo hizo no me llamó.

María Jesús y Paco son ciudadanos ingleses; él con la doble nacionalidad, ella ha vuelto pocas veces, desde que faltan los padres menos. “Es muy inglesa”, dice Paco, que se considera español y sigue manteniendo perfectamente la lengua e imperfectamente algunas costumbres. Ana Gaitero (periodista de raza, dice mi amigo Antón Saavedra), menciona en una de sus crónicas sobre él, cómo en la mesa de la cocina de su casa tiene un mapa de España con el escudo del régimen de los militares; de aquellos viejos de hule. Está quemado, -de posar el cazo sin fijarse, ahora que ya no está María-, pero no se puede cambiar porque hace tiempo que no se fabrican.

María fue su amor; natural de la Línea de la Concepción, el mejor lugar del mundo para ella, había llegado a Inglaterra después del golpe militar, gracias a las relaciones de su padre en el Peñón. Se conocieron bailando en el Centro español. Cuando les fui a visitar en el verano de 2010 hacía dos semanas que la había tenido que internar en una residencia. Demencia senil. Lloraba como un niño “¡¡¡No me reconoce!!!”. Tiene sus cenizas en el salón de casa, con una bombilla exclusiva para ellas. Ahora, solo, recuerda los buenos momentos, los viajes, y reconoce a medias que le tenía malcriado, “me pelaba la fruta y me la daba en trocitos…”


Paco acaba de cumplir noventa y un magníficos años. Esta vez no lo ha celebrado con sus hijas, Elena y Mª Carmen, en Northolt, se ha venido a Alicante con Fernando, el varón, que tiene una agencia inmobiliaria. Cuando hablamos por vídeo-conferencia tiene al lado la botella de coñac, le señalo que sigue con su vicio favorito, solysombra; nos reímos, Aquí no hay sombra; demasiado calor para mí, 41ºC”. Un nieto le ha comentado que vaya pensando dónde se va a celebrar el centenario; le he dicho que espero que me invite.

Este otoño pasado anduvimos juntos por Asturias y León; pasamos unos días en Mansilla. Estuvo encantado de saludar a las viejas amistades o, en su caso, a sus descendientes; no puso reparos a contar sus experiencias en prensa y radio. Con los buenos oficios, una vez más, de Ana Gaitero, se organizó una charla en la Fundación Sierra Pambley, en la que nos acompañó el senador Graciliano Palomo. Estuvo en la Cadena Ser de León, y en las asturianas Radio Langreo y Radio Lena.

El domingo 28 de mayo, celebramos, en el Hotel Meliá White House de Londres, el 80 aniversario de la llegada de “los niños” a Inglaterra. Los supervivientes tienen una energía envidiable. Ninguno pone reparos a la hora de contar su vida, son incluso generosos en los detalles; consideran que es preciso que se recuerde todo lo que pasaron, ése es el sentido de su Asociación, (BCA’ 37 UK, www.basquechildren.org) que ha puesto a buen recaudo los documentos y memorias en la Universidad de Southampton.

Paco: “Yo he visto que en España mucha gente no conoce esto que pasó”. Unos no lo conocen, otros prefieren olvidarlo y algunos quieren ocultarlo, por eso subrayo la frase de Natalia Benjamín, cuando nos dedicó su libro, con mano temblorosa por el Parkinson: esta historia, ‘will be never forgotten’, nunca debe ser olvidada.

Último y necesario capítulo. Méritos.


miércoles, 5 de julio de 2017

Sólo por tres meses. Capítulo VII. Fue un regreso triste


El 15 de diciembre de 1939 llegó la fecha de regreso a España. Atravesamos el Canal de la Mancha y recorrimos toda la costa de Francia hasta llegar a Hendaya, donde desembarcamos. Después atravesamos el puente internacional de Irún. Yo creí que se caía el cielo al ver la destrucción y la suciedad que allí había. Pobreza por todas partes. Testimonio de Eduardo López Sanz.

Es el tipo de comentario más habitual; Ángeles Cubas, “Cuando regresamos a Euskal herria, fue un regreso triste; el pueblo había pasado muchas miserias”. Cuando a Tomás Nuñez de Toledo le dijeron que tenía que regresar a España se escapó de la colonia de Langham, donde estaba tan a gusto, con otro compañero; los devolvió la policía. “Por cierto, que no nos castigaron…El regreso fue más triste. Atravesamos el Estrecho de Calais y nos metieron en un tren hasta Hendaya. Al llegar allí y según íbamos pasando todos agrupados por el puente internacional, se subió sobre el pilar de sustentación de la barrera un señor uniformado y con una boina roja, gritando. ¡Viva España! ¡Viva Franco! Y la verdad todos estábamos un poco asustados…nos llevaron al Colegio del Amor Misericordioso de Bilbao, donde nos recogieron nuestros padres”.

Las cosas fueron más difíciles para Celia Elduque, porque sus padres desconocían que la habían repatriado; se habían ido a Madrid y la niña fue internada en un albergue de Auxilio social durante semanas, hasta que el Spanish Aid Committee dio con ellos. Refleja su sentimiento de volver con la guerra perdida, agravado por el trato; dice otra niña: “…pero al llegar a España, ¡Dios mío, qué diferencia! Nos pusieron en lo que parecían camiones para ganado y las chicas (si es que se las podía llamar chicas) que se encargaban de nosotros nos trataron de manera horrible. Acostumbrados como estábamos al trato amable y cariñoso por parte de todos los que nos recibieron en Inglaterra, esas mujeres despertaban miedo y odio entre nosotros en aquel momento”.

El ansia por meter a los niños repatriados en el redil del Régimen desde el primer minuto de su llegada originó situaciones, que aún dentro de la tristeza de la situación, eran risibles, como la que cuenta Fausto Benito, Volvimos a España en enero de 1938. Nada más pasar la frontera de Francia a España, nos dijeron que cantásemos el ‘Cara al sol’, y como no sabíamos nos preguntaron qué sabíamos cantar y empezamos a cantar ‘La Internacional’. Enseguida nos mandaron callar”. Benedicta González explica el choque: “Cuando volví llegamos a Irún y nos dieron la comida en un centro de la Sección femenina; nos trataron bastante mal, ya que nos dijeron que éramos los hijos de los rojos". 

Los niños habían salido de su casa en días de la República, que se había esmerado en el terreno de la enseñanza, con procedimientos cívicos democráticos; fueron recibidos y atendidos con cariño en un país que los trataba con respeto. El primer choque, al regreso, fue material: “Después de unos días me llevaron al País de Gales. La colonia se llamaba Cambria House y estaba en Caerleon. La casa era enorme…las salas eran grandísimas…el patio era enorme y teníamos toda clase de juegos…Los fines de semana venían matrimonios que nos llevaban con ellos…Mi llegada a España fue muy triste. No había más que miseria, se veían perros abandonados, muertos de hambre, por la calle. Nos habían quitado el piso donde vivíamos…” El segundo social, en Inglaterra se les animaba a opinar, consideraban que eran tratados como iguales, pasaron en España de ser ciudadanos a súbditos, y además de tercera clase, porque en su momento sus padres habían cometido el delito de ser fieles al gobierno que habían elegido y no apoyaron a los golpistas. Se sintieron profundamente desgraciados.

La vida aún habría de empeorar. Herminio Martínez se alegra de no haber sido repatriado, habría sido un desastre para su hermano y para él; lo explica con los detalles de la vida cotidiana que otros tuvieron que sufrir: “Mi madre rechazó firmar el formulario de repatriación aunque la visitaron un cura y un oficial que la amenazaron con encarcelamiento y llevarse a los otros niños. Sostuvo que si volvíamos nos moriríamos todos de hambre. A pesar de que su firma fue falsificada para hacernos volver, la intervención en el último momento de la Cruz Roja impidió que regresáramos” Fue teniendo noticia de cómo se desarrollaban las cosas para la familia; por fin en 1960 pudo volver de visita, con un tanto de miedo, porque un amigo en situación similar se había pasado las dos primeras semanas de vacaciones en la cárcel; así que no se extrañó cuando el oficial se llevó su pasaporte. Al rato volvió diciéndole que estaba fichado como exiliado político, “le dije que me había ido del país con siete años y que a esa edad carecía de ideología política”.

Le dejaron pasar con la advertencia de “mucho cuidado”, que luego le repetiría a diario su familia, temerosa de que sus comentarios les trajeran problemas cuando él se fuera.”Me recomendaran que no me metiera en problemas con la Guardia civil, que no cantara las canciones del pasado, que no me fiara de nadie ni me relacionara con nadie que no fuera de la familia”. Exactamente igual que cuando llegó Miguel San Sebastián, “Constantemente nos decían que no fuéramos por tal o cual lugar y que no habláramos delante de la gente en inglés ni pronunciáramos ninguna palabra en euskera”.

El hambre, la destrucción, la sobreexplotación laboral, “sin condiciones de seguridad, como en el lejano Oeste; dos hermanos murieron en accidentes de trabajo”, la falta de libertades y derechos ciudadanos mínimos. No es de extrañar el comentario de Carmen Fdez. Learra, “Cuántas veces dijo mi padre: María, ¿qué hemos hecho con estos hijos? ¿Por qué no los dejaríamos en Inglaterra, con lo bien que vivían allí?


Este capítulo se resume con la experiencia de Flori Díaz Jiménez, que en otro apartado nos contaba con entusiasmo su llegada a casa de Mrs. Manning, la tremenda alegría de pasar de bañarse en un caldero grande a hacerlo en un cuarto de baño espacioso, con jabón y cepillo de dientes. “Recibíamos visitas de ingleses e inglesas que nos llevaban a Londres al cine o a tomar el té…Siempre digo que fueron los días más felices de mi vida…Ahora viene lo peor…me dijeron que tenía que regresar a España…que sólo era para visitar a mis padres y que después podía volver a Inglaterra. ¡Infeliz de mí que me lo creí! Al llegar a España, en la frontera de Irún, nos recibieron unas personas encargadas de hacernos llegar a nuestros respectivos destinos. Su trato fue hostil y su comportamiento fatal”.

Se encontró con familiares muertos, su abuela paterna enloqueció al saber el fallecimiento de un hijo, tuvo que ser internada. “Para mí fue un trauma tan grande que empecé a vivir con tristeza…De mi hermano diré que regresó a España año y medio después; ni él ni yo habíamos sido reclamados por nuestros padres, así que en ambos casos desconocían que habíamos llegado, se enteraron de forma casual. Mi hermano tenía 16 años pero tuvo muy mala suerte porque para conseguir trabajo tenía que afiliarse al Frente de Juventudes, como no quiso se le negó el derecho al trabajo. Tuvo luego que incorporarse al Servicio militar; lo licenciaron por una malformación en un pie. Como en su mente estaba regresar a Inglaterra intentó marcharse, pero lo cogieron en la frontera de Francia y lo acusaron de ser del maquis. Las torturas y vejaciones a las que fue sometido en las comisarías de policía y cárceles le quitaron la vida a los 24 años. A pesar de los años transcurridos no puedo olvidar lo que hicieron a mi hermano y lo que él sufrió”.

Próximo capítulo. El niño vasco de Mansilla de las mulas